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domingo, 1 de agosto de 2010

Bang Big

Empujo con fuerza contra su cuerpo, reventamos la pared, atravesamos pisos y edificios, requebrejamos el suelo, gritamos y jadeamos.
La empujo, otra vez, hasta que rompemos el eje geoestacionario de la tierra. Maremotos, terremotos y tsunamis lo destrozan todo.
Ella me reta, con una mirada lasciva, a que continúe, y otra vez la empujo como una flecha clavada entre sus piernas, como una cuña cósmica, como un ariete interestelar.
El universo se altera en forma de dardo y tenemos un orgasmo tan prolongado, que deformamos la curva del espacio tiempo, creamos un agujero negro en la Vía Láctea y caemos muertos en mi cama.
Resoplamos entre cenizas y escombros de pasión. Ella, se abraza a mi cuerpo y me mira enamorada... Yo le digo:- ¡Eh! ¡No te flipes! Sólo ha sido un polvo.-
Ella, se desimanta, se da media vuelta. Aquello no le ha sentado bien. La oigo pensar. ¿Estará tramando algo? De repente se gira y se me echa encima mío...
...y así es como termina el mundo tal y como lo conocemos hoy.

miércoles, 19 de mayo de 2010

BMW

El sueño es muy real. Estoy en un prado verde, de proporciones gigantescas, vestido de traje de faralaes. En mi mano derecha llevo un cubo de Rubik y en la izquierda, Pipo, el osito de peluche que dormía conmigo en mi infancia, el muy maldito, insiste en roerme los dedos hasta los huesos. A lo lejos, casi cegado por el sol, entre la hierba mecida por el viento, vislumbro la elegante silueta de una misteriosa chica. Me acerco corriendo con grandes dificultades, las botas de buzo que llevo puestas no facilitan nada la carrera, y angustiado la pierdo de vista. Al poco, oigo su risa en otra dirección, la veo a lo lejos, corro tras ella como un poseso arrastrando el plomo con todas mis fuerzas y cuando estoy a punto de darle alcance, vuelve a desaparecer. Ahora estoy en una playa salvaje. Las olas rompen violentadas contra la orilla. Un grupo de cobayas arlequines surfean de maravilla, mientras el Inspector Gadget les hace fotos. Otra vez, advierto a lo lejos la figura danzante de la chica. Su ropa ondea al viento, dibujando volutas barrocas. Me acerco por la espalda y ella se gira. Es la chica de mis sueños. Su cara es una combinación letal de mujeres adorables. En ella reconozco la cara de mi propio ser femenino, a mi madre y a mis amantes junto con las caras de todas las mujeres que he deseado. Todo equilibrado en un rostro imposible de recordar. Aunque por un momento creo verla idéntica a Raffaella Carrà. ¡Joder con mi subconsciente! Pipo, el osito de mi infancia, me muerde con todas sus fuerzas, así que lo lanzo al suelo y le piso la cabeza hasta que su relleno de goma espuma y macarrones de menú escolar se esparcen por el suelo. La chica de mis sueños coge mi cubo de Rubik, le da tres vueltas y me lo devuelve. Ahora el cubo es todo de color rosa-fucsia-flúor. Un color que nunca había visto antes. Mientras me conmuevo hasta el llanto con su demostración, ella me coge de la mano y me arrastra disparado por un bosque de lencería hasta un espiral de lenguas y lentejuelas doradas. Finalmente llegamos a una carretera donde se encuentra un coche aparcado. Un coche precioso. Entramos dentro. Es confortable y huele a nuevo.
Ella, se acerca y me besa dulcemente. Su beso me produce sensaciones que pensaba que había olvidado. Es infantil y a la vez obsceno, una mezcla de los besos que he adorado y de los besos que nunca me han dado. Me enamoro absolutamente. Me da las llaves del coche, le doy al contacto, el coche ronronea y arranca suavemente. Conduzco con facilidad, deslizándome por la carretera como el rocío por la cara de una hoja, o la mano de una madre en la espalda de su bebé o la lengua caliente por la nalgas de una virgen, o la maleable mantequilla por encima de una tostada... Entregado, a las metáforas de baja estofa, me siento feliz. ¡Qué digo? ¡Soy feliz! Ella me habla por primera vez: - Nuevo BMW 320d. Disfruta de sus 163 caballos de potencia con un consumo promedio de 4,1 litros cada 100 kilómetros desde 30.400 euros o por 275 euros al mes.- Me quedo pasmado. ¿Qué está diciendo? Ella me inyecta su mirada y dice: -¿Te gusta conducir? -
De repente, despierto. Estoy en la cama, en mi habitación, bautizado de sudor. Miro el reloj, son las 5 de la mañana. Mi corazón palpita a puñetazos. Aprieto mis sienes y sacudo la cabeza. ¡Maldita publicidad! ¡Hijos de puta! Alguien a vuelto a colar un anuncio en mis sueños. ¿Será posible?

martes, 11 de mayo de 2010

la realidad

Salgo a la calle y todo me parece sustantívamente real. La calle es la calle. El asfalto es sólo eso, asfalto. Los árboles, a un lado y a otro, son árboles al fin y al cabo, al cabo y al fin. El cielo es azul, el aire invisible y la lluvia moja. La personas caminan un paso después de otro, mientras sus caras denotan con exactitud su estado de ánimo: ausentes, preocupadas, felices o distraídas... No hay metáforas, no hay símbolos, ni fantasía alguna. La claridad de las cosas no da lugar a dudas. El mundo es factible, lógico y calculado. La física y la química se encargan de que todo tenga un sentido, la ley de la gravedad hace que las cosas no floten por los aires, la composición atómica mantiene los cuerpos estables. Los transhuentes respiran y alimentan su sangre con oxigeno, los pájaros baten sus alas para volar y los coches circulan empujados por sus motores de combustión interna. Abatido, me acerco a una pared y la acaricio con la palma de mi mano. Es real. Genuinamente real. Es una simple pared. Miro a mi alrededor y veo todo en las mismas condiciones. Pero de pronto cuando ya todo parece perdido, cuando pienso que el mundo no podrá sorprenderme, allí esta, sonriente, flotando a dos palmos del suelo, el simpático elefante rosa con su sombrerito azul. Menos mal.

martes, 4 de noviembre de 2008

portal

Esta mañana, acostado en mi cama, hago caso omiso a mi despertador. Mientras el sol del mediodía abrasa la parte externa de mi persiana, me dedico a inspeccionar el profundo interior de mi cama, adentrándome sin aprensión hacía la parte mas recóndita de mi edredón; dónde no existe la luz y se encuentran los abismos profundos del fondo del fondo. En esta zona desconocida, no hay oxígeno y la presión es insoportable pero si me acurruco, aprieto los dientes y los ojos, puedo pasar por una estrechísima hendidura espacio-temporal que me permite acceder a una nueva dimensión del más allá. Yo la llamo: la dimensión inconcreta o la dimensión meta personal.
Ahora, por fin, puedo viajar en el tiempo y revivir todas aquellas experiencias que han marcado mi vida. Puedo hablar con mis antepasados o simplemente estudiar mis reencarnaciones. Puedo pasearme por mundos paralelos e incluso adoptar formas y estados mentales inenarrables. Puedo estar en varios sitios al mismo tiempo y puedo hablar con todos los oráculos conocidos y desconocidos; puedo hablar con la tierra con el sol y con el aire, puedo hablar con Dios y con la consciencia total del universo.
Es el momento de hacerse preguntas importantes como que hay después de la vida o de dónde venimos o cual es el sentido del sinsentido. Así que no pierdo la ocasión. Mis preguntas resuenan en el inframundo como si llevarán un efecto de reverberación en 3D.
¿Qué hago? ¿le mando un mensaje o la llamo? Y si la llamo…. ¿Qué le digo? Y si le mando un mensaje ¿No será demasiado frío?

lunes, 20 de octubre de 2008

el mosquito en el ambar

Paso un día encerrado en una habitación de hotel llena de fantasmas.
Un cuchitril cutre con las paredes de color salmón, los muebles de un gusto pésimo y empalagoso; un dormitorio encerrado, distante, con ventanas de frío aluminio que apenas dejan ver un patio interior; cuadros de paisajes hivernales que no transmiten más que la zozobra del cansancio; lámparas de color caqui que proyectan la luz de la depresión; colchas que pican sábanas de cartón y almohadas de ladrillo.
Esta habitación no es trigo limpio, en su interior se puede oler y morder la angustia igual que en una casa se huele la cebolla cuando han cocinado sopa.
Las habitaciones, las cosas, desprenden sentimientos: Esa silla divertida, esa mesa risueña o al contrario ese objeto de decoración del todo a cien que nos pone los pelos de punta.
Entre esas cuatro paredes no hay ningún objeto feliz.
Cuando me despierto por la mañana, con la clarividencia que me da estar entre el sueño y la realidad, a mi lado, una manta reposa encima de la cama y me parece una anciana retorciéndose de dolor. Su frágil cuerpo es una figura estática enrollada como un ovillo. Una moribunda en los últimos estertores de la vida. Asustado como un niño que ve por la noche las formas de sus pesadillas en la puerta de su armario intento enfocar la imagen pero sigo vislumbrando la esquelética figura del dolor.
Los espíritus de las cosas se introducen en en los objetos, les dan forma, ayudados por la luz cambiante y su antagónico mundo de las sombras.
Por eso que los ex amantes tiran las cosas que les regalo su ex amada para no encontrar en ellas los fantasmas de su relación. Algunos objetos nos acompañan toda la vida porque nos hacen compañía y otros desaparecen sin que nos demos ni cuenta. De noche, en las casas, se escuchan extraños ruidos rebotando en las esquinas, a veces las estancias huelen a cerrado, las paredes se nos caen encima, tenemos que cambiar un sofá de sitio para sentirnos mejor....
En esta habitación el dolor y el mal se han quedado impregnados en la aspera moqueta, congelados en la naftalina de los armarios, en los recovecos de lejía del baño, igual que los viejos amores se encostran en el corazón y le dan forma. El dolor de algún tiempo pasado; quizás la muerte dolorosa de una anciana, se ha convertido en la forma y espíritu de la más fúnebre y congojante habitación en la que me haya encontrado núnca.