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sábado, 22 de enero de 2011

transplante

El médico es muy claro. Usted no puede tener novia. Le sienta fatal. Le afecta a cada uno de sus órganos vitales: Su cerebro es un cenicero de ideas, su hígado un pantano de humor negro, su sistema nervioso ha dejado de tener ningún sistema y su aparato digestivo llora y ronronea sin parar. A partir de ahora tendrá que evitarlo. Fíjese, usted se enamora de una chica, al principio todo va bien, pero al cabo de un tiempo todo se complica. La chica le abandona o usted se cansa de ella. Cualquiera de las dos opciones le sume en un profundo malestar.
¿Pero cómo voy a hacer para NO enamorarme? ¿Cómo dejo de pensar en tener esposa, niños, familia, un hogar y un perrito?
No se preocupe. Atienda. Séquese las lágrimas.
Le haremos un transplante de corazón. La operación es larga y arriesgada pero tiene un alto grado de efectividad. Casi un 2%. Le transplantaremos el corazón de un cerdo. Sí. Un cerdo de granja de la mayor calidad. Ya verá como eso le hará olvidar sus patrañas románticas.
La idea me parece estupenda. ¿Podré quedarme mi corazón en formol, como recuerdo?
Es usted un insensato, si le damos su corazón en formol, ¿Con qué corazón va a vivir el pobre animalillo? ¿Eh? ¿EHHH?

La operación es maravillosa, me la paso entera durmiendo. El postoperatorio de cuatro meses es un infierno y acabo adicto a la morfina. De todas formas, ahora sí, las cosas han cambiado: Cuando veo a una mujer sólo tengo ganas de magrearla, poseerla, lamerle el sexo, el culo y las axilas y meterle mi polla entre sus nalgas y no tengo ninguna peligrosa sensación romántica.Las mujeres me hacen babear, gruñir y jalear y poca cosa más. Una vez he consumado el acto, me levanto y me largo en busqueda de algo que comer y de alguna otra chica que poseer. No tengo ganas de volver a llamarlas, ni de escuchar sus penas, no me interesa su vida, ni lo mal que se llevan con su madre, me da igual si lloran, ríen o revientan. Tengo un corazón de cerdo. Ya nunca más caeré en la trampa del amor. Estoy salvado.

Un día, por curiosidad, me acerco a la granja dónde vive mi animalillo salvador. Allí está en un barrizal, feliz, rodeado de cerditos y con los morritos pegados a otra cerdita. Parece enamorado. De pronto veo mi propia humanidad en el brillo de sus ojos y me doy cuenta de mi error. De rodillas caigo en el fango y abrazo al animal. ¿Doctor, es demasiado tarde para un transplante inverso?

viernes, 29 de octubre de 2010

Xtreme Love-Hard Cuore-XXX Rated


Obsesión. El médico ha sido clarísimo con su diagnóstico: obsesión obsesiva grave. Un par de gotas diarias de Rivotril 20mg (anti-epiléptico), mucho reposo y algunos ejercicios de relajación me ayudarán a superarlo.

Llegó a casa pero no sé que hacer. La pornografía: prohibida, las drogas:prohibidas, el alcohol: prohibido. Me quedan pocas cosas, leer un libro, ver una película, lavar los platos, comer una manzana… Me siento engañado por la vida y me hundo hasta el fondo de mi sofá, a la altura de las bolitas de pelusa y las monedas perdidas. Cierro los ojos temiendo que en cualquier momento empiece otra crisis.

Al cabo de unos pocos minutos soy atacado por mi obsesión: la imagen abierta, voluptuosa y encarnada de tu vagina.
Corro a la cocina y ingiero 7 o 8 gotas directamente del bote de Rivotril . "Nunca ingiera directamente de la botella" rezan las instrucciones. Su sabor dulce me tranquiliza. Apoyo la cabeza en el mármol e intentó relajarme. Oigo a mi psiquiatra sermonearme. "Tiene que cambiar sus imágenes por otras más tranquilizantes": Uno, dos, tres… Prados verdes, montañas nevadas, paisajes abiertos , tu monte de Venus, rasurado triangular que corona la vulva abierta, desafiante y prometedora de tu vagin.... Me golpeo en la cabeza, grito y huyo por toda la casa pero mi locura me lleva ventaja. Desmonto el dosificador del Rivotril y consumo a chorro, de un trago, la mitad del frasco. Tengo que acabar con esta locura sexual.... Poner orden en mi cabeza… alejar los pensamientos….Pongo música clásica y me tiro sobre la alfombra. Uno, dos tres…prados verdes, césped recién cortado, flores, nubes y cielos azules... La sobredosis de medicina empieza a calmarme, las piernas me flojean y mi columna vertebral se convierte en gelatina temblorosa. Estoy tan desesperado que me pongo a rezar. Cuando era un niño mi abuela conseguía dormirme haciéndome rezar. Ave María, llenas sois de gracias, bendito sea tu fruto, bendito tu vientre,bendito tu... sexo María. Me muerdo la lengua hasta que sangra. Tus pequeñas manos abren con delicadeza tu rendija y me invitas a entrar y a poseer la calentura de tu sexo. Puedo ver, con todo detalle, el brillo húmedo de tu piel, la tensión sexual, concentrada en tu clítoris, palpitando al ritmo acelerado de tu corazón. La imagen mental se hace cada vez más y más nítida, es casi real. Saco mi lengua y empiezo a lamer el dulce y a la vez salado interior. Revoloteo por todos los recovecos, pliegues, y secretos, mientras muerdo, chupo y te lamo. Mis labios contra tus labios, tu sexo en mi boca… Inyectados en sangre, abro los ojos y maldigo mi suerte. Estoy en el suelo con la lengua fuera, los pantalones bajados y me masturbo con tanta fuerza que sólo obtengo dolor.

Entre zancadillas y flashes mentales, llego a gatas hasta la ducha. Mojado, vestido, mi cabeza sigue enseñándome imágenes de tu coñito, veo una versión sin depilar y otra despejada como la mejilla de una adolescente. El agua helada duele en mi cabeza. "Insisto. Tiene que cambiar sus imágenes por otras más tranquilizantes" . ¡No puedo doctor! ¡No puedo!!. ¡¡NO PUEDO!! Uno, dos, tres… Prados verdes, galaxias lejanas, un atardecer en la estepa, burbujas de jabón, un payaso con una flor, bollitos recién horneados, un café humeante, ropa tendida en un día de verano, un velero en el mar azul... y tu coño. Me rindo. ¡Sí a la mierda! ¡Bendita obsesión! ¡Qué más da! ¡Pienso en tu sexo! Sí, lo digo claro y alto. ¡SÍ! ¡EN TU COÑO!. Tu coño hermoso y sagrado que ahora, desde que te fuiste, solo puedo tener dentro de mi cabeza.

Ilustración: Peter Ink

viernes, 18 de diciembre de 2009

Dentro (microrelato romántico V)


Ella se retuerce como una corteza en aceite hirviendo. Su boca espira el hálito cálido de su cuerpo. Le abro las piernas con fuerza y sus labios se separan dejando su sexo abierto. Sonrosado. ¡Fucsia!
Mi polla apunta como una brújula hacía el Norte de su intimidad. La nota de nuestras miradas cruzadas queda sostenida en el aire hasta que ella me da el lujurioso y desesperado permiso: un microgesto en la retina de sus ojos. Alargo el deseo: Cuento hasta tres e introduzco mi p....
Un portazo interrumpe la secuencia. Levanto la vista (mis sentidos se agudizan siete octavas y el vello de mi cuerpo se crespa en la misma dirección).... ella dice con pavor: -!Mi marido!- La sangre se me escarcha, y mi polla pasa de ser un pilar a convertirse en pilila.
¡Maldigo los vivos! ¡Dios creador! ¿Por qué me metes en una situación tan patética?
-¡Escóndete!- me dice ella exaltada.¿ Pero...?- ¡Escóndete o te matará!-
La primera idea (la misma que se te hubiera ocurrido a ti) es esconderme en el armario pero no hay armarios en esta habitación, luego pienso en esconderme debajo de la cama pero, curiosamente, se trata de una cama canapé, pienso en salir por la ventana pero recuerdo enseguida que estoy en un sexto piso...
Los pasos de su marido ya están detrás de la puerta del dormitorio. Puedo ver la sombra de sus pies por debajo de la rendija. El pomo de la puerta empieza a girar...Ella se acerca a mí y me susurra nerviosa:- Aquí, escóndete aquí.- La entiendo en el momento que me señala su vagina. Al principio pienso que aquello es una estupidez... pero cuando veo la puerta entreabrirse, cuando me veo muerto a manos de un marido celoso, cuando veo que pierdo la vida en una situación tan poco original (y yo soy un tipo original de eso no cabe duda) me doy cuenta que no tengo otra alternativa. Ella abre su sexo con ambas manos y yo me introduzco dentro.

Al principio no quepo... pero con un pequeño esfuerzo enseguida paso a su interior.La oscuridad me envuelve y tranquiliza mi gesto aterrorizado. La verdad es que el sitio es muy agradable: paredes rosadas y un punto perfecto de húmeda calefacción.
El mundo exterior se ha convertido en un lejano rumor y la carne me arropa en un encaje perfecto. Un extraño sentimiento familiar que me remite a un mundo infantil me sosiega y me adormece. Escucho el latir hipnótico del cuerpo que me da cobijo, pum, pum, pum, su compás me traslada poco a poco a otra galaxia y desaparezco sin sentido ni consideración...

Despierto. Han pasado unas horas.El silencio es reconfortante. Decido sacar la cabeza al exterior. Sigo en la cama. Ella y su marido duermen. Salgo del todo, con un sonoro ¡BLUUP! que casi despierta a su dueña. Me incorporo. Estoy empapado de liquido amniótico. Les miro. La pareja duerme plácidamente; él sonríe, ella le coge la mano con ternura. Me siento algo culpable de haberme acostado con ella... de repente me flaquean las piernas. Me caigo encima de la moqueta. En un acto instintivo, balbuceo y empiezo a llorar con pequeños espasmos, desamparado, hambriento, solo...
Una mano me acaricia la mejilla y me reincorpora del suelo. Ella se ha despertado y ahora me coge en brazos y me aprieta contra sus pechos. Nunca un abrazo me había sentado tan bien. Luego me lleva al baño, me mete dentro de la ducha, comprueba la temperatura del agua con sus manos y me lava pacientemente... me enjabona el pelo con mucho cuidado para que no entre champú en mis ojos, me levanta los brazos para limpiar mis axilas y frota con despreocupación mi entrepierna, mientras tararea flojito una dulce canción infantil sobre un niño que se hace amigo de un dragón. Con agua tibia me aclara y con una toalla, suave como el lomo de un corderito, seca con abrazos mi cuerpo y mi pelo. Después me viste en silencio, me peina con la ralla al lado y me da un beso en la mejilla. Abre la puerta de la calle y se despide de mí, primero con un beso y después energicamente con la mano. ¡Adiós mi niño! ¡Adiós!

viernes, 23 de octubre de 2009

¡Pastillas! (microrelato romántico 4)

Las luces estroboscópicas parpadean al ritmo de un bajo demoledor. Las pastillas que me dio aquel zumbado son buenas, tienen un corazón grabado en una cara y son de color rosa, su sabor amargo me lanza contra la bola de cristales que dispara mi reflejo por toda la pista. Bailo a muerte y muero bailando.
De repente, mis globos oculares estallan de éxtasis al contemplar una Diosa: Ella; se mueve como una maniaca en el centro del meollo. De un gesto me mira y me petrifica. Sus parpadeos empiezan en el cielo y acaban en el infierno. Me deslizo de rodillas hasta el borde de su falda y bailamos al ritmo de los miles de satélites que retransmiten el momento. Ella echa hacia atrás su melena y cogido a sus pechos le muerdo el cuello. El escenario cambia y caemos encima de mi cama deshechos por la pasión. Mermelada de sexo, besos y espasmos. Mi rabo fuerte y duro como una piedra la penetra logrando distancias negativas que nos vuelven locos de remate. Sus gritos despiertan la triste ciudad cuando nuestro orgasmo nos permite flotar a tres palmos de mi cama. La electricidad abrasa nuestros cuerpos y después de compartir las galaxias en un clímax brutal; caemos a peso, encima de la cama, desarticulados, agotados, casi muertos.
Cuando vuelvo a abrir los ojos, la veo. Tiene la boca abierta y ronca... un hilillo de baba cae encima de la almohada. Su maquillaje ha desaparecido, sus pestañas postizas son ahora una araña aplastada y su pelo se ha convertido en un marañoso estropajo. Aparto un poco la sábana y me encuentro con la dura realidad. Un cuerpo ajado por el tiempo, lleno de estrías y acumulaciones grasientas fruto de un carácter neurótico obsesivo. Sus pechos caídos de lado hubieran dado a Newton la mejor pista sobre la gravedad de la gravedad.
Salgo de la cama y me dirijo al baño. Me miro al espejo. Mis ojeras me llegan a las rodillas y mis labios están cortados. El pelo alborotado ya no disimula mi calvicie. Mis dientes amarillos han derrotado a todos los dentistas. Suspiro. Nunca he sido guapo, está claro. Mi barriga cervecera no se notaría tanto si no fuera porque estoy encorbado como un abuelo. ¡Dios! ¡Creo que tengo tetas!
Me siento en la taza del wáter con las manos en la cara atrapado en el feísmo más radical, pienso en la muerte como solución estética.
Luego salgo del baño, cojo cuatro pastillas-corazón; me trago un par; machaco dos más en un un mortero y las diluyo en un vaso de agua... Entro en el dormitorio y despierto a mi amante. Ella me mira como un animalillo herido, sabe que estoy viendo la verdad porque ella ve mi verdad. -¿Quieres un poco de agua?- Le digo con una sonrisa agria que poco a poco se convertirá en lujuria.

jueves, 24 de septiembre de 2009

La cucharilla. (Microrelato Romántico 3)



Tras cinco años de relación Carlos y Ana se separan. Ella quiere cambiarle y él no la escucha. Después de millones de discusiones, reproches y numeritos, un día se dan cuenta que no quieren estar más tiempo juntos. Él se va a vivir a un apartamento y ella se queda con la casa.

Para Carlos lo peor son las noches. Está acostumbrado, incluso después de alguna tremenda discusión, a dormir pegado a ella, abrazarse a su espalda como una lapa, encajarse contra su mullido trasero y trenzar sus piernas con las de su mujer, quedando tan juntos como dos cucharillas de café guardadas una dentro de la otra. Asi, protegidos, a salvo del abismo, dormir cómo dos náufragos cogidos a una boya en un mar tormentoso...

Pero ahora está solo. Tiene miedo. El nuevo apartamento hace ruidos extraños, la noche se presenta negra, solitaria, llena de peligros y pesadillas y anhela con todas sus fuerzas la salvación del calor humano.
Está tentado de llamar a su mujer. Suplicarle simplemente que duerman juntos. Sin sexo, sin conversaciones, sin nada de nada... sólo un abrazo en cucharilla.

Por la mañana, Carlos, deambula por la lluviosa ciudad. Perdido, entra en unos grandes almacenes dónde uno siempre puede encontrar el consuelo de cualquier mal. Carlos pasea por la sección de regalos. Algo le llama la atención. Se anuncia con un expositor de colores: "Cucharilla Pilow". ¡No puede ser! Una almohada en forma de mujer o de hombre que sirve para dormir como si estuvieras pegado a la espalda de alguien. ¡Qué horror! ¿Quién es el desgraciado que se compraría semejante barbaridad?
- Hola, ¿Le puedo ayudar? - Le dice un empleado de sonrisa perpetua y corbata almidonada. - No, sólo estaba mirando....- Contesta Carlos avergonzado de hablar con alguien al lado de un producto tan humillante. El vendedor insiste:- Fíjese, directamente del Japón, una maravilla. Tiene el tacto de una mujer, es moldeable y sale tirada de precio. - Carlos le interrumpe: - Perdone pero no estoy interesado en... en.... esta salvajada...- El dependiente no se da por vencido:- No se confunda. No es una muñeca hinchable. No es un juguete erótico. Es simplemente el compañero ideal de las noches solitarias. Se puede plegar y se puede llevar de viaje e incluso se puede compartir. Sí, por fin el que da la espalda también tiene una espalda dónde agarrarse. -
Carlos se marcha indignado - ¡Por favor! -

Fuera en la calle sigue lloviendo; para Carlos es sólo una representación mental de su estado de ánimo, por eso no lleva paraguas. Cuando llega a casa está empapado de tristeza. Carlos se mete en la cama en posición fetal y se agarra con fuerza contra su almohada. Llora. ¡La echa tanto de menos! Decide llamarla, contarle todo lo que siente. Al sexto tono ella le contesta: - ¿Diga?- su voz le recuerda la cruda realidad, todo lo que les ha separado: Los gritos, los reproches, el mal humor, las discusiones.... Carlos, sin decir nada cuelga. En la ducha el agua congelada despeja su cabeza. Esta claro. En realidad no la echa de menos... lo único que echa de menos es dormir en cucharilla. Son las tres de la madrugada...
A las nueve de la mañana el día no ha levantado sus colores por culpa de la tormenta. Carlos , sin haber dormido, llega al centro comercial y compra la almohada en forma de chica. El dependiente le sonríe engreído pero Carlos se traga su orgullo. Cuando se marcha oye como el comerciante le grita: -¡Se acabó aguantar a alguien que no te gusta para no dormir solo! - Carlos se gira indignado y el dependiente le sonríe diabólicamente.
Por la calle la gente le mira entrometida mientras Carlos se apura en tapar las fotografías que delatan el contenido inconfesable de la caja, una enorme caja que contiene el consuelo, y la salvación....
Una vez en casa, Carlos se desviste, prepara la cama, baja las persianas, saca la almohada de su envoltorio y sin mirarla (para no romper el hechizo) se acuesta con ella.
El producto es de calidad. La almohada tiene un tacto suave, cálido como de piel humana, sus articulaciones son casi reales. Carlos se enreda por detrás y se aprieta con fuerza. En el exterior la lluvia cesa, un rayo de sol se filtra entre las nubes y se cuela por las rendijas de la persiana pero Carlos ya duerme plácidamente cómo si acabara de nacer.

A varias manzanas de allí, la misma luz despierta a Ana , la ex-mujer de Carlos, que se levanta y guarda en el armario una versión masculina de la almohada humana con la que ahora puede dormir tranquila y sola.


Para Sarita, para celebrar que todo ha salido bien.

jueves, 27 de agosto de 2009

Microrelato romántico teatralizado. Acto 1. Tomeo y Violeta.


Acto 1. Se abre el telón. Noche. Balcón de la bella Violeta. En la ventana hay una tenue luz. Tomeo aparece por detrás de un matorrales dónde se hallaba escondido.

TOMEO: (dirigiéndose al público) ¡Joder! ¡Me cago en la puta! ¡Cómo me aprietan las mallas de los cojones! Esto me pasa por seguir la maldita moda Florenciana. ¡Y qué bochorno de noche! ¡Vaya calorazo! Y Violeta como siempre, haciéndose esperar. Venga a meterse polvos y polvos en la cara. Los polvos me los tendría que meter a mí, ¡Joder! ¡Si es que lleva más de una hora esperando aquí, como un "tontolaba". A ver... (susurrando)¡Violeta! ¿Mi amor?

VIOLETA: (desde el foro y susurrando) Ya voy amado mío....

TOMEO: (dirigiéndose al publico) ¡Joder! ¡¡Qué tardona! ¡La muy perra! Si es que esto es una cagada de órdago. Voy a pillar seguro. Esto me pasa porque me flipa todo lo prohibido. Basta que me digan que una cosa no se puede tocar que !ZAS! pierdo el culo por tocarla. Si es que soy un puto caso. ¡Esto va acabar fatal! Lo veo venir... Si se entera mi viejo que me intento cepillar a la hija de un Frasuleto.... se arma la de Dios.... me arranca los cojones de cuajo... con lo que le fastidian los Frasuleto... ¡Ay!.... (silencio reflexivo, se oye un buho a lo lejos) ¡Pero es que está como un queso la muy guarra! ¡Esas tetazas y ese culo y la boca de comer pollas que flipas! Tiene pinta de chuparla de "lux". ¡Joder! ¡Qué calor! Putas mallas...
Voy a insistir. (susurrando) ¡Violeta...!

VIOLETA: (desde el foro y en voz baja) Ya voy mi amor....

TOMEO: ¡Qué paciencia hay que tener! Dios. Pero está noche me la follo. Lo juro por lo más sagrado. Me la follo fijo. (Se pone a cantar y a bailar obscenamente) "One, two, three, four, uno, dos, tres, cuatro... I know you want me..."

Violeta sale al balcón. Tomeo calla, le saluda con un gesto cortes y sube por la enredadera para quedarse cerca de Violeta.

TOMEO: ¡Oh! Bella doncella, qué alegría palpita en mi corazón. Vuestra presencia ilumina esta noche sin luna.

VIOLETA: Disculpad mi retraso. ¿No os habré hecho esperar....?

TOMEO: ¿Esperar? Podría esperar la vida entera si al final, la recompensa fuera contemplar vuestro rostro un segundo nada más.

VIOLETA: ¡Oh! ¡Encendéis mis mejillas con palabras tan generosas!

TOMEO: Generosa es vuestra belleza... que hace desfilar los tambores que suenan en mi corazón...

VIOLETA: (le interrumpe) ¡Oh!¡ Mi padre.... esconderos!

Tomeo baja por la enredadera y Violeta vuelve a entrar en su estancia.

TOMEO: (contraído) ¡Me cago en Satanás! ¡Puto padre de los cojones! ¡Esto es un coñazo! Pero... mira que esta buena la cabrona. Para mojar pan. Le comía todo ahora mismo.

VIOLETA: (apareciendo en el balcón) Mi amor.... tenéis que iros... ¿quedamos mañana a la misma hora?

TOMEO: (vuelve a subir la enredadera y habla casi sin aliento) Vivir sin ti es como estar muerto, así que dejo en tus labios mi vida que mañana volveré a buscar.

(Tomeo besa dulcemente a Violeta)

VIOLETA: Oh.... sois tan atento...vuestros besos son anzuelos en mi corazón.... (Violeta desaparece)

Tomeo vuelve a bajar la enredadera.

TOMEO: ¡Qué putada! Venga arriba y abajo... ¡Joder! Bueno..... "anzuelos en mi corazón", "mejillas sonrosadas".... Mañana si no está su puto padre.... follo seguro. La tengo en el bote, coño, eso está claro. (Relamiendose) ¡Joder!Tiene una pinta de ser anal que lo flipas.

Tomeo desaparece por el lateral.

Al cabo de un rato, en el balcón aparece de nuevo la bella Violeta. Se queda un rato con la mirada perdida. Suspira y dice:

VIOLETA: ¡Joder! ¡Qué bueno está el hijo de puta! ¡Vaya culazo! ¡Y vaya paquetazo que marca el cabronazo con esas mallas tan ajustadas! ¡Joder, que cachonda me pone!

Violeta suspira de nuevo y vuelve a entrar.

Se baja el telón.

Fin.

microrelato dedicado a la "bonica" María Magdalena.

miércoles, 22 de julio de 2009

Vuelo 8338 destino Madriz (microrelato romántico 2)

En el aeropuerto hay un chico y una chica que se besan en la boca y yo me acerco a ver si se meten la lengua; porque creo que cuando te besas de verdad hay que meter la lengua en la boca del otro. A mí me da asco pero también me dan ganas. El chico se ha dado cuenta de que estaba mirando y se ha enfadado y me ha llamado subnormal.

Voy solo en el avión. Mi padre se despide muy preocupado. Cuando llegue a “Madriz” (me gusta decirlo con zeta) mi madre me espera en el otro aeropuerto. No entiendo por qué en el otro lado también ponen un aeropuerto. Eso lía mucho.

En el avión, una azafata (que es como se llaman aquí las chicas con la boca pintada de rojo) no deja que me siente al lado de la salida de emergencia porque se ve que está reservada para las personas normales y yo soy distinto. Me ha tocado sentarme al lado de una chica fea que viste un poco raro.
La azafata de la boca roja explica a todos como hinchar un flotador. Luego me obliga a ponerme un estúpido cinturón, luego el avión se mueve como un coche y por fin el avión se pone a volar. La ventanilla es muy pequeña y es un rollo porque no se puede abrir para que pase el aire, aún así puedo ver en realidad lo pequeño que es el mundo, las casas, las personas....

Volar es aburrido. Le pregunto a la chica fea porque viste raro y me cuenta que es “no vicia”. Le pregunto qué es “no vicia” y me contesta que es una aspirante a monja. No entiendo nada de nada. Le cuento que si dice muchas veces “monja” “monja” monja” al final uno dice “jamón”. La chica sonríe tapándose la boca y luego se pone a leer un libro dónde hay una foto de una señora con un niño en brazos. Le pregunto quién es y me dice que es la Virgen y el niño Jesús. A mí me gustaría besar en la boca a la “jamonja” y a la azafata y a la señora del libro pero me da vergüenza pedirlo porque ya sé que no querrán. Volar es aburrido.

De repente el avión pega un bote muy gordo y una azafata se cae por los suelos y le veo las braguitas. Son negras. El avión empieza a bajar a mucha velocidad y me da mucha impresión en el pecho y todo el mundo grita y las luces se apagan y se encienden. Una voz pide que no nos asustemos pero eso es muy difícil porque el avión se mueve mucho y es imposible no asustarse cuando la gente grita y se asusta mucho y encima hay una voz que te pide que no te asustes mucho.
Una señora dice: “¡Vamos a morir! ¡Vamos a morir!”. Y entonces me he dado cuenta de que vamos a morir porque el avión cae a toda velocidad y al final nos la pegaremos contra el suelo y tiene pinta de que vamos a explotar y nuestros cuerpos se harán pedacitos y eso tiene que doler bastante.
Ahora la voz dice algo que no se entiende y que empieza por “el capitán les asegura....”.
El avión baja tan rápido que tenemos la espalda pegada al asiento. El ruido es muy fuerte y se ha convertido en un pitido y me duelen muchísimo las orejas. Le digo a la chica que tengo miedo y ella saca un collar con una X y lo empieza a besar. Le pregunto si vamos a morir y me contesta que rece un “padrenuestro”. Quiere que repita lo que ella dice pero yo estoy muy nervioso. De repente me coge la mano. Las chicas no me cogen nunca la mano. Yo le cojo más fuerte. Y ella aprieta aún más.
Hay un tipo a mi lado que grita pero no se le oye. Otro come chocolatinas sin parar. Una señora ríe como si estuviera loca y le sale espuma por la boca. Y un hombre se mueve en su sillón como si estuviera electrocutado.
La “jamona” me mira fijamente, me acaricia la cara. Le digo que tengo miedo y ella me abraza. Nos abrazamos. Sus tetas se pegan contra mi cuerpo. El avión cae a toda velocidad pero yo soy feliz. Muy feliz. Hay un montón de papeles y cosas volando por los aires y su boca está tan cerca. Tan cerca. Tan cerca... El avión sigue bajando. ¿Falta mucho para el suelo? Mi boca se acerca a la suya. De reojo veo por la ventanilla como el suelo se acerca. ¡El suelo se acerca! Vamos a explotar.

Le doy un beso.

¡Chuick! ¡Ya esta! ¡Ya lo he hecho! Ahora... ¡A morir! De repente, la luz del sol entra por las ventanillas y me deja ciego y tengo la sensación de flotar en el aire. Y entonces pasa lo que menos me esperaba: ella me devuelve el beso. Me abraza con tanta fuerza que creo que me va a romper, así que yo le cojo las tetas mientras la beso tanto como puedo. Es la bomba. Y entonces abro la boca y nuestras lenguas se tocan. Se acarician. Dan vueltas. ¡Uauuu! La luz blanca lo llena todo. Mis orejas sólo escuchan un pitido que cada vez es más suave...y si no fuera porque no paramos de mover las lenguas diría que ya estamos muertos.

El avión, justo antes de estrellarse, empieza a subir el morro. Aprieto mi boca contra la boca de la “no vicia” para que mi corazón no me explote. El avión toca suavemente el suelo. Luego frena con una fuerza bestial. Todo el mundo está muy callado. La luz vuelve a ser la de siempre y ella aparta su boca de la mía. Me mira asustada. Yo le sonrío. Ella deja de cogerme la mano. Yo le sonrío. Ella me acaricia la cara y yo le sonrío. ¡Estamos vivos! La gente grita y aplaude. No hemos explotado contra el suelo. ¡Qué guay!
La “no vicia” empieza a llorar. Yo no sé qué hacer. La consuelo, en mi regazo, como hace mi madre. La abrazo, le acaricio el pelo y le canto una canción sin letra al ritmo de sus lloros: - “Ahhh ahhh ohhhh ohhhhohhh ohhhhh uuuhhh”-. La pobre llora tan fuerte que a veces tengo que mirarla para darme cuenta de que no está vomitando.

Al cabo de un momento entra mucha gente vestida de naranja como de rotulador en el avión y nos sacan del avión a lo loco. Entre el follón, la “no vicia” que ahora parece más guapa me dice: ”gracias”, me da el collar con la “X” y desaparece sin dejar de mirarme... la gente hace fotos y mi madre está entre la gente, y me abraza con fuerza y sus tetas ya me las conozco y me alegro de verla...
Mi madre dice que es un milagro que esté vivo. Yo no sé muy bien lo que es un milagro pero he tenido mucha suerte de sentarme al lado de una chica muy guapa que me ha besado... y lo que yo decía... los besos de verdad son con lengua.

basado en un relato de Sara Alquézar y Henry Write.

lunes, 22 de junio de 2009

Los Gritos (microrelato romántico 1)

Se levantó como cada día pero engañó a su mujer y a su hijo diciéndoles que iba a trabajar. Cogió el coche y se marchó a la costa. En aquellas fechas todavía no había nadie. Algún jubilado haciendo footing, algún parado paseando a un perro... Se sentó frente al mar y se encendió un cigarrillo. Cuando lo terminó se desnudó por completo y se metió en el agua. Se sumergió en las profundidades del mar y empezó a gritar como si estuviera loco. En el agua nadie podía oír sus gritos...
Salió a la superficie para coger aire y luego volvió a meter la cabeza para seguir gritando. Gritó y gritó hasta que se quedó sin aliento. Su ritmo cardiáco bombeaba la sangre mucho más rápido de lo normal. Pensó en un ataque al corazón, en su entierro, en su mujer y sus hijos de luto llorando ante su tumba. Se sumergió y volvió a gritar de nuevo.
Salió del agua y se vistió rápidamente. Comió solo en un pequeño restaurante frente al mar y se fué a la oficina a trabajar.

Por la noche llegó a casa.
Su mujer le esperaba desde hacía rato sentada en una silla en el centro del comedor. La observó. Era evidente que había llorado.
¿Por qué nos engañas?
¿Dónde has estado?
Acorralado y muerto de vergüenza optó por decir la verdad: - Algunas mañanas voy a la playa y sumergido bajo el agua grito hasta la extenuación. Me hace sentir mejor.-
¿Y por qué nunca me lo has contado?
Tenía miedo de que no me entendieras o que... Ella le interrumpió: -Mañana quiero ir contigo.- Él le dijo que no le parecía una idea... Ella le interrumpió otra vez: - Mañana quiero ir contigo.-
Por la noche durmieron cogidos de la mano. A la mañana siguiente llevaron a su hijo a la escuela y conducieron hasta la costa. El mar estaba embravecido y hacía muchísimo frío. -Podríamos dejarlo para otro día - le dijo él, pero ella se quitó la ropa y se metió en el agua. Él se quedó paralizado, pero al final reaccionó, se desvistió y entró en el agua con su mujer. Se zambulleron y gritaron como si les fuera la vida en ello. Aquello era genial pero... -¿Por qué gritamos bajo el agua? - Preguntó ella, sin apenas fuelle en la voz. - ¿Y Por qué no podemos gritar fuera del agua?- Él no supo muy bien que contestar. Le dijo que de esa manera nadie se enteraba... pero ella le interrumpió con un grito. Un grito que rompió el cielo.
Aquello le impactó. Ella le miraba desafiante a los ojos... Se dió cuenta que tenía razón y empezó a gritar. Ambos gritaron absolutamente poseídos por el momento; retro-alimentados por sus propios chillidos, sacaron del fondo de su ser, todo el odio, el resentimiento y el miedo acumulados durante toda una vida.

Cuando los policías hubieron confirmado su documentación les pidieron también que no volvieran a asustar a la gente y les recordaron que estaba prohibido bañarse desnudo en esa playa. La policía les increpó que a su edad era un poco ridículo que andarán por ahí haciendo el gamberro. Uno de los vigilantes de la costa les advirtió de lo grave que puede ser una falsa alarma y que era su obligación recordarles que siempre había gente velando por la seguridad de los bañistas y que aquel accidente era de muy mal gusto a la par que peligroso y molesto.

Volvieron a casa, callados en el coche, no sin antes ir a buscar a su hijo a la escuela. Cenaron mientras el benjamín de la familia les contaba risueño lo que había aprendido en la escuela: el mapa de Europa y la regla de tres.

Por la noche, en el dormitorio, mientras el niño dormía se empezaron a reír del accidente en la playa. Luego se empezaron a besar. Se tocaron como si fueran nuevos el uno para el otro. Y luego hicieron el amor, como hacía tiempo que no lo hacían. Aunque como su hijo dormía en la habitación contigua, tuvieron que reprimir sus gritos apasionados.