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viernes, 22 de marzo de 2013

Optimismo



Hay unos pollos a l´ast dando vueltas en un asador de pollos.
Un hierro les atraviesa el cuerpo mientras giran cerca de una ardiente brasa.
Uno de ellos le dice al otro:
Tío, esta vida es una mierda. Me han desplumado, me han cortado la cabeza,
me han metido un garfio por el culo,  me han untado con aceite y me están quemando vivo
y pronto, intuyo,  se me van a comer.
El otro pollo sonríe socarrón y le responde: 
¡Bah! ¡No seas quejica!  Cuando el cocinero no se de cuenta...
¡Intenta trincar alguna patata frita!




jueves, 15 de marzo de 2012

Psico Mensajes Cerebrales (El futuro ya está aquí)

En la sala de espera del centro-sanitario-estatal-privado, el tiempo pasa con gran lentitud. Un centenar de ciudadanos rasos nos esperamos, mientras una enorme giga-holopantalla proyecta mensajes en 3D : “El estado de la salud le informa: NO tenga más clones de los que pueda mantener, NO abuse de los medicamentos orgásmicos , NO cambie su cara más de dos veces al año, el consumo del tabaco está penado con la muerte...“


De repente una enfermera droide me llama por mi código de identidad. Me hace pasar a una pequeña consulta, donde, detrás de una mesa me espera el doctor especialista en psico-mensajería-cerebral (PMC).  El doctor es un hombre peludo, orondo, lleva una bata blanca, me da la mano y me indica que me siente, por un momento, su frialdad me hace dudar de que sea un robot, ¡Cómo si no supiera que no se fabrican robots obesos!



- ¿Qué es lo que le trae por aquí?
- Verá…
- Déjeme que lo adivine… ha venido porque tiene el psico-correo bloqueado. No se preocupe últimamente ocurrieron algunos problemas con las emisiones, pero pronto…
- No, doctor, ese no es el problema.
- ¿Entonces, tendrá problemas con  la cobertura…?
- No. Doctor no.
- ¿Entonces qué le pasa?
- Quiero que me extirpen el psicomóvil cerebral.
- ¿Qué?
- Sí.
- Pero, desgraciado, eso es imposible. Los psicomóviles se instalan por ley en los recién   nacidos y no pueden extirparse.
-Doctor. Por favor, no puedo más. Cada día llegan cientos de mensajitos psíquicos a mi cabeza. Son del trabajo, de mi novia, publicidad, amigos… Ya no puedo pensar tranquilo con todo eso en mi cerebro.
- Baje el volumen de ondas cerebrales.
- Ya lo he hecho, pero la vibración no se puede quitar.  Bzzzzzzz... ¿Lo ve? Justo ahora acabo de recibir un mensaje de  mi novia: “Besitos :) ¿Quedamos para cenar?”. Bzzzzzzz. “Más besitos ;)”. Ahora, si la contesto ya no podremos parar de mandarnos mensajes...
- ¡Pero los psicomensajes telepáticos son muy útiles!
- Antes, no había y no pasaba nada.
- Antes, la gente se olvidaba el móvil en el bar, manchaba las pantallas táctiles con la grasa de los dedos, hablaba en voz alta en los transportes públicos...
- ¡Doctor! ¡Haga algo! Bzzzzzzz ¡Dios! ¡Otro mensaje!: “Ahora con la nueva promoción 2x1 mande dos mensajes telepáticos al precio de uno.” ¿Lo ve? Es un infierno.
- Piense que si desactivamos el psico-movil-cerebral usted quedará excluido de la sociedad, no podrá comunicarse, estará solo y abandonado. Sólo los vagabundos de la Zona Épsilon, los presos de nivel Inmundo y los anacoretas de la galaxia Kron,  viven sin psico-móvil-cerebral…
- ¡Extírpemelo! ¡Sáquelo de mí! Bzzzzzzz…. ¡Dios! Ahora son mis padres. Bzzzzzzzzz , mis amigos, otra vez… Bzzzzzzzz: "Compre linea mental-ADSL 300000 megas" ¡Se lo suplico! (Me pongo de rodillas y tiro del pantalón del doctor)  ¡Ayúdeme! ¡Por favor! Bzzzzzzzz.
- ¡Tranquilícese! Entre en el quirófano…. Veremos que se puede hacer.
- ¡Gracias doctor! ¡Gracias! (llorando)

Entro en el quirófano y una enfermera droide, el mismo modelo que se usa para camareros, taxistas y prostitutas, pero con una carcasa de servicio médico, me pide amablemente que me desnude y que me eché en una camilla. Un brazo bio-mecánico de ultima generación se acerca a con una inyección llena de líquido fluorescente. Cierro los ojos. ¡Ay!

Cuando despierto, estoy en la sala de recuperación post-operatoria. Hay un gran silencio en mi cabeza. Todo está muy tranquilo. Un droide enfermero me acompaña a la salida del hospital-publico-privado. El robot se despide diciendo: “Tiempo de post-opoeratorio: 13 segundos. Ya puede usted reprender la vida con normalidad si es que su vida es normal. ¡Jajajaja!” Me rió. Los chistes de robots son forzados pero me hacen gracia.
Una vez en la calle enseguida noto la diferencia: Una calma implícita en el fulgor de la ciudad. Los miles de aerotransportadotes se mueven en orden, la luz del sol brilla en cada uno de los objetos y una paz sin igual ondea en mi cerebro.  ¡Qué felicidad! ¡Soy libre! ¡Soy un hombre libre! Emocionado le mando un mensaje cerebral a mi novia… ¡Argh! ¡Mierda!


Dedicado a Iván Romero "El Zalamero" con afecto.


domingo, 1 de enero de 2012

Sincronía Simétrica



Acordaron llamarse por la tarde.  ÉL lo ve claro, ya no puede esperar más,  coge su móvil y  marca el número de ELLA. ELLA también lo ve claro y en el mismo momento, coge su móvil y marca el número de ÉL. Comunican. ÉL no se da por vencido y vuelve a llamarla justo en el  momento en que ELLA, ilusionada, le llama de nuevo. Comunican. Llaman desesperados una y otra vez pero el otro siempre comunica. ¿Con quién estará hablando ELLA? Se pregunta ÉL. ¿Con quién estará hablando ÉL? Se pregunta ELLA.
Él piensa que lo mejor es dejar de llamar, no sea que en el mismo momento ELLA le este  llamando a ÉL. ELLA decide lo mismo, pues piensa que en el mejor de los casos, en este preciso instante, ÉL la estará llamando. El tiempo pasa y ninguno de los dos llama, dejando espacio para que el otro llame. Los minutos se hacen espesos y largos. ÉL piensa que a lo mejor ELLA no tiene interés en llamarle o que simplemente se ha olvidado de la cita que tenían. ELLA se deprime, puede que  ÉL no sintiera lo mismo que ELLA y que nunca la llame. El tiempo pasa. De repente ÉL hace de las tripas corazón y de un gesto coge el móvil y marca el número de ELLA justo en el momento que ELLA se arma de valor y con un impulso, marca el número de ÉL. Comunican. ÉL insiste y ELLA insiste. Se desesperan media docena de veces. ÉL no puede soportarlo, sale de casa y coge el metro para ir dónde vive ELLA. Justo en el momento en el que ELLA, de un arrebato,  coge un taxi para ir a casa de ÉL. ÉL llega a casa de ELLA, llama a la puerta pero no hay nadie. ELLA llega a casa de ÉL, llama al timbre pero no contesta nadie. ÉL la llama al teléfono, desesperado, justo cuando ELLA, desesperada, le llama a ÉL. Comunican. Abatidos deciden volver a sus casas. ELLA en metro y ÉL en taxi. Ya en sus respectivos hogares, ambos sollozan y sin muchas esperanzas, se llaman por última vez. El último intento. Comunican. Muerto en vida, ÉL se toma un Valium 10mg y ELLA, presa de la desolación, toma un Transilium 10mg para relajarse. Duermen.  Por la noche, por fin,  se encuentran en sus sueños.


FELIZ AÑO NUEVO A TODOS. ESPERO QUE NOS ECONTREMOS.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Bonnie & Clyde


Hicimos un agujero en el suelo para llegar al piso de abajo. Sólo para probar. La cosa funciono de maravilla. Vivíamos encima de un Supermercado Caprabo y gracias al agujero podíamos bajar por la noche y robar todo lo que quisiéramos. Era alucinante entrar con nuestras linternas y coger ese jamón que nunca podíamos pagar y esa carne que nunca habíamos probado. Nos llevábamos el queso y los embutidos más caros, los helados "premium", los productos de "gourmet" y un par de botellas de Chivas. Luego, subíamos otra vez a casa por el agujero y poníamos la tapa (encajaba perfectamente) y nos dábamos el atracón del siglo. Los del Caprabo nunca se darían cuenta, además, pronto nos mudaríamos a vivir encima de una joyería.

jueves, 24 de noviembre de 2011

El increíble Mr. Charles Watts y la maravillosa Elaine Laine

La sala de espectáculos está llena hasta los topes, Mr. Charles Watts (The Stream Light Man), aparece con su bata de luchador de boxeo en el centro del escenario, acogido por una tremenda ovación.
Justo cuando Mr.Charles Watts se quita la bata, las luces se apagan, dejando al público sumido en la más oscura oscuridad. Poco a poco, en mitad del escenario, una pequeña luz empieza a crecer. Aunque algunos incrédulos se sienten engañados por sus propios ojos, lo cierto es que la luz proviene del pene de Mr. Charles Watts, que empieza a brillar con inusitada fuerza, iluminando la cara embobada de todos los presentes.

El fulgor del miembro de Watts llega a ser de una claridad tan intensa que obliga a los espectadores a protegerse con gafas de sol para no quedarse ciegos. En ese preciso momento, entre "aaaaahhhhs" y "oooohhhs", aparece vestida con la más ligera de las gasas, la atractiva y fabulosa Elaine Laine, la famosa ayudante de Mr. Charles Watts. El público se pone en pie y aplaude en fervoroso éxtasis. La escultural modelo se desviste con soltura y se queda totalmente desnuda frente a la potente torcha luminosa del pene de Mr. Charles que sigue aumentando exponencialmente de tamaño y luminosidad. Elaine Laine sonríe con malicia, saluda al distinguido público y en un ágil y sinuoso gesto, engulle con su sexo la poderosa fuente de luz.

De pronto el milagro se hace real. La fantasía es un hecho. Ver para creer. Creer al ver. El local se ilumina de una luz nunca vista, de un rojo cálido palpitante, que convierte la sala en un auténtico templo del amor. Nadie presente olvidará nunca el cuerpo, ahora transparente de Elaine Laine, proyectando su anatomía interior convertida en divina luz. Señores y señoras han visto en directo, ni más ni menos que a Charles Watts, el hombre bombilla junto a la deliciosa Elaine Laine, la mujer lámpara.


dedicado a Ruth Uve

domingo, 5 de junio de 2011

Insaciable


Empujamos nuestros cuerpos con toda la fuerza de la que somos capaces. Yo grito para no correrme y le tiro del pelo para que ella tampoco lo haga. Mi organismo tiembla por el esfuerzo, y las sabanas se pegan con los miles de litros de nuestro sudor. Ella me clava los ojos y sin palabras me pide más. Mucho más. Acelero el ritmo con mis caderas y me impulso con todas mis fuerzas en su interior. Los músculos me queman, y mi pene (algo dolorido) se encuentra tan dentro suyo que temo romperle las paredes de sus adentros. Ella se excita como un hervor y yo continuo empujando freneticamente con tanta fuerza que pienso que voy a desmayarme. Estoy agotado, llevábamos tres cuartos de hora de sexo salvaje... Tengo que parar. Salgo de su cuerpo (¡plop!) y me echo a un lado con mi polla erguida. Ella, sin pensarlo, se lanza, boca abierta a chuparmela sin compasión y yo noto como mi corazón está a punto de explotar. Sino descanso, voy a morir. La freno:
- Un momento
- ¿Qué ocurre?
- Nada mi amor, tengo que ir un momento al baño.
- Pero, ¿volverás?
- Claro. Prepárate porque esto no ha echo más que empezar.
- ¿Guapísimo?
- Sí?
- ¿Traerás un poco de agua?
- Claro, corazón traeré agua y amor en grandes dosis.
Ella sonríe maliciosa. Pude ver en su cara la bestialidad de sus antepasados en la época de Neardenthal, y eso me asusta mucho. Salgo de la habitación y me voy a la cocina. Casi no pudo caminar, apenas me queda resuello.

En la cocina, está mi otro yo. Una obra perfecta de la genética moderna. Me saluda mientras apura un zumo de piña con red bull. Vamos vestidos iguales (unos viejos calzoncillos) con el pelo cortado igual, con la barba a medio afeitar igual. Él tiene un aspecto fresco y vigoroso y yo tengo el aspecto de un corredor de marathon deshidratado.
- ¿Qué tal lo llevas?
- Tendrás que darle caña.
- Haré lo que pueda.
- Animo.
Mi otro yo me abraza y luego se marcha hacía la habitación.
- ¡Ey! ¡Un momento!
- ¿Qué ocurre?
- Llevále un vaso de agua.
- Okey. Alguna cosa más.
- Que la suerte te acompañe.
Mi otro yo se va con el vaso y entra en mi habitación. Les oigo hablar un ratito y luego empiezan a follar como locos. Fue una muy buena idea comprarme (secretamente) un clon para satisfacerla. De otra manera hubiera sido imposible. Imposible.
Me preparo un zumo de piña con red bull, y me como un par de huevos duros.

Al cabo de media hora mi clon aparece en la cocina, su estado es lamentable, desnudo, empapado en sudor, lleva el pelo despeinado y creo que le tiembla la ceja. Me abraza y yo le pregunto:
- ¿Qué tal lo llevas?
- Estoy sin aliento, tendrás que darle caña...
- Dios, haré lo que pueda.
- Llévale una cerveza.
- Okey.
- ¡Ah! Le he dicho que cuando volviera practicariamos sexo anal.
- ¡Joder tío!
- Lo siento... se me ha escapado.
- Bueno, haremos lo que podamos.
Me despido de mi clon con un abrazo. Me saco los calzoncillos y entro en la habitación. Ella me mira con el deseo al máximo. Me lanzo en sus brazos, como un cristiano a un león. Ella me susurra:
- Eres mi mejor amante.
Yo la beso y la muerdo mientras pienso en adquirir otro clon. Con dos no es suficiente, eso está claro.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Un nombre normal

Muerte Segura Campos tuvo que aguantar la burla y la incomprensión desde el día en que nació. Su padre estaba completamente borracho cuando acudió al registro. Le preguntaron cómo quería que se llamara su hijo y él no dudó en responder "mi hijo se llamará Muerte"
Su madre, totalmente compulgida, se desgañitó delante de impasible administración pero en aquella época los nombres eran algo sagrado y no se podían cambiar.

Los años escolares fueron especialmente difíciles. Muerte, intentaba esconder su nombre, pero tarde o temprano las listas escolares le delataban. Carlos, Luis, María, Antonio y entre miles de carcajadas, burlas y aullidos, el nombre de Muerte. Había dos tipos de compañeros de clase: Los que le hacían el vacío, asustados por la negrura de su nombre y los que se mofaban de él sin compasión. Nadie se sentaba a su lado y cualquier día era un buen día para que Muerte se encontrará en el interior de su mochila a un pájaro degollado, la calavera del esqueleto laboratorio de química o cualquier otra salvajada, mientras oía, a lo lejos, las risas de los que nunca serían sus amigos.

En la universidad las cosas fueron distintas. Muerte pudo esconder su nombre durante los primeros meses. Hizo algunos amigos y en una fiesta, conoció a Ana. Le mintió, como a los demás, le dijo que se llamaba Juan. Ana se quedó prendada de la mirada inocente y llena de bondad de Muerte que a su vez se quedó atrapado por los ojos azules y la sonrisa abierta de aquella chica.
Se enamoraron el uno del otro y el otro del uno. Y con el primer beso se dieron cuenta que habían encontrado el amor para el resto de sus vidas.

Todo se vino abajo, cuando el nombre de Muerte Segura Campos apareció en las listas del primer examen del curso. La gente, dejó de tratarle con normalidad, y como siempre, empezaron a tenerle miedo y a reírse de él. Muerte, no se atrevía a contestar las llamadas desesperadas de Ana, se sentía avergonzado y culpable por haberla mentido y, por si fuera poco, hasta él había empezado a pensar que su compañía podía ser mortalmente peligrosa.
Ana le esperó en la puerta de su casa y cuando Muerte salió, le pidió explicaciones. Muerte le dijo entre lloros que escapará. Que se fuera corriendo. Pero Ana que estaba enamorada de aquel chico con problemas, retraído y de dulce carácter, le dijo lo más bonito que Muerte jamás había escuchado:"¡Tú eres mi vida!"
Se casaron en una boda muy íntima. Cambiaron el discurso y en lugar de decir "hasta que la muerte os separé" dijeron "hasta que el peor de los infortunios os separe". Eran una pareja feliz y Ana demostraba día a día que vivir con Muerte no representaba ningún peligro.

Justo cuando Ana se quedó embarazada, apareció por fin una nueva ley que permitía cambiar en el registro los nombres dañinos u ofensivos para su poseedor.
Muerte se vistió con su mejor traje, se despidió de su mujer y se dirigió en busca de su nuevo nombre. Mientras viajaba en metro hacia el departamento de inscripciones, se debatía entre sus nombres preferidos con los que había soñado toda la vida. Juan, Héctor,Andrés, Carlos, Luis, Ander....

La sala de espera del registro estaba llena hasta los topes de gente como él , poseedores desde su nacimiento de un apelativo maldito. Una funcionaria fue llamando de uno en uno a los presentes:
Allí estaba Dolores de Vientre, Zoila Vaca Del Corral, Benito Camelas, Septimia Septimo, Eva Fina Segura, Eufemiano Matraca Roca, Abundio Verdugo de Dios, Clara Boya Mar, Eufemisio Cutre Glande, Blanca Cabello Rubio, Jon Kenedy Gutierrez...
Aquellas personas desaparecían por la puerta con la cabeza gacha y, al rato, volvían a salir con la cara iluminada, llenos de paz y alegría. Habían dejado su ridícula personalidad y ahora podían enfrentarse al mundo con un nombre adecuado. Ahora formaban parte de la sociedad y se sentían ciudadanos normales. ¿Normales? La cabeza de Muerte le daba vueltas. ¿Iba a cambiar su nombre singular por un nombre vulgar, común y repetido? ¿Cuántos Juan había en el mundo? ¿Cuántos Luis? ¿Cuántos Ander? ¿Iba a convertirse en uno más?
"¿El señor Muerte Segura Campos?". Anunció la secretaria. Muerte se levantó y entró en el despacho. Una funcionaria le pidió el formulario y le preguntó qué nombre quería tener. Y él contestó con voz grave:Lo siento, me he equivocado. Yo me llamo Muerte. La secretaria estuvo a punto de poner un impedimento pero Muerte la fulminó con su mirada. Asustada se calló en seco, Muerte, se levantó y se marcho del edificio.

En la calle, por primera vez en su vida, se sintió orgulloso de su nombre: ¡Muerte! ¿Podía existir algo más poderoso? Estaba por encima de los demás y se rió de su nombres ridículos: Hector, José, Juan, Luís... todos parecidos, la mayoría repetidos.
De repente se paró en medio de la calle, levantó la mano y chasqueó los dedos. En ese instante todos los que se habían reído de él, los que le habían temido o señalado, murieron súbitamente. Por fin el mundo era reconfortante... Se acordó de su padre y entre dientes le perdonó. ¡Pobre diablo!
Llegó a su casa y abrazó, con todas sus fuerzas, a su mujer embarazada. Ella, que siempre había querido a su marido tal y como era, le pareció perfecto que no se cambiara el nombre e incluso celebró la idea de llamar a su hija Pandemia.



jueves, 25 de noviembre de 2010

Muerte en Barcelona

A todo el mundo le pasa desapercibida pero en uno de los asientos traseros del autobús de línea, sentada, con su pequeño bolso encima de las rodillas, está Dolores, mirando las cosas por la ventanilla pasar. La noche vence al día y el paisaje se llena de puntitos de luz. Cada luz es un hogar, con una familia, con unas personas que sufren o ríen o lloran... Pero vistas desde lejos, sólo son unas bonitas lucecitas ajenas a la vida que contienen. Dolores piensa que es así como Dios debe contemplar su creación y que por eso, a veces, no es consciente de todo el sufrimiento que hay en el mundo. ¡Desde lejos se ve todo tan distinto!
Dolores tiene el corazón en un puño, lo tiene desde que empezó a planearlo todo con Jacinta. El viaje, la pensión, el dinero… Pero Jacinta no ha venido. En el último momento, la muy boba, se acobardó: “Ya no somos unas niñas” le dijó enrocada. ¡Pues menudo descubrimiento!

Los árboles, la carretera, las casas se convierten poco a poco en un paisaje urbano, gris, lleno de semáforos, señales y edificios. El autobús ha llegado a Barcelona; Dolores espera a que todo el mundo baje y le pide, al conductor, que le ayude a descender por los gigantescos peldaños del autobús; el conductor extrañado le pregunta: ¿Nadie le acompaña? ¿Nadie le espera?

La gente es buena, piensa Dolores. Siempre lo ha pensado, aunque algunas veces haya estado a punto de dudarlo. Desde la ventanilla del taxi, la ciudad se le antoja enorme, gigantesca, construida en vertical como las catedrales. Es un pensamiento de vieja y pueblerina, pero las cosas han cambiado una barbaridad... El taxista la acompaña hasta la puerta de la humilde pensión, cuya dirección, Dolores tiene apuntada en un pequeño papel. La estancia es pequeña pero limpia, aunque huele a rancio como si se tratara de un armario cerrado. Dolores se sienta en el borde de la cama y acaricia la colcha. La ropa planchada siempre le ha gustado, le transmite tranquilidad, sosiego… La última vez que vino a Barcelona fue con Marcelino su marido que en paz descanse. Marcelino. El bello Marcelo. Treinta años de matrimonio y ahora, es sólo una foto en un recordatorio. Una cara congelada como un actor de cine, sonriente y muerto. Si él estuviera aquí las cosas serían distintas; distintas pero no mejores.

El sonido de una ambulancia despierta sus pensamientos: Está rota y tiene que comer algo. Saca de su pequeño bolso un yogurt y un “sandwich” de jamón York, envuelto en papel de plata. En el supermercado le han dicho que ese tipo de yogurt no necesita nevera. Es innegable. Las cosas han cambiado. ¡La verdad es que está rico! Tira el vaso de plástico y el papel de plata en la papelera del baño y limpia las migas de encima de la cama. Los riñones la están matando. Se quita el vestido y se aplica unas friegas de Trombocid; no sirve para nada pero su olor a farmacia antigua le hace compañía. Dolores trae consigo un pequeño despertador , no fuera a dormirse en un día tan importante. Se mete en la cama casi vestida, (se ha acostumbrado a esquivar así su desnudez) y busca una postura en la que el cuerpo no se queje del todo y cierra los ojos...

Marcelo
no había sido su único y primer amor. Se enamoró de verdad, por primera vez, en la escuela, cuando abrió su nuevo libro de religión. Allí vio una ilustración que nunca podría olvidar. La de un hombre distinto que no pertenecía a su época pero que le resultaba familiar y accesible. Bello, alto, lleno de gracia y bondad, Jesús le pareció tan atractivo que se quedó prendada para siempre. Por la noches, avergonzada, repasaba las ilustraciones de aquel libro con el corazón hinchado de amor, jurándose, convencida que a partir de ese momento sólo viviría para él y por él.

...Dolores, coge su rosario del bolso y lo acaricia. Hoy lo necesita más que nunca. Sus cuentas, echas a mano, con flores de rosas, nunca pierden su olor. Empieza a rezar, y en el primer misterio, en la quinta avemaría se queda dormida…

Dolores se despierta temprano, un poco antes de que su despertador suene. Ha soñado con la casa de los abuelos, con su madre y con sus primos. Ha sido como pasear por un álbum de fotos convertido en un pesebre viviente. Un regalo de nuestro señor, una señal de que está haciendo lo correcto. Sin mirarse, se viste, se peina, se perfuma con Lavanda y sale a la calle.
Hay gente por todos lados. La mayoría, arreglados, con sus hijos, sus familias. Algunos llevan banderas de España, del espicopado, de Catalunya. Dolores, tiene ganas de llorar pero se las traga y sigue caminando ,despacito, hasta dónde la multitud se agolpa. Un centenar de policías le vigilan detrás de las vallas. Le parece exagerado. ¿Quién querría hacerle daño a alguien tan bueno? ¿A alguien que representa la bondad y la fe?
La calle está lista para que pase la comitiva con el papa móvil y ella: Dolores Camposanto, está lista para encontrarse con el papa Benedicto XIV. ¡Qué tonta ha sido Jacinta! ¡Se lo va a perder! Las cosas de repente, dejan de tener peso, las piernas, los riñones dejan de doler, la vejez ha desaparecido, y se siente joven y bella. El rumor de la gente anticipa la llegada del pontífice. Pasan aullando una docena de coches de policía y entre las sirenas , Dolores, recuerda como conoció a su marido y como se enamoró de él a primera vista; de su sonrisa, de sus galanterías... del helado de “tutti fruti” que comieron mientras él insistía en volverla a ver a menos que el suelo no aguantará sus pasos. Recuerda su primer beso, que le supo a caramelo de café. Recuerda sus sueños de novicia luchando contra su nuevo amor. Ilusa, joven e ingenua cayendo en lo que aún considera pecado. Y la boda y los remordimientos y como aquel hombre se convirtió en seco y distante. Pero también recuerda a su hija, a su preciosa hija... La primera vez que la vio parecía un angelito de aquellos de los cuadros de la iglesia. A lo lejos un coche blanco con una vitrina se acerca a toda velocidad. Ahora, su hija vive en el extranjero y la llama de vez en cuando. Ahora, su marido está muerto y enterrado. Dolores se coge con tanta fuerza como puede a su escapulario de rosas y el coche blindado, con el Papa Benedicto XIV en su interior, pasa frente suyo, como un soplo de viento, a toda velocidad. Y se esfuma de izquierda a derecha dentro de su cúpula móvil. A duras penas puede reconocer su cara y su gesto y se apodera de ella una profunda y callada decepción. ¡Ni tan siquiera le ha podido buscar la mirada…! La gente aplaude y vocifera pero Dolores da media vuelta y se aleja del camino. En su imaginación el papa le da la mano y ella le ofrece su escapulario de rosas y él le perdona sus pecados. Pero aquello no es real…¿Por qué todo ha sido tan rápido y veloz?

Los riñones vuelven a torturarla y se siente mareada, perdida, entre las miles de personas que ahora le parecen aterradoras, amenazantes. Deshace el camino de vuelta al hotel y llega mecánicamente hasta su habitación. Le han hecho la cama. Agotada, se sienta en el borde y aprieta con fuerza la ropa planchada. El dolor es insoportable. La soledad la envuelve por completo; se acuesta en la cama y llora. Llora como hacía siglos que no lloraba. Llora por la indiferencia del Papa, por los viejos tiempos, por su niñez, por los que ya no están pero sobretodo, por fin, llora por ella...

El aire fresco que entra por la ventana le devuelve la razón. Se seca las lágrimas con un pañuelo de seda. Se ha sacado un peso enorme de encima. La espalda la apuñala por detrás pero ya no le duele como antes. El dolor ha quedado en un segundo plano. De pronto piensa que por fin le ha ganado. Ha vencido a su propio nombre. Luego siente un profundo desprecio por todas las cosas de este mundo, menos por su amor verdadero, del que se enamoró cuando era una niña leyendo un libro en clase de catequesis. Ella le abandonó, le dio la espalda, pero ahora él está a su lado, sentado en el borde de la cama,le mira con bondad, le acaricia el pelo, la acompaña con dulces susurros que sólo ella comprende.... Las cosas de lejos son distintas, pero él la mira ahora de tan cerca… Y entonces, Dolores, toma una profunda decisión: Ya no saldrá nunca más de aquella habitación, se quedará allí, echada en la cama, como una niña, en la compañía de Jesús, para siempre.

domingo, 24 de enero de 2010

Chikipark - (microrelato)

Cada Domingo, Carlos acompaña a sus hijos y a su esposa al Chiquipark. Cada Domingo, Carlos se desespera en este maldito sitio de colores saturados. Cada Domingo, sentado en una mesa de plástico frente a su mujer sorbe un refresco a base de extractos. Cada Domingo, espera a que los niños se agoten de jugar en el castillo hinchable, el chiqui Gol, los toboganes y la piscina de bolas. Cada Domingo su esposa lee un dominical mientras él se distrae con las migas de un sandwich y suspira por una vida mejor. Cada Domingo, al cabo de unas horas sus hijos le abrazan extenuados y vuelven a casa. Cada Domingo, la angustia de un Lunes traidor corroe su intimidad y le recuerda que su vida no tiene sentido. Cada Domingo, sus hijos y su esposa duermen, pero él no.

Hoy vuelve a ser Domingo y Carlos sabe que no podrá soportar otra tarde en el Chiquipark, pero frente a su oposición, su esposa le recrimina aquello y lo otro y le chantajea emocionalmente de tal manera que Carlos acaba cediendo.
Carlos sorbe su refresco dulzón a base de extractos, su esposa lee la prensa, los niños juegan en las instalaciones. Carlos sabe que esta llegando a su límite. El alboroto de los niños jugando es insoportable, la sonrisa socarrona de su mujer, cuando le mira para pedirle auxilio le recuerda que está solo. La tristeza es infinita. Algo en su cabeza está a punto de estallar (una conexión neuronal quizás) y cuando eso ocurra ya no habrá vuelta atrás.
Carlos centra la mirada en el interior de su bebida azucarada pero la presión es insoportable.
Las cosas han llegado a su límite. Es el fin. Carlos fuera de si se levanta de la mesa. -¡Basta!- Su mujer le mira por encima de la revista, extrañada. Carlos se acerca a la piscina de bolas dónde sus hijos retozan y juegan inocentemente. La presencia amenazadora de Carlos detienen el juego, los niños se dan cuenta de que su padre es un extraño, un desconocido y eso les asusta. Una niña con coletas rompe a llorar. Carlos les mira desafiándoles, se quita la chaqueta, cierra los puños, aprieta los dientes y repentinamente se lanza a la piscina multicolor. Cuando el cuerpo de Carlos entra en la piscina, las bolas salen disparadas por todos los lados y Carlos queda espatarrado, levemente enterrado por las esferas de colores. Hay un silencio. Sus hijos le miran con la boca abierta, no dan crédito. Los otros niños se quedan inmóviles, sin habla. Carlos se levanta eufórico y grita: -¡Venga! ¡Juguemos todos, joder! ¡¡¡¡Juguemos todos!!!!!

viernes, 2 de octubre de 2009

Falsa alarma (microrelato)


Amanece. Me cuesta despertarme. Hace frío y me duelen los huesos. Daría mis muelas por no tener que salir de mi mullido, cálido y confortable útero de sábanas y mantas. .¿Qué día es hoy? No tengo ni idea. Mi cabeza se pone en marcha lentamente como un ordenador antiguo. Es invierno, eso está más que claro. Me aprieto contra mi amigo edredón , puedo escuchar el crujir de sus plumas en su interior. De repente, recuerdo la fatídica realidad. ¡Dios! ¡No! Hoy es Navidad. ¡Hoy es Navidad! ¡Qué pereza! No quiero que sea Navidad. Me agarro a mi almohada y la aprieto con tanta fuerza que al final se queja. 25 de Diciembre.
No quiero escuchar villancicos, recibir regalos, comprarlos, ni ver anuncios de juguetes, ni hacer cola en el Fnac... no quiero estar en casa de mis recalcitrantes padres, ver pesebres llenos de musgo podrido, ni esnifar esa mierda blanca que se pone en los cristales para que parezca que ha nevado... El olor apestoso a turrón de melancolía me aprieta el cuello, se convierte en un moco y creo que voy a....
¡Un momento! Saco el brazo del fondo de mi edredón polar, la atmósfera es cálida...¡Qué raro! extiendo el brazo hasta mi mesilla para alcanzar como un bastón de ciego mi reloj Casio de 18 euros. Entreabro un ojo y miro la hora: Las 14.45. ¡Uf! No tendría que haberme tomado ese último Sex on the Beach . ¿Y la fecha? Mmmmmm.... Sábado 3 de Octubre. Mi brazo cae a plomo encima de la cama. Cierro los ojos. Sonrío. Disfruto del momento. Un estado de relajación tántrica se apodera de mi. ¡Es tan rica! No es navidad. Eso está bien. Muy bien. Gracias Dios. La vida me sonríe.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Una mañana difícil. (microrelatos imposibles I )

Carlos Campos llega a la oficina quince minutos tarde con un aspecto terrible. El Jefe, indignado, requiere su presencia. Carlos acude a su despacho totalmente despeinado, con su traje arrugado y la corbata sin anudar... - Tome asiento - le dice el jefe y acto seguido empieza su discurso: - Sr. Campos, esto no puede ser. En esta empresa la puntualidad es un valor que tenemos muy en cuenta. Su aspecto deja mucho que desear. Espero que esta falta tan grave no se repita.... -
Carlos le interrumpe con un gruñido. Su Jefe le mira extrañado. Repentinamente Carlos sufre un brusco espasmo que casi le tira de la silla. - ¿Se... se encuentra usted bien? - le pregunta el Jefe asustado. Carlos no puede contestar, su garganta está bloqueada y no puede respirar pero utilizando gestos le dice a su jefe que se encuentra de maravilla; este carraspea y se dispone a seguir sin darle más importancia: - Pues lo que le decía, en esta empresa... - El siguiente espasmo de Carlos es todavía más fuerte y difícil de disimular. Carlos golpea la mesa con sus piernas y hace caer algunos objetos, un marco con la foto de la esposa del jefe, un pisapapeles con el "logo" de la empresa, un "souvenir" de la torre de Pisa... La cosa se esta yendo de madre y a Carlos le sobreviene una arcada que le deja unos eternos segundo con la boca abierta. El jefe pulsa un botón de la mesa y habla a un intercomunicador: - Teresa, puedes traer agua, es urgente.- Carlos se repone y pide excusas asfixiado. - ¿De verdad se encuentra usted mejor?- Carlos, rojo como un tomate asiente con la cabeza. Teresa la secretaria entra con una bandeja con una jarra de agua y algunos vasos. Cuando se dispone a dejarlos en la mesa, Carlos se levanta de golpe y se golpea con ella. La bandeja cae al suelo, la jarra y los vasos se rompen estrepitosamente. Carlos se apoya en la pared y con gran esfuerzo empieza a vomitar algo sólido. Su boca se abre espantosamente para dejar paso a algo enorme que sale de su cuerpo. La secretaria, asidua amante del jefe, se agarra a la espalda del jefe que la protege con su cuerpo. Carlos, entre jadeos y regurgitaciones arroja fuera de si un enorme trozo esponjoso lleno de babas. Sin aliento, Carlos se desliza por la pared hasta quedarse en el suelo agotado y avergonzado. Cuando el jefe y la secretaria se acercan a la extraña forma que Carlos ha vomitado , descubren atónitos que se trata de una almohada individual, seguramente del Ikea, con su funda de color beige y su blonda azul marino. Carlos les mira desde el suelo con los ojos llorosos y la cara enrojecida por el esfuerzo. Arrepentido y con un hilillo de voz logra decirles: "Intenté no llegar tarde.... pero fue imposible."


Inspirado en un fragmento de un guión (que no tiene nada que ver) escrito por Sergio Sánchez y J.A.Bayona.

lunes, 27 de abril de 2009

I Just Wanna' Be Your Dog (minirelato VI)

Ilustración de M.B.


Todo empezó en la mitad de mi depresión. Llevaba cinco días enterrado en mi cama cuando escuché una vocecita al otro lado de mi casa. A medida que me acercaba al comedor la voz se hizo mucho más comprensible y pronto descubrí que provenía del interior del sofá. Asustado, aparté los cojines. Allí estaba; lloriqueando como un niño pequeño, tu pendiente de plata preferido. Se te debió caer la última vez que visitaste mi casa. Cuando tú y yo aún nos llevábamos bien. Suspiroso, recordé tu nuca de canela, tu mirada piezoélectrica y me estremecí al recordarte feliz, sonriendo divertida en… Los gritos del pendiente interrumpieron mi imaginación :- ¡Ha sido horrible!…. ¡Devuélveme a mi dueña! ¡La echo de menos!- y rompió a llorar como un bebé.
Me asusté. Aquello no era normal, los pendientes no hablan… Utilicé la técnica infalible de hacer ver que todo aquello no había pasado y presto, me metí en la cama dispuesto a dormir y a olvidar. Antes de cerrar los ojos, otra vocecilla se dirigía a mí: "Vámonos". ¡No podía ser! Ahora la voz provenía de mi chaqueta que descansaba en una silla, me levanté de la cama y acerqué mi oído: -¡Vámonos!- Muerto de miedo le pregunté: -¿A dónde?- y la chaqueta contestó:-A la calle-
Me fui corriendo al baño a lavarme la cara pero enseguida escuché a la ducha decirme:- Límpiate- Me puse a temblar y me quedé en un rincón del baño mientras oía como el jabón insistía en que me lavara y la toalla me pedía lascivamente que me restregara con ella. Aterrorizado les hice caso. ¿Qué otra cosa podía hacer?
Adecentado, salí a la calle. Los semáforos gritaban-¡No! ¡No pases!- y luego volvían a gritar.-¡Ahora! ¡Sí! ¡Pasa!- Dios mío. Me tapé las orejas y corrí despavorido por la ciudad pero las aceras gritaban como locas:-¡A la derecha! ¡A la izquierda!- y yo no podía hacer nada más que acatar sus órdenes. Al final me encontré frente a tu casa. El telefonillo me interpeló con voz metálica:-Llama- me dijo. Llamé. El ascensor y las escaleras insistieron en que los utilizara. Las escaleras hablaban de lo sano que era subirlas y el ascensor de lo rápido y cómodo que resultaría utilizarlo. Subí corriendo mientras oía al ascensor insultarme. Las llaves que me habías dado hacía un tiempo gritaron desde mi bolsillo:-¡Abre la puerta!- Utilicé las llaves pero no encajaban. La cerradura estaba cambiada. La puerta me dijo que la golpeara con insistencia y eso hice. Al final abriste. Te sorprendió verme allí después de tanto tiempo. Te conté que los objetos me hablaban y que me habían traído hasta ti. Creo que no lo entendiste. Luego te devolví tu pendiente llorón que suspiró aliviado. De pronto tu vestido me dijo que lo estrujara y empezaste a gritar y a golpearme. ¡Tus braguitas me decían cosas tan bonitas! Los vecinos, alertados por tus gritos, llamaron a la policía. Sus pistolas me amenazaron de muerte y tuve que calmarme. El médico no entendió nada. Finalmente, me encerraron en esta pequeña habitación con una camisa de fuerza que no para de hablarme de lo mucho que te quiero y una pared acolchada que todo el rato me pide lo mismo: - ¡Golpéame! ¡Golpéame más fuerte!-

domingo, 15 de marzo de 2009

creepy love (minirelato V)


Todo empezó de golpe, sin avisar, justo después de que ella se fuera. Las primeras noticias que emitió la televisión eran tan alarmistas que uno pensaba que formaban parte de alguna película o de algún estúpido show televisivo.
Los zombies habían tomado la ciudad. Las calles estaban llenas de monstruos semi-vivos que se lanzaban encima de cualquier inocente en busca de su comida favorita: carne humana.
Hace dos meses y tres días que permanezco encerrado en mi casa sin ningún contacto con ningún ser humano. Los teléfonos no funcionan, la luz tampoco (eso incluye televisión, estufas, nevera....). Cuando los muertos empezaron a salir de sus tumbas atranqué las puertas y ventanas con la madera de unas estanterías para que los malditos zombies caníbales no pudieran entrar. Cada noche los cadáveres vivientes se dejan las uñas, olisquen las rendijas muertos de hambre, golpean con sus cabezas las paredes, las ventanas e intentan introducirse en mi casa y acabar conmigo.
Durante casi todo el tiempo me escondo debajo de la cama, aferrado a un cuchillo de cortar carne (mi única arma) mientras anhelo el mundo tal y como era antes: Llamadas al móvil, desayunos con prisa, trabajo hasta las tantas, transporte público abarrotado, cena y vino en alguna tasca... y la vida cotidiana con mi novia. Mi novia... ¿Cuántas veces mi vida me había parecido algo inútil…? ¿Cuántas veces había despreciado lo que tenía? ¿Y ahora….?

Aún puedo recordar la discusión, cuando la eché de casa. Fue una discusión absurda. Nos gritamos como locos. Su presencia me asfixiaba, necesitaba pensar. No la escuché y le dije que no quería verla nunca más. La vi alejarse como una muñeca rota por el espiral de las escaleras. Cerré la puerta y me alegré de encontrarme solo. Encendí la televisión y…. empezó todo. ¡Con qué estúpida lección macabra me castiga la vida! ¿Qué habrá sido de mi amor? Me comporté como un idiota y ahora mi destino consiste en pagarlo con mi soledad, mi culpabilidad y el miedo a ser devorado por los muertos.

Hace tres días que la comida se ha terminado. Por eso tomo la difícil decisión de salir al exterior a buscar provisiones y, por qué no decirlo, encontrar a mi chica.
Saco las maderas que obstaculizan la entrada y bajo a la calle. Está desierta. Nadie acecha. No se si localizar una tienda de comida o quizás dirigirme directamente a casa de ella. De repente una horda de zombies hambrientos empieza a perseguirme. Vuelvo a casa y me encierro dentro. Pero algunos muertos ya se han colado en mi edificio y me atacan sin piedad. Aunque propino algunos cuchillazos, enseguida me doy cuenta que es imposible matar a un muerto. El terror me paraliza y los zombies empiezan a devorarme como si les fuera la vida en ello. Me arrancan la piel a tiras y muerden mis venas para chupar mi sangre. Antes de cerrar los ojos y dejarme llevar por la oscuridad. Reconozco entre aquellas bestias la cara de mi amor. La chica que había despechado, se ha convertido en un zombie y ahora arranca a mordiscos mi cuerpo. Me abrazo a ella con todas mis fuerzas. Ella hunde sus mandíbulas en mi garganta. Es genial. Ahora lo comprendo. Estoy muerto desde que se fué y ahora ella es la única que puede devolverme a la vida. Volvemos a estar juntos. Y ahora es para siempre.

miércoles, 4 de marzo de 2009

cita a ciegas (minirelato IV)

¡Estaba tan nervioso! Había llegado diez minutos antes para ocupar el mejor sitio de la coctelería. Se pidió una cerveza para que el calor del alcohol se aposentara en su estomago y le diera fuerzas. Nunca había quedado con nadie que hubiera conocido en Internet. De hecho no conseguía recordar ninguna cita en su vida. Las cosas del amor se le habían escapado. Era tímido, poco agraciado y no tenía la confianza que se necesita para seducir a alguien. Pero con ella era distinto. Ella le daba confianza. Recordó las largas charlas por messenger. Se lo habían contado todo. Habían conectado y se sentían cercanos el uno al otro. Aunque, eso sí, nunca se habían visto físicamente. Se miró al espejo. Veía su cuerpo enorme, orondo, grueso. No era un tipo atractivo, ni mucho menos guapo y encima estaba gordo. El espejo no mentía: su piel era dura y llena de arrugas. Sus pequeños ojos le parecían ínfimos comparados con su enorme cara y todo el conjunto tenía un aspecto mas bien ridículo aunque siendo benevolente (y ahora tenía que serlo) podía llegar a parecer simpático. Se imaginó que ella era horrible. Luego se imagino que ella era bellisima y ambas cosas le asustaron. "La belleza exterior no importa" le había tecleado la noche anterior, pero ahora no estaba seguro de que aquello fuera verdad del todo. ¿Cómo sería ella? Después de casi un año la curiosidad había vencido al miedo. ¿Pero por qué no le había pedido una foto? No era elegante. Esas cosas se piden el primer día. Además en el momento que él se la hubiera pedido él también tendría que haberle enseñado una y él era gordo y feo…. Volvió a beber. La amargura de la cerveza substituyó la suya y le devolvió la confianza. Se acomodó en la silla que se le antojaba muy pequeña, luego carraspeó y con una servilleta de papel se secó el sudor frio de la cara. Tiró el papelito y lo encestó en una lejana papelera. Eso le devolvió el optimismo. En el fondo se gustaban y estaban hechos el uno para el otro. Nada podía fallar. En un minuto entraría la chica de su vida, le miraría a la cara y la besaría profundamente. Se habría acabado la soledad y la tristeza. Pronto podría pasear de la mano de su novia. Se casarían, comprarían un piso y tendrían hijos. Bueno, esperarían un año. Así podrían disfrutar de la vida antes del sacrificio de los hijos. Sería un hogar delicioso. Lleno de amor y afecto. Sí. Aquello iba a funcionar. Sí. Sí quiero. Sí a todo.Le encantaban las cosas que ella le decía; le ayudaban desde hacía un año a enfrentarse a la vida. Le daban ánimos. Ella era su mentora, su confindente, su cariño e incluso su amante cibersexual. Sí. Aquello saldría bien. Viajarían a París, a Nueva York, a miles de sitio. A él no le gustaba viajar pero lo haría por ella. Por ella haría cualquier cosa. Sí. Estaba enamorado de una chica que no había visto nunca y que no le había visto nunca a él... pero daba igual. La quería. "El amor está en el interior" y ella sabía ver su interior. Le pidió otra cerveza al camarero con un gesto. Pero antes de que pudiera traerla, la puerta de la coctelería se abrió... ¡Dios! No podía ser. Era ella. Llevaba una flor en el pelo y él tenía un periódico en la mesa como habían acordado. Sintió una irrefrenable tentación de esconderlo pero ella ya lo había visto. Se acercó a él, se miraron... Aquello no podría funcionar. Ella era... ¡una cabra! Sí. Una cabra montañesa. Se quedó frente a él y le miró con sus ojos lechosos. No sabía que decir. Ella parecía también muy sorprendida. ¡Una cabra! Aquello era demasiado. ¿Cómo podía estar enamorado de una cabra? ¿Cómo iba a tener hijos con ella? ¿Cómo lo harían en la cama? ¿Cómo viajarían? ¿Cómo serían sus suegros? La consternación se apropió del momento hasta que la cabra le dijo con voz gangosa: - Hola-
Sus piernas le gritaban: - ¡Corre, huye!- pero su corazón se acordaba de los buenos momentos que habían pasado juntos. Ella se dió cuenta de todo y le dijo:- No esperabas que fuera una cabra, verdad?- Él asintió tímidamente con la cabeza. Ella se entristeció y escondió la mirada. Ahora parecía más un borrego que una cabra. A él le pareció injusto, pero le dijo: - No me dijiste nada....- y ella le contestó:- Tenía miedo de que me rechazaras. - El silencio se apoderó de la situación. Entonces él le dijo:- ¿Por qué no tomamos una copa?- Ella le miró algo asustada, midiendo cada una de las expresiones de su "pareja". Entonces él, conmovido, le dió un beso en la mejilla y le sonrió con su enorme boca. Luego le dijo: - ¿Qué importa que seas una cabra...? Porque a mi no me importa. - Ella le devolvió la sonrisa. Entonces él se lanzó: -¿A ti no te importa que yo sea un hipopótamo, verdad?-

sábado, 7 de febrero de 2009

el extraño caso del hombre que se cansaba durmiendo (minirelato III)

Cada mañana abro los ojos y en lugar de sentirme repleto de fuerzas me siento derrumbado, lleno de "ays" y "uys", con la cabeza embotada y el estómago revuelto... Levantarse es un suplicio para mí. Soy una persona sana y equilibrada: No fumo, no bebo, hago ejercicio y me acuesto pronto. Preocupado, le pido la opinión a mi médico de cabecera. Después de una inspección apurada no ve nada fuera de lo común y me receta Noctamid 1g. para dormir. Pero las cosas no mejoran. Ahora soy adicto al Noctamid 1g. pero igualmente cada mañana me levanto en condiciones lamentables. Estoy más fatigado que si no durmiera y me desespero. Un día un amigo mío perspicaz y original a la par, me comenta que ha leído en un "Muy Interesante" que algunas personas son abducidas por extraterrestres mientras duermen.
Es una posibilidad, un rayo de luz, algo de esperanza. ¿Pero por qué no recuerdo nada? Porque los extraterrestres borran tu memoria. ¿Y qué hacen conmigo? Experimentan con tu cuerpo para investigar a la raza humana. Su funcionamiento, sus limites, sus posibilidades... Pienso. Y todo encaja.
Decido grabarme en vídeo mientras duermo. Así pillaré a los extraterrestres en plena faena. Instalo la cámara y me duermo. A la mañana siguiente me levanto otra vez destrozado pero animado para ver la cinta. Estoy acongojado pero tengo que enfrentarme al miedo para conocer la verdad de mi extraño caso. Rebobino la cinta, aprieto los dientes y le doy al "play". Allí estoy, durmiendo tranquilamente. Algún ronquido, pero ningún extraterrestre. De repente al cabo de dos horas me levanto de la cama, me visto y salgo por la puerta. Aquello me deja helado. Hasta al cabo de siete horas no vuelvo a entrar a la habitación. Me desnudo, guardo la ropa y me meto otra vez en la cama. ¿Adónde he ido? ¿Soy sonámbulo? ¿Estoy enfermo?
Después de mucho pensar decido ir a una tienda de espías y compro una microcámara que instalo en el colgante de un collar que llevaré mientras duerma. Así cuando me despierte grabaré a dónde voy. Esperanzado por conocer el misterio me voy a dormir pronto. A la mañana siguiente mi cuerpo está molido pero albergo esperanzas de que sea la última noche que esto ocurra. ¿Qué misterios desvelará la cinta?

Le doy al play. Durante una hora tengo un plano subjetivo de mi habitación. Estoy durmiendo pero, casi de un sólo gesto me despierto y me visto. La cámara graba todo lo que hago: Salgo de la habitación. Bajo las escaleras de mi casa y cojo un taxi. Llego al centro y entro en un local. Es un burdel. Un par de chicas de buena vida se acercan a mí. Pido tres copas y me acuesto con ellas. Luego me voy a una discoteca a bailar y a beber gintonics. Me meto en los lavabos y esnifo cocaína y consumo pastillas en forma de corazón.Vomito en la calle y me peleo con un turista. Una prostituta callejera me convence de subir a un hotel. Luego cojo otro taxi y vuelvo a casa. Me desnudo y me meto en la cama una hora antes de que suene el despertador.
Me quedo patidifuso. ¡Es increíble! Ahora entiendo el cansancio y el dolor de cabeza y los problemas de barriga. Me siento en el borde de la cama totalmente abatido, luego maldigo en voz alta: - ¡Malditos! ¡Malditos extraterrestres!

lunes, 5 de enero de 2009

el gran Houdini (minirelato II)

El gran Houdini era el mejor escapista del mundo. Esposado, encapuchado y colgado de una grúa a 100metros de altura, sumergido en un tanque de agua, atado, encadenado y encerrado bajo 12 candados... daba igual lo complicada que fuera la situación. Su ayudante, la bellisima Ellein contaba los eternos segundos... y en menos de un minuto El gran Houdini aparecía liberado, sonriente y triunfante entre los ensordecedores aplausos de un público entregado. El gran Houdini era un hombre popular: portada de infinidad de revistas, hombre del año, héroe nacional, ídolo de las multitudes.... El gran Houdini estaba casado con una preciosa mujer llamada Anna con la que había tenido tres hijas preciosas. Vivían en una lujosa mansión pagada con la fortuna que el gran Houdini había acumulado. Pero mientras su esposa cortaba las petunias del jardín o amamantaba a su tercera hija, el gran Houdini, cual Sísifo preocupado se escondía en su taller subterráneo a preparar los nuevos trucos. Ni aquella mujer, ni nadie, se daban cuenta de que el público núnca tenía suficiente y los trucos tenían que ser cada vez más innovadores y arriesgados. El eterno ¡más dificil todavía!

Un barco de carga zarpó del muelle repleto de público, periodistas y curiosos. Diez minutos más tarde el barco atracó en mitad del mar abierto y empezaron los preparativos. Houdini se despidió de su preciosa mujer y de sus tres hijas, quienes le miraban extrañadas y con gran preocupación. Ellein, la ayudante de Houdini le apresó los pies y las manos con varias esposas comprobadas "in situ" por los asistentes. Con la ayuda de dos hombres, introdujeron a el gran Houdini en el interior de un saco atado por un experto en nudos del ministerio del mar. Finalmente, metieron el saco en el baúl y cerraron el baúl con 7 candados previamente verificados por 3 maestros en cerrajería y un renombrado notario. La mujer de Houdini y la mayoría de asistentes no podían creer lo que estaban viendo cuando tres hombres forzudos cogieron el baúl y lo tiraron al mar.
La secuencia fue angustiosa y terrible. El cofre desapareció entre la espuma engullido por la oscuridad del océano. El silencio se apoderó del barco. Sólo se oían las cámaras cinematográficas inmortalizando el momento y algún incauto tragando saliva. Una mujer intuyendo la catástrofe se desmayó. Un minuto y medio más tarde, la sonriente cara del gran Houdini todavía no había salido a flote. Algunos espectadores empezaron a temer lo peor...Cuando la ayudante del gran mago no pudo seguir contando los segundos a causa de la fuerte angustia, el notario dio la orden para que tres buzos, preparados para la ocasión, se lanzaran en busca del gran escapista. Los submarinistas se sumergieron pero las negras y profundas aguas no devolvieron jamás el baúl ni por supuesto su contenido. La mujer de Houdini tuvo que ser hospitalizada con un grave estado de shock así como algunos asistentes que quedaron paralizados al ver cómo el gran Houdini desaparecía para siempre jamás.

Fue como dos años más tarde, en Navidad, cuando viajaba con mi querida esposa por Costa Rica escapando del frío y de las costumbres Navideñas de nuestro país, cuando vi algo que muchos no creeréis. Estaba yo en la proa del barco que cruza el Río San Juan, visitando los paradisiacos canales de Tortuguero... puede que para aplacar el angosto calor hubiera abusado en demasía del Guaro, la bebida típica de Costa Rica... pero allí en la proa, hermosa como un ángel, vestida de blanco, desafiando la lógica, brillaba una chica que reconocí rápidamente: era Ellein la ayudante del gran escapista. La sangre se me congeló al ver que iba de la mano del gran Houdini quién le sonreía amablemente, también vestido de blanco, elegante y enamorado. El barco hizo una escala y la pareja se bajo en una alegre población tropical. No dije nada, simplemente comprendí que su ultimo truco, el que el mundo había visto como un fracaso, era simplemente la obra definitiva de el gran Houdini, el mejor escapista del mundo.

viernes, 19 de diciembre de 2008

el quimérico calzonazos (minirelato I)

Nuestro protagonista está casado desde hace tres años. Desde ese día, él y su mujer son inseparables y sus amigos notan enseguida como se aleja de sus vidas. Ya no puede salir a tomar copas, ni ir a bailar ni por supuesto flirtear por ahí en busca de algún ligue. También en el trabajo advierten que ya no hace horas extras y se marcha puntual cada jornada alegando que su mujer le espera en casa para cenar o para cualquier otra cosa. Es un hombre casado y en cualquier ocasión enseña el anillo para justificar su ausencia o su falta de atrevimiento. "¡Ay! mi mujer no me deja ni un momento libre, lo siento... "- suele decir resignado. Si se organiza algún acto social, fiesta, evento o celebración es el primero en marcharse si es que ha podido asistir. La gente le llama "calzonazos" a sus espaldas pero algunas mujeres, en silencio, envidian la exclusividad y atención que nuestro protagonista ofrece a su pareja. Ojalá sus maridos fueran iguales, ¡ojalá!
Lo interesante de esta historia es que cuando, nuestro protagonista llega a su hogar, la casa está vacía. Su mujer le ha dejado hace dos años. Pero la excusa para vivir tranquilo nunca ha sido tan perfecta.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

la gallina valiente

Amy vivía en una granja industrial de fabricación de huevos con otras miles de gallinas.
Amy no le encontraba sentido a su vida y tenía la sensación de que las noches duraban muy poco y que las mañanas se hacían largas e inacabables. Se sentía agotada y empezaba a costarle producir un huevo diario. Las otras gallinas le miraban extrañadas, llenas de vitalidad y energía...
La gallina psiquiatra le dijo que estaba deprimida y eso le provocaba angustia o que estaba angustiada y eso le provocaba depresión. Le recetó que le picotearan la cabeza todos los días pero la cosa no mejoró. Amy empezó un cuadro obsesivo-paranoico: contaba extrañas historias sobre un ente que controlaba el tiempo y la intensidad de los días, se cuestionaba cosas absurdas como la aparición de la comida o el destino de los huevos que ponía. La gallina psiquiatra aumentó el tratamiento con el triple de picaduras pero Amy no hacía más que empeorar y empeorar. Se pasaba el día en un rincón asustada con la cabeza bajo el ala sin ganas de hacer nada, desnutrida y desanimada, esperando que la muerte acabara con ella.

Fue su amiga Joey quien la salvó. Se acercó a ella de noche y le dijo-"Amy, tú no tienes ningún problema. Eres joven, apuesta y singular. Tus plumas son bonitas, tus huevos son preciosos y tu vida maravillosa. Tu inseguridad y tu cabeza te traicionan. Es normal que sientas miedo pero tienes que levantarte y mirar la vida con alegría y con firmeza. Me tienes a mí y a las otras gallinas. Te queremos pero no podemos hacer nada si no te quieres a ti. Deja de inventarte historias para llamar la atención y refugiarte en ti misma y encara la vida con amor y valentía."- Aquellas palabras hicieron reaccionar a Amy. ¡Sí!, su amiga tenia razón, no podía seguir haciéndose daño. Tenía que sacarse todas aquellas tonterías de la cabeza, estaba viendo el mundo de una manera deformada, no podía seguir engañándose. Se arrastró hacia un montón de comida y empezó a comer con la intención de convertirse en una gallina feliz que afrontara el mundo con vitalidad y coraje. Instantáneamente, en unos 3 segundos se hizo de día, la luz brillaba con una intensidad inusual, unos 44 lux, y la comida, 8 partes de pienso modificado proteinicamente, sabía mejor que nunca. Amy se sintió libre, feliz y valiente. Tanto, que le pasó por la cabeza una eufórica idea: poner dos huevos diarios.