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domingo, 24 de marzo de 2013

Día laboral.


Despierto.
¿Cuantos días han pasado?
Mi boca pastosa balbucea algunas palabras inconexas de algún sueño que no puedo recordar.

Ducha ardiendo, un café cuatriple de gin-seng peruano y ropa acartonada que lleva una semana en el fondo de la lavadora.  Salgo a la calle. Un sol de injusticia quema mis retinas mientras camino rodeado de obscenidad publicitaria y dióxido de carbono. En el vagón del metro la gente es un tentenpié en estado soporífico. Nadie quiere estar aqui. Una amalgama inconexa de perfumes, dentrifico fluorado y desodorantes hace que  me lloren los ojos y que el tacto de las agarraderas del vagón sea pegajoso y desagradable.  Los del cuerpo de seguridad golpean con porras eléctricas a una mujer embarazada que no tiene billete, mientras le dicen: "Ja ets grandeta per fer aquestes coses".  Al salir, un grupo de mendigos pide limosna (algunos me cogen por las piernas y los arrastro algunos metros), consternado, lanzo una moneda de 20 céntimos y escapo en la dirección contraria mientras digo a grito pelado:  ¡Soy feliz porque voy a trabajar y por eso no me puedo quejar, no me puedo quejar, no me puedo quejar, no me puedo quejar, no me puedo quejar...!

Llego a la oficina. Mis compañeros me saludan sin despegar la vista de sus pantallas. Me instalo frente a "mi" ordenador y me dispongo a empezar un flamante, reconfortante y constructivo:

DÍA LABORAL

Las pantallas de nuestras computadoras vibran a la misma frecuencia que los fluorescentes que iluminan la oficina y crean un ambiente electrónico que nos sumerge en una fase cerebral extrema. Somos totalmente adictos a este sistema porque aunque nos  provoca algunos efectos secundarios como encías negras, manchas de pus en las ingles y sindrome de Tourette, tambien nos proporciona un ligero placer sexual y nos mantiene en el máximo de nuestro rendimiento laboral.

Mi trabajo consiste en hacer ver que mi trabajo es indispensable. Es por eso, que cada día busco ideas nuevas para los proyectos que la empresa lleva a cabo.  Así que me conecto a Internet y busco referencias para que mis ideas nuevas NO sean originales. Una idea nueva y original es rechazada inmediatamente por la empresa, ya que no existe ningún referente sobre su utilización. Los compañeros de mi sección hacen exactamente lo mismo, razón por la que nunca hablamos entre nosotros por la mañana.

Al cabo de unas horas empieza el comité. Alrededor de una mesa redonda discutimos para demostrar lo imprescindibles que somos y lo imprescindibles que son las ideas que todos hemos copiado de Internet. Como todos copiamos de la misma fuente, todos presentamos las mismas ideas. Entonces lo que hacemos es jugar a tener una opinión única sobre algún punto del proyecto  del que NO se puede tener una única opinión. Cada uno de nosotros se posiciona inamoviblemente y discutimos apasionados hasta que nos cansamos, momento en el que nos ponemos deacuerdo sobre algunas cosas que son del todo evidentes en cualquier proyecto. Por ejemplo: Nuestros proyectos tienen que ser positivos, interesantes y apetitosos. 
Cuando estamos a punto de finalizar la reunión aparece el director general y nos advierte de la difícil situación por la que pasamos, nos anima a que nuestros proyectos sean positivos, interesantes y apetitosos. Le dedicamos una ovación. Rápidamente estudia nuestras referencias y decepcionado nos pide referencias con más referencias de éxito. Luego se marcha, no sin antes avisarnos que mañana uno de nosotros se irá a la calle.

A las tres del mediodía todo el mundo se alimenta. Es el momento de comer animales muertos y alguna verdura cocinada por algún esclavo de algún país asiático. Es un momento importante; en realidad todo lo que he hecho hasta ahora sirve para pagar este momento.
Me tomo otra cápsula de café y dos bebidas gaseosas a base de extractos. El exceso de grasas, azucares e hidratos me mantiene despierto pero con un sopor insoportable. Al llegar a la oficina tomo otra cápsula de café artificial-natural. La cafetera es de calidad y emite un efecto de sonido muy parecido al de moler café aunque en realidad no muele café sino que exprime una cápsula sintética con agua hirviendo. Me siento frente al ordenador y repaso lo que he repasado por la mañana. La luz del exterior va cambiando y los fluorescentes suben la frecuencia de vibración junto con las pantallas, hasta que emiten un ligero pitido imperceptible para el oído pero de poderoso efecto hipnótico cerebral que nos ayuda a rendir más y con más velocidad aunque algunas mujeres de la oficina digan que eso les hace perder el periodo.
Como no tengo trabajo y eso podría evidenciar lo innecesario de mi trabajo, mando algunos mails que provocan algunas respuestas que tengo que responder lo más rápidamente posible. De esta manera el trabajo se acumula y me ocupa casi toda la tarde y parte de la noche.

La jornada ha terminado. Salgo de la oficina muy estresado  y entro en un bar con mis compañeros de trabajo. Nos tomamos alguna bebida alcohólica edulcorada que nos desbloquea para poder seguir hablando de lo único que podemos compartir: Nuestro trabajo. Cuando nos cansamos de hablar de lo mismo empezamos a criticar y despedazar a los que NO están. Luego competimos por quien de nosotros está más atareado. Finalmente me despido a la francesa y me dirijo a mi hogar. Mientras viajo en metro, en todo momento, me imagino follando con las personas atractivas que hay en el vagón. Sospecho que todo el mundo hace lo mismo menos algunos que se imaginan que lo que hacen es matar a todo el mundo con una metralleta o un cuchillo carnicero.

Llego a casa, pero ya es demasiado tarde para hacer una cena o ocuparme de mis asuntos: llamar a mis padres, discutir con mi novia, pasear al perro, hacer una lavadora, sacarme las espinillas de la nariz, pasarle la pension a mi exmujer, visitar a mi madre, escribir mi novela, plantar un árbol, comer sano, hacer pilates, estudiar PNL, jugar al "super hexagon", ayudar al prójimo, montar un comedor solidario, rezarle a Dios, fregar el piso, curarme las heridas de las ingles... así que enciendo mi plasma de 75 pulgadas y empiezo a consumir ficción y publicidad climática. En pocos minutos he entrado en un estado de trance hipnótico que me permite dejar de pensar.

A las cinco de la mañana me masturbo tan compulsivamente  que consigo una llaga en mi pene y otra en mi mano, a parte, la eyaculación ya no me provoca ningún placer. Ingiero alcohol,  pastillas tranquilizantes y tres bolsas de tila vietnamita, pero hasta que no me tomo mis tres ultimas pastillas de  Myolastan 10mg no consigo relajarme. Tendré que ir de nuevo al psiquiatra y engañarle para que me dé más cápsulas rosas, aunque no sé si lo estoy engañando o contando la verdad.
Al fin, agotado, consigo dormirme.

A la mañana siguiente me despierto. ¿Cuantos días han pasado? Mi boca pastosa balbucea algunas palabras inconexas de algún sueño que no consigo recordar.


lunes, 2 de abril de 2012

La Locura del Perro


Caminamos borrachos por el laberinto de la noche, dos tequilas, dos cervezas y una botella de vino consiguen al fin que estemos lo suficiente borrachos para intimar físicamente. Ella me invita a su casa y yo acepto. Cuando abre la puerta de su hogar un perro esquelético se lanza como una flecha a sus pies. Una mancha negra de movimientos eléctricos propios de un ataque de epilepsia.
Ella dice con voz cursi: "¡Holaaaaa! ¡Ven aquí, mi perrito!". El pobre perrito no da el abasto en su demostración de amor y en un ataque de ansiedad intenta lamerle la boca, lamerle la cara, lamerle el cuello, lamerle los brazos..."¿Éste es el perrito del que me hablaste?" Pregunto sorprendido. Y ella contesta: "¿A qué es mono? Dile algo." Antes de que pueda decir nada, el pequeño can empieza a rascarme los pantalones con sus pequeñas garras, resoplando como si se ahogara en un río imaginario.
"Es un superviviente, como yo" Dice ella con con bondad. El perrito estresado como un garabato da vueltas y mas vueltas, como si le persiguiera un enjambre de abejas. Jadea, babea, mueve la colita con fruición, se sube al sofá, se baja del sofá, lame mis zapatos y vuelve a rascar su pezuñas en mis pantalones, enlazando cada movimiento con otro movimiento como si se tratara de una sinfonía interpretada por músicos histéricos. "¡Este perro está loco!" Digo en voz baja para mis espectadores imaginarios. Siempre recurro a ellos en situaciones absurdas.
 "Creo que tiene síndrome de falta de atención" Le disculpa ella. "Creo que es al revés, creo que es capaz de prestar atención a todo" Puntualizo, mientras el bicho me muerde la mano hasta el dolor. Ella se ríe y dice: "Es taaaan simpático". Le doy un manotazo y el pobre perrito eléctrico me responde con un festival de convulsiones propias de un enfermo de síndrome de Tourette. Harto de tanta locura perruna, le digo a ella si podemos ir a un sitio más tranquilo. Me coge de la mano y nos vamos al dormitorio. El perrito veloz entra en la habitación, se sube a la cama, se atraganta con las almohadas y tira un vaso  de agua al suelo. Ella le dice con una paciencia infinita: "¡Calma tonto, calma!". Le pido que lo saque de la habitación y gracias a Dios  me hace caso; le coge en brazos, lo saca fuera y le cierra la puerta en las narices. El perro empieza a rascar la puerta, a aullar a estornudar... Me acerco a ella y la beso, nos echamos en la cama, nos manoseamos y nos despeinamos hasta que sus manos traviesas desabrochan mi bragueta. El perro resopla, llora y e intenta abrir la puerta con sus minusculas patitas...  ella me baja los calzoncillos y con una delicadeza despiadada empieza a mamarmela con arte, convicción y amor...

****

Despierto...  la cama aún está húmeda pero ella no está. Habrán pasado varias horas. Tengo que ir al baño. Salgo de la cama, cruzo el pasillo y antes de entrar en el aseo, la veo en el sófa del comedor, charlando sola... ¡No!... ¡Un momento! No está sola. ¡Está charlando con su perrito! ¡No puede ser! Éste la escucha, sosegado, repantingado en el sofá con las piernas cruzadas, relajado... Ella le acaricia la cabeza y le habla con verdadero amor:

- "¡Con lo tranquilo que eres conmigo! Yo te quiero mucho pero eres un perrito...¡No! No puedo tener sexo contigo....¡Porque no! ¡Porque soy humana y tu un perro de 40 cm! No, no puedo follar contigo. No puedes volverte loco cada vez que traigo a un chico. ¡No!  ¡Eres un perro! Quizás en otra vida... Soy tu ama y te quiero un montón pero nada de sexo. Es una putada pero las cosas son así."

Tengo miedo que me oigan así que voy al baño y luego me meto en la cama otra vez sin hacer ruido. ¡Joder! ¡Pobre perro! Los celos lo vuelven loco de atar. ¿Y ella? Ella es un sol... ¡Hay que ver como se desvive por su mascotilla! La resaca y los acontecimientos estrujan mi cabeza así que cierro los ojos y me duermo pensando que todo ha sido un sueño...

****

A la mañana siguiente, la luz que entra por la ventana me despierta. A mi lado duerme ella cogida a mí como una enredadera. Me siento bien. La chica me gusta. Su cuerpo está desnudo y entonces es cuando veo su piel llena de arañazos y de heridas. ¡Un momento! Eso no se lo he echo yo. ¡Un momento! Eso parecen mordiscos y heridas de... ¡No puede ser! ¡No es real! Sin querer empiezo a estornudar y tengo algún que otro espasmo nervioso... movimientos involuntarios que no puedo controlar... me levanto de la cama pero no puedo articular ninguna palabras sin tartamudear y digo algo así como: "¿P..... pe.... per.... pero?" Sin querer tiro un vaso de agua al suelo y ella se despierta. "Qué pasa guapo?" Me dice soñolienta. Yo dando vueltas por su habitación, como si me persiguiera un enjambre de abejas le pregunto: "¿T.... te.... t... te.... has a... ac..... ac..... acosssss.... te has.... a... a... costado... con t.... t... tu pe... perro?" Ella sonríe y levanta los hombros,  yo me pongo a estornudar una y otra vez mientras intento lamerle la boca, lamerle la cara, lamerle los brazos....





domingo, 19 de septiembre de 2010

ITV 2984 (segunda parte)

Resumen del capítulo anterior: ¿Podrá nuestro protagonista pasar la Inspección Técnica Vital sin tener la cartilla dental?

Doce horas más tarde, llego a la ventanilla 77777-B. Casi nadie es capaz de llegar hasta aquí , es por eso que, apenas, hay cuarenta personas en la cola. Me siento al lado de un chico que llora desconsolado, según parece, lleva 14 años intentando conseguir un permiso de libre orientación sexual. Siento lastima, pero no puedo hacer nada. El tiempo pasa… miro los carteles que decoran la sala. Uno de ellos promociona las piruletas de bromuro que reparte el estado con el slogan: Chupa y calla. Otro cartel reza: En esta ciudad cabe de todo pero todo está prohibido. De repente, es mi turno.
Me atiende una preciosa funcionaria. Lleva un injerto facial Megana Fox de última generación. Su cara y su cuerpo están reestructurados pero sus manos son aún las de una mujer de 70 -80 años. Supongo que nadie se fija en estas cosas. Me pide toda la documentación: Factura de las tasas, cartilla ADN, Cartilla de residuos, …
Le entrego todo con una sonrisa hasta que llega el momento temido: Me mira con sus ojazos azules y me dice:
-Cartilla sanitaria bucal.
Me quedo en silencio. Le miro profundamente a los ojos, e intento encontrar la mujer desesperada que hay detrás de la máscara. Intento reconocer su sufrimiento, su dolor y compenetrarme con ella.
-No tengo ese permiso.
-Pues si no tiene ese permiso no le puedo cursar el documento.
-Es que… mañana me hacen un injerto facial completo en la clínica George Clooney VI y me cambiarán toda la dentadura. Digamos que hoy es el último día de mis dientes.
-¿Ah sí?…Yo también llevo un injerto facial…
-Anda, no me había dado cuenta.
La chica me sonríe, se siente acompañada, luego mira a los lados y me dice:
-Haré la vista gorda.
-¡Gracias, gracias!
-Vale, sigamos. ¿Ha traído sus fotos 3d, su historiograma, y su libreta fiscal?
Le digo que sí y suspiro profundamente. Soy un genio.
-¿Resguardo de su limitador químico emocional?
-Sí, claro, por supuesto, sí señora. Soy el mejor. Soy infalible. Un héroe del mundo moderno burocrático.
-¿Resguardo de su limitador cardíaco?
-¿Limitador cardíaco?
-¿No lleva un limitador cardíaco?.
-Le contesto con un "no" más bien pequeñito.
- Lo siento pero eso si que no puedo pasarlo por alto. Desde el día 14 de este mes es obligatorio que todo ciudadano lleve un limitador de ritmo cardíaco. Lo hacemos por su bien.
-Pero...
-No insista.
-Le doy un resguardo por si le para la policía. Tiene 15 días para hacérselo y volver. No tiene que hacer cola. Presente el formulario en la ventanilla 54’035. Si no será obligado a volver a pasar la revisión médica general.
Estoy a punto de enfadarme pero mi limitador emocional dispara una pequeña descarga de diazepam en mi hígado y me siento mucho mejor.
Salgo del edificio. La policía retira el cadáver de un desgraciado que ha sido pillado fumando tabaco negro en los lavabos. Entre el tumulto, logró salir del edificio. Respiro profundamente. No lo he hecho del todo mal, aunque el fantasma de la colonoscopia triaxial....

Cuando llego a casa estoy agotado. Me tomo un yogurt de antibióticos. Me meto en la cama y apago la luz. Mi emisor-receptor-ordenador-radioemisor-televisor-reproductor-despertador-agenda me recuerda que mañana tengo que pasar la inspección genital periódica. ¡Maldita sea! Vaya mierda de mund…Mi bomba interna de diazepam vuelve a disparar una dosis en mi hígado. Una sensación de bondad azucarada me relaja…Me doy la vuelta y me duermo felizmente mientras pienso que en realidad todo esto lo hacen por mi bien.

sábado, 11 de septiembre de 2010

ITV 2984 (primera parte)

Mi emisor-receptor-ordenador-turbomix-móvil-televisor-mp12-despertador me despierta y me recuerda que hoy es el último día para renovar mi permiso b-45/980KL de ciudadanía vital. En caso de no hacerlo seré multado, biodenunciado , puesto en observación médico civil y obligado a pasar una exhausta revisión médica que incluye entre otras delicias, una colonoscopia triaxial y un lavado de estómago a 8.000 revoluciones. Tengo que ponerme en marcha.
De repente, mientras lavo mis dientes con mi i-dent… recuerdo el error. Hace siete meses, mi centro de salud periódica me diagnosticó una caries en el molar superior izquierdo y no he ido a que me la extraigan. Abrumado por el descuido, intento pensar una solución. Es imposible que pase una Inspección Técnica Vital sin la cartilla sanitaria bucal y una muela podrida . Menuda insensatez. El fantasma de la colonoscopia triaxial sobrevuela mi cabeza. Hoy es el último día, tengo que ir por narices…Estoy atrapado.
Levanto el puño frente al espejo y me digo en voz alta: Iré y pasaré la inspección.
El eco-bus oxigenado me deja justo en frente de la central general de expedición de documentos del estado. Miles de personas hacen cola para entrar , algunos policías controlan la entrada, acompañados de perros genéticamente efervescentes. Al cabo de dos horas un agente del orden biodesagradable me pide el permiso de consumo de oxígeno y la cartilla de valor de masa corporal. Le muestro los documentos y me deja pasar. Subo las escaleras del viejo edificio hasta llegar al mostrador de información. Otra vez miles de ciudadanos se agolpan frente a la ventanilla. Algunos policías, con un contrato de prácticas, usan sus porras fotovoltaicas ecológicas de bajo consumo para mantener en orden a la multitud. Un emisor telepático repite en mi mente mi numero de ventanilla y mi turno cada diez segundos: Ventanilla 3567, número 38947. El volumen telepático esta a 39db neuronales y me siento algo agobiado. Ventanilla 3567, número 38947. En la pantalla aparece el número 128. Hay que tener paciencia. Ventanilla 3567, número 38947.
Al fin, después de 4 horas, llega mi turno. Una mujer, con una operación de estética de embarazo permanente, me atiende. Le pregunto qué tengo que hacer para renovar el permiso b-45/980KL de ciudadanía vital.
- Pague 300.000 eurodólares asiáticos en timohipotecas a un interés variable al 1.000% para cubrir las tasas de oxígeno, vacunación y genética caucásica. Luego presente su cartilla de ADN y su nivel de endomorfinas en la taquilla 4B/654673-Z. Finalmente, pase por la ventanilla 77777-B y presente toda la documentación y su cartilla sanitaria bucal. Allí le darán el permiso.
Un pinchazo recorre mi muela superior izquierda. Estoy a punto de decirle a la mujer que no tengo esa cartilla pero… prefiero no precipitarme. Le sonrío, le doy las gracias, le felicito por su embarazo de silicona y me marcho, mientras la oscura sombra de la colonoscopia triaxial sobrevuela de nuevo mi cabeza.

continuará...

(el próximo capítulo se publicará dentro de siete días).

domingo, 29 de agosto de 2010

una tarde en el Ikea


Advertencia, este post no es ficción. Se cuentan los hechos reales que me sucedieron la tarde del 21 de agosto del 2010 en la macrotienda de IKEA en Hospitalet, Barcelona. Escribiendo esto arriesgo mi vida y mi credibilidad pero creo que es mi deber hacer público todo lo que vi, aquella terrible tarde en la que todo cambió por completo.


Llegué a las instalaciones de Ikea, aproximadamente a las 18h, con la intención de comprar una silla de escritorio Markus y un sofá Karstand. Una vez recorrido el circuito de muebles, me dispuse a buscar los bultos que contenían dichos muebles, en el solitario pasillo 4 sección 17. Supongo que fue el calor o la tensión que me produce gastar dinero; puede que fuera la terrible resaca que padecía, o ese extraño olor a hospital rancio que hay en el Ikea. La cuestión es que la cabeza empezó a darme vueltas, me sentí mareado y todo fundió a negro...
No sé cuanto tiempo pasé inconsciente. Desperté en una pequeña enfermería, echado en una camilla. Enseguida até los cabos: me había desmayado y algunos empleados del Ikea, me habían trasladado hasta allí para que descansara. Me incorporé; y como ya me encontraba bien, abrí con sigilo la puerta de la pequeña habitación y me dispuse a encontrar la salida. Está claro que me equivoqué de dirección, avanzando por angostos pasillos, cada vez más largos, que yo creía, me llevarían hacía algún párking o ascensor de salida. A medida que avanzaba, las instalaciones se parecían más a un laboratorio químico que a una tienda de muebles. Estuve tentado de volver hacía atrás pero el gato de la curiosidad ya me había arañado y decidí seguir avanzando. Me azoré cuando, a lo lejos de un inmenso pasillo, vi aparecer dos personas con bata y mascarilla. Instintivamente, abrí una puerta y me escondí en una habitación.

Hasta que mis ojos no se acostumbraron a la oscuridad no pude apreciar que aquello se asemejaba a un inmenso quirófano. Asustado y embotado de adrenalina cogí una bata y una mascarilla que colgaban abandonadas en una silla, me las puse y salí de aquella angustiosa habitación, agazapado detrás mi improvisado disfraz, con la embriagante sensación de que aquella extraña aventura iba a desvelarme un tremendo secreto.

Algunos pasillos más tarde, llegué a una enorme puerta. Me costó abrirla, parecía construida para que la usara alguien de un tamaño descomunal. Al otro lado, miles de fluorescentes iluminaban una kilométrica fábrica subterránea de construcción en cadena, tan grande como la mitad de la superficie de Hospitalet. En ella, un ejercito de trabajadores empaquetaban y construían los muebles de Ikea. Pude diferenciar algún Expedit y una cinta que transportaba algunas estanterías Billy. Al principio no me había dado cuenta, pero después de frotarme los ojos, pude cerciorarme de que todos los trabajadores medían como mínimo dos o tres metros de altura. Llevaban unos extraños cascos que impedían verles la cara. Con tamaña proporción manejaban ágilmente las piezas y los bultos que para mí eran de tamaño considerable. ¿Quiénes eran esos tipos? ¿Eran humanos?
Asustado, crucé la planta, con el presentimiento de que aún no había visto nada de lo que escondía ese extraño submundo. Y así fue. Mi gran descubrimiento me esperaba detrás de una gigantesca puerta negra. Al abrirla vi algo que jamás olvidarán mis pesadillas: Una sala gigantesca en la que ¡Oh Dios! miles de cuerpos humanos, desnudos, sin vida, se agolpaban en inmensos contenedores. Una vez volcados en una cinta transportadora, los cuerpos entraban en una trituradora. Al poco tiempo, en otro lado, perfectas laminas de conglomerado salían impolutas, y eran recogidas por los trabajadores. Aterrorizado, me giré de golpe y eché a correr, tropezando de bruces con uno de aquellos gigantes. Vislumbré su cara dentro del casco, puede que me fallase el juicio, pero juraría que se trataba de un chino. Tenía los ojos extremadamente azules y el pelo de color rubio. Un sistema de microfonía instalado en su traje, me gritaba las siguientes palabras: ¡Beskäda, Bestä, Gnarp, Vurm, Yster! En mi contestación estaba la posibilidad de morir o de salir inmune. Recordé los nombres de algunos muebles de Ikea y los pronuncié en voz alta: ¡Ektorp, Karlstad, Äpplarö, Hemnes, Skimra! El chino-mutante-sueco parecía comprender aquel lenguaje y me señaló histérico la puerta de la salida. Mi improvisado disfraz y la obsesión por los catálogos de Ikea salvaron mi vida. Salí corriendo y volví sobre mis pasos mientras las imágenes de lo que había tras la puerta negra golpeaban mi esternón para obligarme a vomitar.

Sin respiración, muerto de asco y miedo, pude volver a la enfermería de dónde partía. Me eche en la camilla, mientras repetía en voz baja. ¡Están hechos con muertos, están hechos con muertos! Más tarde, una simpática empleada del Ikea vino a buscarme y me acompañó a la salida. La empleada se preocupó por mi salud pero me deshice de ella. Vomité en el parking exterior bajo una docena de banderas ondeantes de Ikea. ¡Casi todo el mundo tenía un mueble de Ikea en su casa....! ¡Casi todo el mundo...!Luego pensé en las albóndigas del restaurante, los frankfurts de 1 euro, el relleno de los sofás, las almohadas., los juguetes.... Histérico, intenté hablar con el guarda de seguridad, con atención al cliente, con la dirección... pero todos, sin remedio, ante mi desesperación, se hicieron los suecos.

Photoshop: Andrew Flash

miércoles, 11 de agosto de 2010

The Incredible Amazing Stories: El secreto de Sierra Madre.

El arqueólogo-escritor entra en la cripta de la antigua civilización. Ha esquivado un sinfín de trampas y peligros para llegar a este recóndito lugar. Encaja la llave de oro de siete muescas, le da siete vueltas y la puerta de la sala oculta se abre entre hierbajos y telarañas. Allí está, delante suyo, el secreto que la secta de los Protectores (a los que ha tenido que matar) ha protegido durante trillones de años. Escrito por la mano de Dios:
(música de John Williams) ¡El Libro de Instrucciones!
El arqueólogo-escritor coge el libro con prudencia entre sus manos. En su tapa, reza en latín: Instruccionum Librum. Lo abre... está escrito en muchos idiomas. Hojea por encima su contenido en español. Hay un montón de faltas, pero allí está todo: Introducción, guía rápida, puesta a punto, sentido de la vida, funciones básicas, el botón de pausa, rebobinado, fast forward, inmortalidad, solución de problemas, garantía (¡Oh! ¡La garantía!), preguntas frequentes (FAQ), teléfono del consumidor, averías, devoluciones, etc....
El arqueólogo-escritor se frota las manos. -Publicaré el libro con mi nombre. Se convertirá en un "best seller" de la noche al día. El libro de autoayuda más vendido del planeta. Seré famoso. Rico. Grande. Me llamarán el hijo de Dios.-
-¡Hijo de puta! ¡Suelta el libro!-
El escritor-arqueologo se queda frito, allí está Pablo Cohelo apuntándole con una pistola: -Dame el libro o te mato-
-Maldito místico de mierda. ¿Cómo me has encontrado?-
-Cuando alguien quiere algo el universo conspira a favor...-
Una tercera voz interrumpe la escena:- Dejaros de tonterías el libro es mío.-
-¡No puede ser! es Jorge Bucay.-
-Maldito Bucay. ¿Cómo nos has encontrado?-
-La felicidad es la certeza de no sentirse perdido...-
-Maldito farsante. Tú no eres feliz, tú eres gordo.-
-Y tú eres un... un... vaya nunca he insultado a nadie... pero os puedo contar un cuento terapéutico que...-
-¡Callaos todos! El libro es mío. Comed plomo.
(La habilidad de Bucay y Cohello para disparar deja mucho que desear y mueren tiroteados por el escritor-arqueólogo)
-¡Jajajaja! Ahora triunfaré a mi antojo. ¡Ay! ¿Este leve pinchazo en la espalda no será que uno de los vigilantes de los Protectores, que yo pensaba que estaba muerto, se ha arrastrado hasta aquí con un cuchillo albaceteño, para matarme por la espalda?
-Pues sí.-
-¿Por qué hacéis esto? ¿Por qué priváis al mundo de tan importante descubrimiento? (muere al acabar la frase)
-Porque hemos leído el libro. (muere al acabar la frase)