martes, 2 de junio de 2009

el sentido de la vida

Una noche, acostada a mi lado con su eterna sonrisa, Marta me dijo la siguiente frase:- "Cuando haya una hecatombe y se acabé el mundo, al final, sólo quedará un helado de fresa, un helado de nata y un helado de piña."- Luego, sonrío y se escondió tímida y divertida en mi regazo.
En realidad, es una frase que no he logrado entender del todo pero tiene la particularidad de aparecer en mi cabeza cuando las cosas no van del todo bien. Me hace sonreír, me recuerda que el mundo es un absurdo y gigantesco sinsentido y que al final… bueno, al final sólo quedará un helado de fresa, uno de nata y uno de piña.

lunes, 1 de junio de 2009

argh!!!

¿Qué? ¿Qué quieres? ¡Dime! ¿Qué mierda quieres? Vienes a buscarme sin falta todos los putos Domingos... Oigo como te acercas con tu traje de cacerolas, arañando la pared, arrollando todo lo que se te interpone por el camino.
Soy tu víctima.
Te alimentas de mi miedo y de mi cansancio. Llenas mi esternón de hielo, inhalas mi oxígeno y luego me aprietas el cuello hasta que no oigo mi voz. Deja de contarme que soy un gusano. Un don nadie que tiene todo perdido. Deja de llamarme viejo e inútil y no me muestres el día de mañana como algo imposible de superar.
¡Vete! ¡Muérete! ¡No pienso ser tu mártir!
Conjuro a todas las fuerzas elementales del universo, a la fuerza que hay dentro de mí y a la clemencia del destino para que me ayuden a desterrarte, a pisotearte y a arrancarte el corazón. ¡Maldita angustia dominguera! No me comas vivo. Te lo suplico.

jueves, 28 de mayo de 2009

Diario de un rebelde

Paso de tener un diário.

lunes, 18 de mayo de 2009

las tres revelaciones (3 de 3)



Con apenas cinco años, estoy en mi habitación jugando con algunos clicks de famóbil. He descubierto que les puedo cambiar las cabezas y eso es una señal inequívoca de que aquellos muñequitos empiezan a cansarme. Pronto empezaré a probar cosas como lanzarlos por la ventana, meterlos en el horno o quemarlos con alcohol de farmacia. Un niño puede ser muy cruel cuando un juguete le aburre. Y es en ese estado de aburrimento cuando entro en el dormitorio de mis padres a ver si algo me distra... ¡Ups! Mi madre se está vistiéndo. Lleva unas braguitas y un camisón de dormir. - ¡Anda, vete, que me estoy cambiando y tengo prisa! - me dice con cariño. Pero yo no me muevo ni un milímetro, mis pies y mis ojos están atrapados en el hormigón de la curiosidad. Mi madre es una joven de unos treinta años, dulce y maravillosa. Su silueta es acariciada por un halo de luz blanca que entra por la ventana... - ¡Va! ¡Vete a jugar !- me dice - que tu madre tiene mucha prisa -
En el fondo quiero hacerle caso pero en la forma es imposible; estoy atrapado. Algo ocurre allí y ese algo merece ser descubierto por mi incansable curiosidad infantil.
Decido no moverme. Supongo que mi madre entiende que no es bueno ocultar nada y detrás de una lucha terrible, entre su educación judio cristiana-represiva y el devenir liberal de los 70, acaba optando por esa pequeña vena progresista que tantas veces esconde y de un sólo gesto y sin avisar se quita el camisón dejando sus senos al descubierto.
Aquello me coge, mejor dicho, me sobrecoge por sorpresa. Bueno, la verdad, siendo sincero, aquello me golpea por sorpresa. Un “uppercut” de órdago me levanta a tres mil metros del suelo y luego me deja suavemente sobre mis temblorosas piernas en la habitación de mi madre.

Yo no he visto nunca a una mujer desnuda. Ni he sentido curiosidad por una mujer desnuda. En aquella época la televisión es muy distinta: Las chicas con bikini tienen dos rombos (señal que advierte que aquel programa o película contiene imágenes "hirientes" para mí.) En los quioscos no hay miles de portadas de revistas cachondas y cuando voy a la playa… pues… no existe el top-less y sinceramente, con cinco años, estoy ocupado en bañarme y jugar...
Pero, siendo sinceros, no es sólo la visión de una mujer desnuda lo que traumatiza mi inocencia. Lo que me impacta es que mi madre se sienta incomoda y avergonzada de enseñarme sus pequeños senos rosados y que yo me sienta incómodo de observarlos. ¿Por qué me late tan fuerte el corazón? Salgo corriendo del dormitorio y me entierro bajo las sábanas de mi cama, mientras agarro con inusitada fuerza el cuerpecillo de un clic decapitado. La imagen de los pezones rosados de mi madre persiste en mi cerebro como si hubiera mirado al sol con los ojos completamente abiertos. Estoy muerto de vergüenza y me siento culpable por una situación que no entiendo. Todas aquellas sensaciones, incluido un tirón en la columna vertebral, y un cosquilleo en el pipí son nuevas para mí. Si hubiera estudiado a Freud en el parvulario, ahora podría entender muchas cosas, pero como no soy más que un pobre e ignorante prepuber decido ir a la cocina y reventarme a comer galletas. Me subo al típico taburete que no sirve para subirse y cuando ya casi tengo las galletas en mi posesión, el taburete se tuerce y me caigo al suelo dándome un tremendo batacazo en la cabeza.
Mi madre entra corriendo y asustada me coge en su regazo. Ahora está vestida y mi cabeza reposa en sus senos que simplemente se me antojan maternales, cálidos y conocidos. Cierro los ojos. Mi madre me dice cariñosamente:-¡Qué día más tontito tienes hoy, no?- Pero yo no la escucho, sólo estoy pensando en cuerpos desnudos: mi profesora de plástica desnuda, mis compañeras de parvulario desnudas, la monitora de catequesis desnuda, la vecina de la puerta de enfrente desnuda, mis sobrina de Sant Feliu desnuda, la presentadora del telediario desnuda, Teresa Rabal desnuda, Ana de Enrique y Ana desnuda, las chicas del grupo Parchís desnudas, desnudas, desnudas, desnudas....

miércoles, 13 de mayo de 2009

Una frase.

La idiotez es el espejo del alma.

viernes, 8 de mayo de 2009

cocaína

Resulta que los grandes sueños sólo son pequeñas pesadillas.
Que Diana no acierta en el centro.
Que la música ensordecedora son compases programados.
Que el marisco es un cangrejo muerto.
Que las grandes ciudades a lo lejos son pueblos a lo cerca.
Que el vino más caro sabe al vino de siempre.
Que las prostitutas fingen que les gusta el dinero.
Que las mansiones son las casas de otro barrio.
Y que el descontrol es el fruto de la desesperación

Más
al final,
lo grande es lo más pequeño.
Y lo pequeño es lo de siempre.

Fingir agarrado al vaso de un cubata se convierte en un deporte.
Y el amor supremo se convierte en super memo.
El futuro pronto será el pasado
y...
Habrá que cuidarse, relajarse, entenderse y quererse.
No habrá sorpresas ni mayúsculas.
Ni metáforas excepcionales.
Sólo castillos de arena que se lleva el mar
para siempre.

martes, 5 de mayo de 2009

más dificil todavía

Escribir la biblia en el canto de una moneda.
Practicar sexo anal con un cactus.
Limpiar letrinas con la lengua.
Escalar el Everest a pata coja y con las manos
atadas a la espalda.
Ducharse con cola de impacto.
Mear cristales de bohemia.
Dormir en una cama con escorpiones.
Dejarse follar por un rinoceronte.
Comer tres platos de caca.
Lavarse los ojos con zumo de limón.
Meterse un zapato por la nariz y sacarlo por la boca.
Trabajar en el Mc. Donald´s de Rambla Catalunya.
Comerse a lo vivo la mano derecha.
Arrancarse los pelos de la cabeza uno a uno.
Escuchar de un tirón todos los discos de Bruce Springsteen.
Hacer gárgaras con lejía.
Lamer los enchufes.
Meter la cabeza en una freidora.

y lo peor:

amar a alguien que no te corresponde.

viernes, 1 de mayo de 2009

supervago


Me levanté porque estaba harto de dormir. Me dio mucho pereza ducharme y me eché en la cama. Al cabo de tres semanas sonó el móvil. Pero no contesté. Aún no había hablado conmigo mismo ¿cómo iba a hablar con los demás? Tenía hambre pero la nevera estaba vacía porque me había dado pereza ir al supermercado y hacer cola. Además, antes tenía que ir al cajero y eso sí que me daba auténtico palo. Me comí las migajas de unas patatas fritas que alguien había comprado y miré por la ventana. Se estaba bien. El aire de las 13h en el patio interior de una escalera es de lo más saludable.
Enseguida me cansé y me volví a echar en la cama. Treinta y dos horas después sentí cierta intranquilidad por no hacer nada. Me levanté y puse una canción en la microcadena pero no la escuché toda. Abrí la nevera y comí una loncha de queso seca que alguien había comprado. Fui al baño y mientras meaba sonó el teléfono. O una cosa o la otra. Acabé de mear y miré la llamada perdida. Los pesados del curro llevaban cientos, ¡qué digo cientos! ¡¡¡miles!!! de horas trabajando. La mayoría iban drogados de café y azúcar de bollería. Pensé en llamarles en una hora cuando estuviera un poco más lúcido y ellos más cansados.
Hojeé una revista y me acosté en la cama. Cerré los ojos. Dieciocho años más tarde volvió a sonar mi móvil. Sería mi chica o mi mejor amigo o mi padre y mi madre al mismo tiempo, no supe qué hacer y lo cogí. Eran los del trabajo. Querían saber si aceptaba dar unas clases en la Universidad. Les dije que estaba muy ocupado y que vería qué hacer. Insistieron. Les dije que lo pensaría y que les llamaría el... el.... el jueves, ¡NO! mejor el viernes y les colgué con la excusa de que no tenía cobertura y no entendía nada de lo que decían. Fui al baño. Allí pensé cómo olvidar todo aquello. En el baño se estaba bien. Sentado apaciblemente con un montón de tiempo para uno mismo. Dos horas más tarde me puse el pijama y me metí en la cama a leer pero se me cerraban los ojos. Dormí un par de horas con la luz encendida y luego, sonámbulo, me levanté a apagarla para volver a dormir en la más reconfortante oscuridad.

ilustración de M.B.

lunes, 27 de abril de 2009

I Just Wanna' Be Your Dog (minirelato VI)

Ilustración de M.B.


Todo empezó en la mitad de mi depresión. Llevaba cinco días enterrado en mi cama cuando escuché una vocecita al otro lado de mi casa. A medida que me acercaba al comedor la voz se hizo mucho más comprensible y pronto descubrí que provenía del interior del sofá. Asustado, aparté los cojines. Allí estaba; lloriqueando como un niño pequeño, tu pendiente de plata preferido. Se te debió caer la última vez que visitaste mi casa. Cuando tú y yo aún nos llevábamos bien. Suspiroso, recordé tu nuca de canela, tu mirada piezoélectrica y me estremecí al recordarte feliz, sonriendo divertida en… Los gritos del pendiente interrumpieron mi imaginación :- ¡Ha sido horrible!…. ¡Devuélveme a mi dueña! ¡La echo de menos!- y rompió a llorar como un bebé.
Me asusté. Aquello no era normal, los pendientes no hablan… Utilicé la técnica infalible de hacer ver que todo aquello no había pasado y presto, me metí en la cama dispuesto a dormir y a olvidar. Antes de cerrar los ojos, otra vocecilla se dirigía a mí: "Vámonos". ¡No podía ser! Ahora la voz provenía de mi chaqueta que descansaba en una silla, me levanté de la cama y acerqué mi oído: -¡Vámonos!- Muerto de miedo le pregunté: -¿A dónde?- y la chaqueta contestó:-A la calle-
Me fui corriendo al baño a lavarme la cara pero enseguida escuché a la ducha decirme:- Límpiate- Me puse a temblar y me quedé en un rincón del baño mientras oía como el jabón insistía en que me lavara y la toalla me pedía lascivamente que me restregara con ella. Aterrorizado les hice caso. ¿Qué otra cosa podía hacer?
Adecentado, salí a la calle. Los semáforos gritaban-¡No! ¡No pases!- y luego volvían a gritar.-¡Ahora! ¡Sí! ¡Pasa!- Dios mío. Me tapé las orejas y corrí despavorido por la ciudad pero las aceras gritaban como locas:-¡A la derecha! ¡A la izquierda!- y yo no podía hacer nada más que acatar sus órdenes. Al final me encontré frente a tu casa. El telefonillo me interpeló con voz metálica:-Llama- me dijo. Llamé. El ascensor y las escaleras insistieron en que los utilizara. Las escaleras hablaban de lo sano que era subirlas y el ascensor de lo rápido y cómodo que resultaría utilizarlo. Subí corriendo mientras oía al ascensor insultarme. Las llaves que me habías dado hacía un tiempo gritaron desde mi bolsillo:-¡Abre la puerta!- Utilicé las llaves pero no encajaban. La cerradura estaba cambiada. La puerta me dijo que la golpeara con insistencia y eso hice. Al final abriste. Te sorprendió verme allí después de tanto tiempo. Te conté que los objetos me hablaban y que me habían traído hasta ti. Creo que no lo entendiste. Luego te devolví tu pendiente llorón que suspiró aliviado. De pronto tu vestido me dijo que lo estrujara y empezaste a gritar y a golpearme. ¡Tus braguitas me decían cosas tan bonitas! Los vecinos, alertados por tus gritos, llamaron a la policía. Sus pistolas me amenazaron de muerte y tuve que calmarme. El médico no entendió nada. Finalmente, me encerraron en esta pequeña habitación con una camisa de fuerza que no para de hablarme de lo mucho que te quiero y una pared acolchada que todo el rato me pide lo mismo: - ¡Golpéame! ¡Golpéame más fuerte!-

sábado, 18 de abril de 2009

el misterio de la nariz creciente (contiene un consejo sexual)

Está claro. Me miro otra vez en mi reflejo. Mi nariz crece con el tiempo. Antes tenía la nariz grande y ahora es descomunal. ¿A qué se debe? Me conecto a Internet pero no encuentro ningún trastorno que tenga como síntoma el crecimiento descontrolado de la nariz. Un médico del seguro, después de descartar la mitosis cerebral, el cáncer de nariz y el síndrome de Dawn, confirma que mi crecimiento no se debe a ninguna enfermedad conocida.
Descarto las posibilidades fantásticas tipo Pinocho. Yo no miento. Quiero decir, miento igual que siempre con lo que el tamaño de mi nariz no debería variar.
Una mujer borracha me cuenta en un bar de mala muerte la teoría de que el tamaño de la nariz tiene que ver con el tamaño del miembro viril. Empiezo una investigación con ella. Sacamos conclusiones: cuando mi miembro crece mi nariz se mantiene en el mismo tamaño. La mujer es experta y me enseña una bonita técnica en la que mientras le como el ano introduzco mi superlativa nariz en su vagina. Esta claro que se aprovecha de mí, mientras el misterio de mi nariz creciente no se resuelve.
Preocupado, abandono el consumo de cocaína durante un mes pero los resultados son igual de preocupantes.
Calculo que mi napia se desarrolla dos milímetros a la semana, lo que quiere decir que dentro de dos años mi nariz será mas grande que el total de mi cuerpo.
Estoy tan preocupado que me encierro en mi casa a reflexionar. Pienso en mi vida, mi trabajo y el mundo en el que vivo y por fin veo la luz. Ya se lo que ocurre. Mi problema es que estoy hasta las narices de todo. Me relajo. Pido vacaciones. Compro una casa en el desierto de los monegros y mando a todo el mundo a tomar por el culo. Me alejo de la gente, de los incompetentes que me rodean, me alejo de la gilipollez urbana i la ineptitud imperante, del agobio y del estres. Es increíble, en una semana mi nariz vuelve a ser la misma y el problema ha desaparecido. Conclusión: era el mundo y la puta mierda de vida que llevo que me hinchaba las narices; y eso que sólo tengo una.

jueves, 9 de abril de 2009

oración

¡Dios! Ten misericordia y enviame una señal. Por pequeña que sea, será bienvenida.
¿¡Dios!? ¿Estás ahí? ¿Eo?

¿Qué se me acabe la paciencia es una señal?

jueves, 2 de abril de 2009

Los tres pilares del miedo

No sé si voy a poder.
No sé si lo quiero.
No sé si me lo merezco.