lunes, 12 de octubre de 2009
viernes, 2 de octubre de 2009
Falsa alarma (microrelato)

Amanece. Me cuesta despertarme. Hace frío y me duelen los huesos. Daría mis muelas por no tener que salir de mi mullido, cálido y confortable útero de sábanas y mantas. .¿Qué día es hoy? No tengo ni idea. Mi cabeza se pone en marcha lentamente como un ordenador antiguo. Es invierno, eso está más que claro. Me aprieto contra mi amigo edredón , puedo escuchar el crujir de sus plumas en su interior. De repente, recuerdo la fatídica realidad. ¡Dios! ¡No! Hoy es Navidad. ¡Hoy es Navidad! ¡Qué pereza! No quiero que sea Navidad. Me agarro a mi almohada y la aprieto con tanta fuerza que al final se queja. 25 de Diciembre.
No quiero escuchar villancicos, recibir regalos, comprarlos, ni ver anuncios de juguetes, ni hacer cola en el Fnac... no quiero estar en casa de mis recalcitrantes padres, ver pesebres llenos de musgo podrido, ni esnifar esa mierda blanca que se pone en los cristales para que parezca que ha nevado... El olor apestoso a turrón de melancolía me aprieta el cuello, se convierte en un moco y creo que voy a....
¡Un momento! Saco el brazo del fondo de mi edredón polar, la atmósfera es cálida...¡Qué raro! extiendo el brazo hasta mi mesilla para alcanzar como un bastón de ciego mi reloj Casio de 18 euros. Entreabro un ojo y miro la hora: Las 14.45. ¡Uf! No tendría que haberme tomado ese último Sex on the Beach . ¿Y la fecha? Mmmmmm.... Sábado 3 de Octubre. Mi brazo cae a plomo encima de la cama. Cierro los ojos. Sonrío. Disfruto del momento. Un estado de relajación tántrica se apodera de mi. ¡Es tan rica! No es navidad. Eso está bien. Muy bien. Gracias Dios. La vida me sonríe.
No quiero escuchar villancicos, recibir regalos, comprarlos, ni ver anuncios de juguetes, ni hacer cola en el Fnac... no quiero estar en casa de mis recalcitrantes padres, ver pesebres llenos de musgo podrido, ni esnifar esa mierda blanca que se pone en los cristales para que parezca que ha nevado... El olor apestoso a turrón de melancolía me aprieta el cuello, se convierte en un moco y creo que voy a....
¡Un momento! Saco el brazo del fondo de mi edredón polar, la atmósfera es cálida...¡Qué raro! extiendo el brazo hasta mi mesilla para alcanzar como un bastón de ciego mi reloj Casio de 18 euros. Entreabro un ojo y miro la hora: Las 14.45. ¡Uf! No tendría que haberme tomado ese último Sex on the Beach . ¿Y la fecha? Mmmmmm.... Sábado 3 de Octubre. Mi brazo cae a plomo encima de la cama. Cierro los ojos. Sonrío. Disfruto del momento. Un estado de relajación tántrica se apodera de mi. ¡Es tan rica! No es navidad. Eso está bien. Muy bien. Gracias Dios. La vida me sonríe.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
Diario de un zumbado
Hoy he puesto Coca-Cola Zero en mi motocicleta y me he bebido 3 litros de gasolina. En el taller me han dicho que lo mío no tenía solución.
jueves, 24 de septiembre de 2009
La cucharilla. (Microrelato Romántico 3)

Tras cinco años de relación Carlos y Ana se separan. Ella quiere cambiarle y él no la escucha. Después de millones de discusiones, reproches y numeritos, un día se dan cuenta que no quieren estar más tiempo juntos. Él se va a vivir a un apartamento y ella se queda con la casa.
Para Carlos lo peor son las noches. Está acostumbrado, incluso después de alguna tremenda discusión, a dormir pegado a ella, abrazarse a su espalda como una lapa, encajarse contra su mullido trasero y trenzar sus piernas con las de su mujer, quedando tan juntos como dos cucharillas de café guardadas una dentro de la otra. Asi, protegidos, a salvo del abismo, dormir cómo dos náufragos cogidos a una boya en un mar tormentoso...
Pero ahora está solo. Tiene miedo. El nuevo apartamento hace ruidos extraños, la noche se presenta negra, solitaria, llena de peligros y pesadillas y anhela con todas sus fuerzas la salvación del calor humano.
Está tentado de llamar a su mujer. Suplicarle simplemente que duerman juntos. Sin sexo, sin conversaciones, sin nada de nada... sólo un abrazo en cucharilla.
Por la mañana, Carlos, deambula por la lluviosa ciudad. Perdido, entra en unos grandes almacenes dónde uno siempre puede encontrar el consuelo de cualquier mal. Carlos pasea por la sección de regalos. Algo le llama la atención. Se anuncia con un expositor de colores: "Cucharilla Pilow". ¡No puede ser! Una almohada en forma de mujer o de hombre que sirve para dormir como si estuvieras pegado a la espalda de alguien. ¡Qué horror! ¿Quién es el desgraciado que se compraría semejante barbaridad?
- Hola, ¿Le puedo ayudar? - Le dice un empleado de sonrisa perpetua y corbata almidonada. - No, sólo estaba mirando....- Contesta Carlos avergonzado de hablar con alguien al lado de un producto tan humillante. El vendedor insiste:- Fíjese, directamente del Japón, una maravilla. Tiene el tacto de una mujer, es moldeable y sale tirada de precio. - Carlos le interrumpe: - Perdone pero no estoy interesado en... en.... esta salvajada...- El dependiente no se da por vencido:- No se confunda. No es una muñeca hinchable. No es un juguete erótico. Es simplemente el compañero ideal de las noches solitarias. Se puede plegar y se puede llevar de viaje e incluso se puede compartir. Sí, por fin el que da la espalda también tiene una espalda dónde agarrarse. -
Carlos se marcha indignado - ¡Por favor! -
Fuera en la calle sigue lloviendo; para Carlos es sólo una representación mental de su estado de ánimo, por eso no lleva paraguas. Cuando llega a casa está empapado de tristeza. Carlos se mete en la cama en posición fetal y se agarra con fuerza contra su almohada. Llora. ¡La echa tanto de menos! Decide llamarla, contarle todo lo que siente. Al sexto tono ella le contesta: - ¿Diga?- su voz le recuerda la cruda realidad, todo lo que les ha separado: Los gritos, los reproches, el mal humor, las discusiones.... Carlos, sin decir nada cuelga. En la ducha el agua congelada despeja su cabeza. Esta claro. En realidad no la echa de menos... lo único que echa de menos es dormir en cucharilla. Son las tres de la madrugada...
A las nueve de la mañana el día no ha levantado sus colores por culpa de la tormenta. Carlos , sin haber dormido, llega al centro comercial y compra la almohada en forma de chica. El dependiente le sonríe engreído pero Carlos se traga su orgullo. Cuando se marcha oye como el comerciante le grita: -¡Se acabó aguantar a alguien que no te gusta para no dormir solo! - Carlos se gira indignado y el dependiente le sonríe diabólicamente.
Por la calle la gente le mira entrometida mientras Carlos se apura en tapar las fotografías que delatan el contenido inconfesable de la caja, una enorme caja que contiene el consuelo, y la salvación....
Una vez en casa, Carlos se desviste, prepara la cama, baja las persianas, saca la almohada de su envoltorio y sin mirarla (para no romper el hechizo) se acuesta con ella.
El producto es de calidad. La almohada tiene un tacto suave, cálido como de piel humana, sus articulaciones son casi reales. Carlos se enreda por detrás y se aprieta con fuerza. En el exterior la lluvia cesa, un rayo de sol se filtra entre las nubes y se cuela por las rendijas de la persiana pero Carlos ya duerme plácidamente cómo si acabara de nacer.
A varias manzanas de allí, la misma luz despierta a Ana , la ex-mujer de Carlos, que se levanta y guarda en el armario una versión masculina de la almohada humana con la que ahora puede dormir tranquila y sola.
Para Sarita, para celebrar que todo ha salido bien.
Para Carlos lo peor son las noches. Está acostumbrado, incluso después de alguna tremenda discusión, a dormir pegado a ella, abrazarse a su espalda como una lapa, encajarse contra su mullido trasero y trenzar sus piernas con las de su mujer, quedando tan juntos como dos cucharillas de café guardadas una dentro de la otra. Asi, protegidos, a salvo del abismo, dormir cómo dos náufragos cogidos a una boya en un mar tormentoso...
Pero ahora está solo. Tiene miedo. El nuevo apartamento hace ruidos extraños, la noche se presenta negra, solitaria, llena de peligros y pesadillas y anhela con todas sus fuerzas la salvación del calor humano.
Está tentado de llamar a su mujer. Suplicarle simplemente que duerman juntos. Sin sexo, sin conversaciones, sin nada de nada... sólo un abrazo en cucharilla.
Por la mañana, Carlos, deambula por la lluviosa ciudad. Perdido, entra en unos grandes almacenes dónde uno siempre puede encontrar el consuelo de cualquier mal. Carlos pasea por la sección de regalos. Algo le llama la atención. Se anuncia con un expositor de colores: "Cucharilla Pilow". ¡No puede ser! Una almohada en forma de mujer o de hombre que sirve para dormir como si estuvieras pegado a la espalda de alguien. ¡Qué horror! ¿Quién es el desgraciado que se compraría semejante barbaridad?
- Hola, ¿Le puedo ayudar? - Le dice un empleado de sonrisa perpetua y corbata almidonada. - No, sólo estaba mirando....- Contesta Carlos avergonzado de hablar con alguien al lado de un producto tan humillante. El vendedor insiste:- Fíjese, directamente del Japón, una maravilla. Tiene el tacto de una mujer, es moldeable y sale tirada de precio. - Carlos le interrumpe: - Perdone pero no estoy interesado en... en.... esta salvajada...- El dependiente no se da por vencido:- No se confunda. No es una muñeca hinchable. No es un juguete erótico. Es simplemente el compañero ideal de las noches solitarias. Se puede plegar y se puede llevar de viaje e incluso se puede compartir. Sí, por fin el que da la espalda también tiene una espalda dónde agarrarse. -
Carlos se marcha indignado - ¡Por favor! -
Fuera en la calle sigue lloviendo; para Carlos es sólo una representación mental de su estado de ánimo, por eso no lleva paraguas. Cuando llega a casa está empapado de tristeza. Carlos se mete en la cama en posición fetal y se agarra con fuerza contra su almohada. Llora. ¡La echa tanto de menos! Decide llamarla, contarle todo lo que siente. Al sexto tono ella le contesta: - ¿Diga?- su voz le recuerda la cruda realidad, todo lo que les ha separado: Los gritos, los reproches, el mal humor, las discusiones.... Carlos, sin decir nada cuelga. En la ducha el agua congelada despeja su cabeza. Esta claro. En realidad no la echa de menos... lo único que echa de menos es dormir en cucharilla. Son las tres de la madrugada...
A las nueve de la mañana el día no ha levantado sus colores por culpa de la tormenta. Carlos , sin haber dormido, llega al centro comercial y compra la almohada en forma de chica. El dependiente le sonríe engreído pero Carlos se traga su orgullo. Cuando se marcha oye como el comerciante le grita: -¡Se acabó aguantar a alguien que no te gusta para no dormir solo! - Carlos se gira indignado y el dependiente le sonríe diabólicamente.
Por la calle la gente le mira entrometida mientras Carlos se apura en tapar las fotografías que delatan el contenido inconfesable de la caja, una enorme caja que contiene el consuelo, y la salvación....
Una vez en casa, Carlos se desviste, prepara la cama, baja las persianas, saca la almohada de su envoltorio y sin mirarla (para no romper el hechizo) se acuesta con ella.
El producto es de calidad. La almohada tiene un tacto suave, cálido como de piel humana, sus articulaciones son casi reales. Carlos se enreda por detrás y se aprieta con fuerza. En el exterior la lluvia cesa, un rayo de sol se filtra entre las nubes y se cuela por las rendijas de la persiana pero Carlos ya duerme plácidamente cómo si acabara de nacer.
A varias manzanas de allí, la misma luz despierta a Ana , la ex-mujer de Carlos, que se levanta y guarda en el armario una versión masculina de la almohada humana con la que ahora puede dormir tranquila y sola.
Para Sarita, para celebrar que todo ha salido bien.
domingo, 13 de septiembre de 2009
Una mañana difícil. (microrelatos imposibles I )
Carlos Campos llega a la oficina quince minutos tarde con un aspecto terrible. El Jefe, indignado, requiere su presencia. Carlos acude a su despacho totalmente despeinado, con su traje arrugado y la corbata sin anudar... - Tome asiento - le dice el jefe y acto seguido empieza su discurso: - Sr. Campos, esto no puede ser. En esta empresa la puntualidad es un valor que tenemos muy en cuenta. Su aspecto deja mucho que desear. Espero que esta falta tan grave no se repita.... -
Carlos le interrumpe con un gruñido. Su Jefe le mira extrañado. Repentinamente Carlos sufre un brusco espasmo que casi le tira de la silla. - ¿Se... se encuentra usted bien? - le pregunta el Jefe asustado. Carlos no puede contestar, su garganta está bloqueada y no puede respirar pero utilizando gestos le dice a su jefe que se encuentra de maravilla; este carraspea y se dispone a seguir sin darle más importancia: - Pues lo que le decía, en esta empresa... - El siguiente espasmo de Carlos es todavía más fuerte y difícil de disimular. Carlos golpea la mesa con sus piernas y hace caer algunos objetos, un marco con la foto de la esposa del jefe, un pisapapeles con el "logo" de la empresa, un "souvenir" de la torre de Pisa... La cosa se esta yendo de madre y a Carlos le sobreviene una arcada que le deja unos eternos segundo con la boca abierta. El jefe pulsa un botón de la mesa y habla a un intercomunicador: - Teresa, puedes traer agua, es urgente.- Carlos se repone y pide excusas asfixiado. - ¿De verdad se encuentra usted mejor?- Carlos, rojo como un tomate asiente con la cabeza. Teresa la secretaria entra con una bandeja con una jarra de agua y algunos vasos. Cuando se dispone a dejarlos en la mesa, Carlos se levanta de golpe y se golpea con ella. La bandeja cae al suelo, la jarra y los vasos se rompen estrepitosamente. Carlos se apoya en la pared y con gran esfuerzo empieza a vomitar algo sólido. Su boca se abre espantosamente para dejar paso a algo enorme que sale de su cuerpo. La secretaria, asidua amante del jefe, se agarra a la espalda del jefe que la protege con su cuerpo. Carlos, entre jadeos y regurgitaciones arroja fuera de si un enorme trozo esponjoso lleno de babas. Sin aliento, Carlos se desliza por la pared hasta quedarse en el suelo agotado y avergonzado. Cuando el jefe y la secretaria se acercan a la extraña forma que Carlos ha vomitado , descubren atónitos que se trata de una almohada individual, seguramente del Ikea, con su funda de color beige y su blonda azul marino. Carlos les mira desde el suelo con los ojos llorosos y la cara enrojecida por el esfuerzo. Arrepentido y con un hilillo de voz logra decirles: "Intenté no llegar tarde.... pero fue imposible."
Inspirado en un fragmento de un guión (que no tiene nada que ver) escrito por Sergio Sánchez y J.A.Bayona.
Carlos le interrumpe con un gruñido. Su Jefe le mira extrañado. Repentinamente Carlos sufre un brusco espasmo que casi le tira de la silla. - ¿Se... se encuentra usted bien? - le pregunta el Jefe asustado. Carlos no puede contestar, su garganta está bloqueada y no puede respirar pero utilizando gestos le dice a su jefe que se encuentra de maravilla; este carraspea y se dispone a seguir sin darle más importancia: - Pues lo que le decía, en esta empresa... - El siguiente espasmo de Carlos es todavía más fuerte y difícil de disimular. Carlos golpea la mesa con sus piernas y hace caer algunos objetos, un marco con la foto de la esposa del jefe, un pisapapeles con el "logo" de la empresa, un "souvenir" de la torre de Pisa... La cosa se esta yendo de madre y a Carlos le sobreviene una arcada que le deja unos eternos segundo con la boca abierta. El jefe pulsa un botón de la mesa y habla a un intercomunicador: - Teresa, puedes traer agua, es urgente.- Carlos se repone y pide excusas asfixiado. - ¿De verdad se encuentra usted mejor?- Carlos, rojo como un tomate asiente con la cabeza. Teresa la secretaria entra con una bandeja con una jarra de agua y algunos vasos. Cuando se dispone a dejarlos en la mesa, Carlos se levanta de golpe y se golpea con ella. La bandeja cae al suelo, la jarra y los vasos se rompen estrepitosamente. Carlos se apoya en la pared y con gran esfuerzo empieza a vomitar algo sólido. Su boca se abre espantosamente para dejar paso a algo enorme que sale de su cuerpo. La secretaria, asidua amante del jefe, se agarra a la espalda del jefe que la protege con su cuerpo. Carlos, entre jadeos y regurgitaciones arroja fuera de si un enorme trozo esponjoso lleno de babas. Sin aliento, Carlos se desliza por la pared hasta quedarse en el suelo agotado y avergonzado. Cuando el jefe y la secretaria se acercan a la extraña forma que Carlos ha vomitado , descubren atónitos que se trata de una almohada individual, seguramente del Ikea, con su funda de color beige y su blonda azul marino. Carlos les mira desde el suelo con los ojos llorosos y la cara enrojecida por el esfuerzo. Arrepentido y con un hilillo de voz logra decirles: "Intenté no llegar tarde.... pero fue imposible."
Inspirado en un fragmento de un guión (que no tiene nada que ver) escrito por Sergio Sánchez y J.A.Bayona.
sábado, 5 de septiembre de 2009
Faces
Es fácil. Pones aceite en una paella y enciendes el fuego. Te embadurnas la cara con harina, preferiblemente harina de galleta mezclada con huevo. Luego pones la cara en la paella durante unos minutos hasta que quede doradita. ¡Alehop! Eres el hombre croqueta. Las chicas se vuelven locas. Te encuentra atractivo, cool y crujiente. Todas quieren pasar la vida contigo. Algunas incluso te quieren comer la cara. Si eso ocurre, tu calavera se queda a la vista. Pero eso también mola mazo. A todo el mundo le gustan las calaveras. Ahora tu cara combina como nunca con una chaqueta de cuero negro. En las discotecas, la luz de neón resalta el fósforo de tu cráneo y nadie se atreve a llevarte la contraria. Puede que a tu padres no les guste tu nuevo look, seguro que han leído cosas muy malas sobre las calaveras, pero para ello puedes enrollarte una venda de farmacia, conjuntarla con unas bonitas ray-ban polarizadas y hablarles de un injusto accidente con un conductor borracho que se echó encima tuyo a 200km por hora. Puede que se apiaden de ti y te paguen una operación para que un médico alcohólico te injerte una careta de Mickey Mouse que te servirá para encontrar trabajo en fiestas de cumpleaños infantiles o en orgías con gente de la clase más alta de tu ciudad. No obstante, puede que a tu novia no le guste fornicar con un ratón antropomórfico y entonces tendrás que cortar con ella y buscar una chica que te quiera tal y como eres (ahora) sino siempre puedes optar por la cirugía estética para que te pongan la cara de Goofy. Ya sabes, a las chicas les vuelve locas, casi más que cuando llevabas el look croqueta.
jueves, 27 de agosto de 2009
Microrelato romántico teatralizado. Acto 1. Tomeo y Violeta.

Acto 1. Se abre el telón. Noche. Balcón de la bella Violeta. En la ventana hay una tenue luz. Tomeo aparece por detrás de un matorrales dónde se hallaba escondido.
TOMEO: (dirigiéndose al público) ¡Joder! ¡Me cago en la puta! ¡Cómo me aprietan las mallas de los cojones! Esto me pasa por seguir la maldita moda Florenciana. ¡Y qué bochorno de noche! ¡Vaya calorazo! Y Violeta como siempre, haciéndose esperar. Venga a meterse polvos y polvos en la cara. Los polvos me los tendría que meter a mí, ¡Joder! ¡Si es que lleva más de una hora esperando aquí, como un "tontolaba". A ver... (susurrando)¡Violeta! ¿Mi amor?
VIOLETA: (desde el foro y susurrando) Ya voy amado mío....
TOMEO: (dirigiéndose al publico) ¡Joder! ¡¡Qué tardona! ¡La muy perra! Si es que esto es una cagada de órdago. Voy a pillar seguro. Esto me pasa porque me flipa todo lo prohibido. Basta que me digan que una cosa no se puede tocar que !ZAS! pierdo el culo por tocarla. Si es que soy un puto caso. ¡Esto va acabar fatal! Lo veo venir... Si se entera mi viejo que me intento cepillar a la hija de un Frasuleto.... se arma la de Dios.... me arranca los cojones de cuajo... con lo que le fastidian los Frasuleto... ¡Ay!.... (silencio reflexivo, se oye un buho a lo lejos) ¡Pero es que está como un queso la muy guarra! ¡Esas tetazas y ese culo y la boca de comer pollas que flipas! Tiene pinta de chuparla de "lux". ¡Joder! ¡Qué calor! Putas mallas...
Voy a insistir. (susurrando) ¡Violeta...!
VIOLETA: (desde el foro y en voz baja) Ya voy mi amor....
TOMEO: ¡Qué paciencia hay que tener! Dios. Pero está noche me la follo. Lo juro por lo más sagrado. Me la follo fijo. (Se pone a cantar y a bailar obscenamente) "One, two, three, four, uno, dos, tres, cuatro... I know you want me..."
Violeta sale al balcón. Tomeo calla, le saluda con un gesto cortes y sube por la enredadera para quedarse cerca de Violeta.
TOMEO: ¡Oh! Bella doncella, qué alegría palpita en mi corazón. Vuestra presencia ilumina esta noche sin luna.
VIOLETA: Disculpad mi retraso. ¿No os habré hecho esperar....?
TOMEO: ¿Esperar? Podría esperar la vida entera si al final, la recompensa fuera contemplar vuestro rostro un segundo nada más.
VIOLETA: ¡Oh! ¡Encendéis mis mejillas con palabras tan generosas!
TOMEO: Generosa es vuestra belleza... que hace desfilar los tambores que suenan en mi corazón...
VIOLETA: (le interrumpe) ¡Oh!¡ Mi padre.... esconderos!
Tomeo baja por la enredadera y Violeta vuelve a entrar en su estancia.
TOMEO: (contraído) ¡Me cago en Satanás! ¡Puto padre de los cojones! ¡Esto es un coñazo! Pero... mira que esta buena la cabrona. Para mojar pan. Le comía todo ahora mismo.
VIOLETA: (apareciendo en el balcón) Mi amor.... tenéis que iros... ¿quedamos mañana a la misma hora?
TOMEO: (vuelve a subir la enredadera y habla casi sin aliento) Vivir sin ti es como estar muerto, así que dejo en tus labios mi vida que mañana volveré a buscar.
(Tomeo besa dulcemente a Violeta)
VIOLETA: Oh.... sois tan atento...vuestros besos son anzuelos en mi corazón.... (Violeta desaparece)
Tomeo vuelve a bajar la enredadera.
TOMEO: ¡Qué putada! Venga arriba y abajo... ¡Joder! Bueno..... "anzuelos en mi corazón", "mejillas sonrosadas".... Mañana si no está su puto padre.... follo seguro. La tengo en el bote, coño, eso está claro. (Relamiendose) ¡Joder!Tiene una pinta de ser anal que lo flipas.
Tomeo desaparece por el lateral.
Al cabo de un rato, en el balcón aparece de nuevo la bella Violeta. Se queda un rato con la mirada perdida. Suspira y dice:
VIOLETA: ¡Joder! ¡Qué bueno está el hijo de puta! ¡Vaya culazo! ¡Y vaya paquetazo que marca el cabronazo con esas mallas tan ajustadas! ¡Joder, que cachonda me pone!
Violeta suspira de nuevo y vuelve a entrar.
Se baja el telón.
Fin.
microrelato dedicado a la "bonica" María Magdalena.
TOMEO: (dirigiéndose al público) ¡Joder! ¡Me cago en la puta! ¡Cómo me aprietan las mallas de los cojones! Esto me pasa por seguir la maldita moda Florenciana. ¡Y qué bochorno de noche! ¡Vaya calorazo! Y Violeta como siempre, haciéndose esperar. Venga a meterse polvos y polvos en la cara. Los polvos me los tendría que meter a mí, ¡Joder! ¡Si es que lleva más de una hora esperando aquí, como un "tontolaba". A ver... (susurrando)¡Violeta! ¿Mi amor?
VIOLETA: (desde el foro y susurrando) Ya voy amado mío....
TOMEO: (dirigiéndose al publico) ¡Joder! ¡¡Qué tardona! ¡La muy perra! Si es que esto es una cagada de órdago. Voy a pillar seguro. Esto me pasa porque me flipa todo lo prohibido. Basta que me digan que una cosa no se puede tocar que !ZAS! pierdo el culo por tocarla. Si es que soy un puto caso. ¡Esto va acabar fatal! Lo veo venir... Si se entera mi viejo que me intento cepillar a la hija de un Frasuleto.... se arma la de Dios.... me arranca los cojones de cuajo... con lo que le fastidian los Frasuleto... ¡Ay!.... (silencio reflexivo, se oye un buho a lo lejos) ¡Pero es que está como un queso la muy guarra! ¡Esas tetazas y ese culo y la boca de comer pollas que flipas! Tiene pinta de chuparla de "lux". ¡Joder! ¡Qué calor! Putas mallas...
Voy a insistir. (susurrando) ¡Violeta...!
VIOLETA: (desde el foro y en voz baja) Ya voy mi amor....
TOMEO: ¡Qué paciencia hay que tener! Dios. Pero está noche me la follo. Lo juro por lo más sagrado. Me la follo fijo. (Se pone a cantar y a bailar obscenamente) "One, two, three, four, uno, dos, tres, cuatro... I know you want me..."
Violeta sale al balcón. Tomeo calla, le saluda con un gesto cortes y sube por la enredadera para quedarse cerca de Violeta.
TOMEO: ¡Oh! Bella doncella, qué alegría palpita en mi corazón. Vuestra presencia ilumina esta noche sin luna.
VIOLETA: Disculpad mi retraso. ¿No os habré hecho esperar....?
TOMEO: ¿Esperar? Podría esperar la vida entera si al final, la recompensa fuera contemplar vuestro rostro un segundo nada más.
VIOLETA: ¡Oh! ¡Encendéis mis mejillas con palabras tan generosas!
TOMEO: Generosa es vuestra belleza... que hace desfilar los tambores que suenan en mi corazón...
VIOLETA: (le interrumpe) ¡Oh!¡ Mi padre.... esconderos!
Tomeo baja por la enredadera y Violeta vuelve a entrar en su estancia.
TOMEO: (contraído) ¡Me cago en Satanás! ¡Puto padre de los cojones! ¡Esto es un coñazo! Pero... mira que esta buena la cabrona. Para mojar pan. Le comía todo ahora mismo.
VIOLETA: (apareciendo en el balcón) Mi amor.... tenéis que iros... ¿quedamos mañana a la misma hora?
TOMEO: (vuelve a subir la enredadera y habla casi sin aliento) Vivir sin ti es como estar muerto, así que dejo en tus labios mi vida que mañana volveré a buscar.
(Tomeo besa dulcemente a Violeta)
VIOLETA: Oh.... sois tan atento...vuestros besos son anzuelos en mi corazón.... (Violeta desaparece)
Tomeo vuelve a bajar la enredadera.
TOMEO: ¡Qué putada! Venga arriba y abajo... ¡Joder! Bueno..... "anzuelos en mi corazón", "mejillas sonrosadas".... Mañana si no está su puto padre.... follo seguro. La tengo en el bote, coño, eso está claro. (Relamiendose) ¡Joder!Tiene una pinta de ser anal que lo flipas.
Tomeo desaparece por el lateral.
Al cabo de un rato, en el balcón aparece de nuevo la bella Violeta. Se queda un rato con la mirada perdida. Suspira y dice:
VIOLETA: ¡Joder! ¡Qué bueno está el hijo de puta! ¡Vaya culazo! ¡Y vaya paquetazo que marca el cabronazo con esas mallas tan ajustadas! ¡Joder, que cachonda me pone!
Violeta suspira de nuevo y vuelve a entrar.
Se baja el telón.
Fin.
microrelato dedicado a la "bonica" María Magdalena.
miércoles, 26 de agosto de 2009
Diario de una polilla (fragmento)
(...)Luz. Más luz... Por favor, más luz. ¡Luz! ¡LUZ! ¡Necesito luz! ¡Argh!¡Ah! La luz... me encanta la luz. Más luz. Luz. Me muero sin ella. La necesito. La quiero. Un poco de luz, porfavor, si puede ser. Luz. Luz. Luz. Exijo luz, ¡Joder! Lo mejor es la luz. Así... ahora... ah.... ¡La luz es todo! Luz. ¡¡¡Más luz!!! ¡¡¡Luz!!! (...)
viernes, 21 de agosto de 2009
jueves, 13 de agosto de 2009
Lo más profundo

Después del esfuerzo
a veces siento que no siento nada.
Tu mirada es un arañazo que pica.
Y te das media vuelta para que hable con tu espalda.
La habitación navega por el calor de la tarde.
No es que no me sienta bien...
sólo siento no sentirme mejor
y poder levantar el vuelo para desaparecer
contigo
de este mundo tan cruel.
Igual tenemos que seguir repitiendo
el hecho fundamental de entrar en tu cuerpo.
Es extraño
pero sólo eso me hace sentir libre,
feliz
y a la vez triste.
¿Será porque al final
lo más profundo es la piel?
miércoles, 12 de agosto de 2009
La infelicidad
Llevaba trece días caminando. El frió y el cansancio empezaban a destrozarle. Se sintió perdido y absurdo en aquella aventura.Pensó en su mujer y en la casa dónde vivía. Se imaginó plácidamente sentado en su sofá leyendo la prensa con el televisor encendido.
Su precioso amor descansaba a su lado mientras en la cocina un pavo relleno con ciruelas se cocía a fuego lento. Se paro en medio de la tundra y dijo a sus adentros: -¡Basta! Tengo que volver a casa.¡ Se acabó vagar por el mundo!-
Cuando volvió a casa, la calefacción le irritaba las orejas. El televisor escupía publicidad y el periódico sólo hablaba de cosas que ocurrían en otro lugar. La casa olia a carne cocida con ciruelas. A su lado, su mujer le sonreía forzadamente para disimular el tremendo aburrimiento que compartían. Se quedo con los ojos perdidos en el ficus de plástico e imaginó la tundra, la libertad, la aventura, el enfrentamiento con la propia naturaleza. Se levantó de un solo gesto y dijo a sus adentros: "¡Basta! Tengo que irme de casa. Se acabó...¡Voy a vagar por el mundo!-
Llevaba trece días caminando...
Su precioso amor descansaba a su lado mientras en la cocina un pavo relleno con ciruelas se cocía a fuego lento. Se paro en medio de la tundra y dijo a sus adentros: -¡Basta! Tengo que volver a casa.¡ Se acabó vagar por el mundo!-
Cuando volvió a casa, la calefacción le irritaba las orejas. El televisor escupía publicidad y el periódico sólo hablaba de cosas que ocurrían en otro lugar. La casa olia a carne cocida con ciruelas. A su lado, su mujer le sonreía forzadamente para disimular el tremendo aburrimiento que compartían. Se quedo con los ojos perdidos en el ficus de plástico e imaginó la tundra, la libertad, la aventura, el enfrentamiento con la propia naturaleza. Se levantó de un solo gesto y dijo a sus adentros: "¡Basta! Tengo que irme de casa. Se acabó...¡Voy a vagar por el mundo!-
Llevaba trece días caminando...
martes, 4 de agosto de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)