viernes, 11 de diciembre de 2009
Diario de un zumbado
Hoy he puesto Coca-Cola Zero en mi motocicleta y me he bebido 3 litros de gasolina. En el taller me han dicho que lo mío no tenía solución.
martes, 8 de diciembre de 2009
La Revolución

En los rincones mas recónditos de la mundanal existencia humana existen pequeños momentos en los que la providencia envía enormes señales de sabiduría.
Al devolver un videojuego de alquiler, en una tienda de la multipoderosa franquicia GAME, el encargado me pide que le abone 6euros. Me quedo algo confuso pues en realidad le debo 4euros. (fíjense en lo trivial de la situación y en lo miserable de los números).
Le digo, con buenas palabras que me temo que se equivoca. El recalcitrante dependiente (cuerpo-recipiente dónde se esconde un mentor sabio entre sabios) me advierte que me tiene que cobrar el Domingo. Yo le advierto que el Domingo la tienda está cerrada y que no hay manera humana de devolver el juego (quizás la instalación de un buzón bla bla bla....). El encargado con santa paciencia me escucha para finalmente decirme con sequedad y precisión quirúrgica la siguiente frase:
"Puede que sea injusto, pero es correcto." Es decir, puede que sea injusto... pero estas son las normas de la casa y nadie te está cobrando de más. La aguja cae al suelo, el niño rompe a llorar, la espada sesga el talón de Aquiles y las partículas chocan en plena aceleración cuando el genoma humano rima en consonante. Puede que la insipida anécdota del videojuego oculte por completo la grandeza de este momento en el que se me revela (a mí, pobre mortal) la flor de lis del funcionamiento de nuestro mundo.
Reflexionemos. Cuando Dios, Cristo y el Espíritu Santo sean llamados a sentarse en el banquillo de los acusados por sus crímenes cometidos contra la humanidad el abogado defensor les exculpará con la misma frase:- "Puede que sea injusto pero es correcto."- Enorme y sacrosanta definición del mundo. Explicación racional, clara y perfecta de todo lo que nos envuelve. El mundo, en realidad, se soporta enteramente bajo este axioma incontestable. La naturaleza es injusta pero correcta. El tiburón se come a la simpática sardinilla, el león se come a la grácil gacela, la mosca muere aplastada por la enorme oreja de un gigantesco elefante, los pollitos son devorados por el lobo.... etc...etc...
Pero, ¿qué pasa con los humanos?
El mundo humano también está sentenciado por la misma sentencia: "Injusto pero correcto". Los pobres se comen a los ricos, los justos pagan por pecadores y el crimen se organiza para vencer... Poderosos que subyugan a los menos-poderosos, menos-poderosos que subyugan a los miserables, miserables que subyugan a los raquíticos y raquíticos que se mueren de hambre.-¡Sonría!- dice el dependiente mientras me fijo en las comisuras de sus labios con restos de antidepresivos en forma de saliva blanca. "¡Es injusto, pero es correcto!".
¿Cuantos crímenes atroces ha perpetrado la humanidad bajo el blasón de este lema? ¿Cuantas personas han visto perder sus cosechas, sus familias, su propia vida bajo la lógica aplastante de esta oración singular. Policías, verdugos, jueces, bandidos, señores feudales, poderosos, empresarios, jefes, encargados, ministros y diputados se han lavado la boca con esta máxima que encabeza el monstruo de la libertad democrática de nuestro mundo moderno. Gracias a ella el hombre ha construido fronteras, edificado estratos, pirámides y niveles, en los que algunos tienen y otros no , en los que algunos mandan, viven, ganan, comen y rebañan el plato y otros.... otros NO. Ya se sabe; injusticia correcta enquistada.
Le digo al dependiente que se vaya a la mierda y que le folle un pez. Me dice que no hay para tanto. No tengo ninguna posibilidad. Las normas están escritas y son clarísimas. Le pago los dos euros de más y me marcho regañando los dientes.
Salgo a la calle. Fustrado. Engañado. Cabreado. Consternado. Pienso en la revolución. En la lejana revolución. En la incapacidad de luchar por algo. Y me doy cuenta que en el fondo hemos dejado de luchar porque no hay nada contra lo que luchar. Y no hay nada contra lo que luchar porque todo está correcto. Esa es la trampa. Correctísimo. Perfecto. Sin problemas.
Pero, mierda, la luz del sol ciega mi escuálido intelecto y mis entrañas caen al suelo como un ovillo... no puede ser: Africanos que mueren ahogados en las costas de nuestro país, víctimas colaterales del terrorismo armado, estudios, hospitales, comida, medicinas inalcanzables para muchos que no tienen la suerte; empresarios explotadores, chulos, mafias, criados (¡si! criados), machistas, hombres con más dinero que un país entero, sueldos raquíticos en empresas gigantescas, niños explotados, obligados, esclavizados, presupuestos desviados, enchufes, comisiones, favoritismos, malversaciones, fraudes politizados, el poder para el que muerde y Todo injusto pero correcto.
Me levanto, doy media vuelta y entro en la tienda, cojo al dependiente por la solapa y le digo muy cerca de su cara: "¡Capullo! Si es injusto no es correcto" "Si es injusto no es correcto!!!!!!!!","¡¡¡SI ES INJUSTO NO ES CORRECTO!!!"
Al devolver un videojuego de alquiler, en una tienda de la multipoderosa franquicia GAME, el encargado me pide que le abone 6euros. Me quedo algo confuso pues en realidad le debo 4euros. (fíjense en lo trivial de la situación y en lo miserable de los números).
Le digo, con buenas palabras que me temo que se equivoca. El recalcitrante dependiente (cuerpo-recipiente dónde se esconde un mentor sabio entre sabios) me advierte que me tiene que cobrar el Domingo. Yo le advierto que el Domingo la tienda está cerrada y que no hay manera humana de devolver el juego (quizás la instalación de un buzón bla bla bla....). El encargado con santa paciencia me escucha para finalmente decirme con sequedad y precisión quirúrgica la siguiente frase:
"Puede que sea injusto, pero es correcto." Es decir, puede que sea injusto... pero estas son las normas de la casa y nadie te está cobrando de más. La aguja cae al suelo, el niño rompe a llorar, la espada sesga el talón de Aquiles y las partículas chocan en plena aceleración cuando el genoma humano rima en consonante. Puede que la insipida anécdota del videojuego oculte por completo la grandeza de este momento en el que se me revela (a mí, pobre mortal) la flor de lis del funcionamiento de nuestro mundo.
Reflexionemos. Cuando Dios, Cristo y el Espíritu Santo sean llamados a sentarse en el banquillo de los acusados por sus crímenes cometidos contra la humanidad el abogado defensor les exculpará con la misma frase:- "Puede que sea injusto pero es correcto."- Enorme y sacrosanta definición del mundo. Explicación racional, clara y perfecta de todo lo que nos envuelve. El mundo, en realidad, se soporta enteramente bajo este axioma incontestable. La naturaleza es injusta pero correcta. El tiburón se come a la simpática sardinilla, el león se come a la grácil gacela, la mosca muere aplastada por la enorme oreja de un gigantesco elefante, los pollitos son devorados por el lobo.... etc...etc...
Pero, ¿qué pasa con los humanos?
El mundo humano también está sentenciado por la misma sentencia: "Injusto pero correcto". Los pobres se comen a los ricos, los justos pagan por pecadores y el crimen se organiza para vencer... Poderosos que subyugan a los menos-poderosos, menos-poderosos que subyugan a los miserables, miserables que subyugan a los raquíticos y raquíticos que se mueren de hambre.-¡Sonría!- dice el dependiente mientras me fijo en las comisuras de sus labios con restos de antidepresivos en forma de saliva blanca. "¡Es injusto, pero es correcto!".
¿Cuantos crímenes atroces ha perpetrado la humanidad bajo el blasón de este lema? ¿Cuantas personas han visto perder sus cosechas, sus familias, su propia vida bajo la lógica aplastante de esta oración singular. Policías, verdugos, jueces, bandidos, señores feudales, poderosos, empresarios, jefes, encargados, ministros y diputados se han lavado la boca con esta máxima que encabeza el monstruo de la libertad democrática de nuestro mundo moderno. Gracias a ella el hombre ha construido fronteras, edificado estratos, pirámides y niveles, en los que algunos tienen y otros no , en los que algunos mandan, viven, ganan, comen y rebañan el plato y otros.... otros NO. Ya se sabe; injusticia correcta enquistada.
Le digo al dependiente que se vaya a la mierda y que le folle un pez. Me dice que no hay para tanto. No tengo ninguna posibilidad. Las normas están escritas y son clarísimas. Le pago los dos euros de más y me marcho regañando los dientes.
Salgo a la calle. Fustrado. Engañado. Cabreado. Consternado. Pienso en la revolución. En la lejana revolución. En la incapacidad de luchar por algo. Y me doy cuenta que en el fondo hemos dejado de luchar porque no hay nada contra lo que luchar. Y no hay nada contra lo que luchar porque todo está correcto. Esa es la trampa. Correctísimo. Perfecto. Sin problemas.
Pero, mierda, la luz del sol ciega mi escuálido intelecto y mis entrañas caen al suelo como un ovillo... no puede ser: Africanos que mueren ahogados en las costas de nuestro país, víctimas colaterales del terrorismo armado, estudios, hospitales, comida, medicinas inalcanzables para muchos que no tienen la suerte; empresarios explotadores, chulos, mafias, criados (¡si! criados), machistas, hombres con más dinero que un país entero, sueldos raquíticos en empresas gigantescas, niños explotados, obligados, esclavizados, presupuestos desviados, enchufes, comisiones, favoritismos, malversaciones, fraudes politizados, el poder para el que muerde y Todo injusto pero correcto.
Me levanto, doy media vuelta y entro en la tienda, cojo al dependiente por la solapa y le digo muy cerca de su cara: "¡Capullo! Si es injusto no es correcto" "Si es injusto no es correcto!!!!!!!!","¡¡¡SI ES INJUSTO NO ES CORRECTO!!!"
domingo, 22 de noviembre de 2009
"fácil"
Giro los ojos hasta poder ver mi propio cerebro.
En un restaurante los cerdos comen piernas humanas.
Si le das la vuelta a una cucaracha verás el señor que hay dentro.
La visita del papa al proctólogo no fue del agrado de Jesús.
En el entierro del ventrílocuo los muñecos lloran desconsolados.
Una rata persigue un circo de pulgas dentro de mi ropa.
Los objetos me toman el pelo cuando no les miro.
Se burlan de mí.
Sin querer engullo mi lengua. ¡Glup! Y ya no la puedo recuperar de mi estomago.
Soy un pixel de una imagen de Dios.
Y mientras Laura Bush y George Bush hacen cucharilla.
Sólo consigo recordar la cara de quien NO besé.
Quizás no debería aprovechar tantas veces los mismos calcetines.
Ni usar un sacabocados para que me hagas caso.
y...
relajarme,
bajar los ojos, mirar al frente, y ver que en realidad todo es más
fácil.
En un restaurante los cerdos comen piernas humanas.
Si le das la vuelta a una cucaracha verás el señor que hay dentro.
La visita del papa al proctólogo no fue del agrado de Jesús.
En el entierro del ventrílocuo los muñecos lloran desconsolados.
Una rata persigue un circo de pulgas dentro de mi ropa.
Los objetos me toman el pelo cuando no les miro.
Se burlan de mí.
Sin querer engullo mi lengua. ¡Glup! Y ya no la puedo recuperar de mi estomago.
Soy un pixel de una imagen de Dios.
Y mientras Laura Bush y George Bush hacen cucharilla.
Sólo consigo recordar la cara de quien NO besé.
Quizás no debería aprovechar tantas veces los mismos calcetines.
Ni usar un sacabocados para que me hagas caso.
y...
relajarme,
bajar los ojos, mirar al frente, y ver que en realidad todo es más
fácil.
viernes, 6 de noviembre de 2009
Serial Killer

Aún recuerdo el momento. Metí a las pobres criaturas en una bolsa y la cerré con un nudo doble. Dentro se oían sus gritos desgarrados. Bajé a la calle escondido en la alevosía y la nocturnidad. Tiré la bolsa en un container de la esquina. Cerré la tapa y me fui corriendo sin mirar atrás. Cuando subía las escaleras de casa me sentía como un fratricida, un desconsiderado sin sentimientos. Habíamos pasado tiempos muy buenos y ahora las abandonaba , a su suerte,en un cubo de basura.
Volví atrás corriendo para recuperarlas... pero un gigantesco camión deglutía en sus tripas a las pobres víctimas que lloraban y gritaban aterrorizadas mientras eran despedazadas, aplastadas y trinchadas a sangre fría.
Al volver a mi hogar, miré mi estantería vacía. Me sentía solo y desamparado. Había acabado con todos mis VHS.
No era la primera vez que cometía un holocausto de tamañas proporciones. Mis diskettes (llenos de juegos) de 3,5 pulgadas, mis cassettes (llenas de música) y mi inseparable PC portátil con dos megas de ram y Windows 85 habían corrido la misma suerte.
No he vuelto a pensar en ello hasta hoy. Comprando DVDs en el Fnac descubro que la estantería de películas en (flamante) Blu-Ray ha crecido tres veces en tamaño respecto a la semana anterior. Me horrorizo y compro (para sentirme mejor) algunos Dvds con caja metálica y edición especial, aunque, en el fondo de mi ser sé que volveré a matar. Tarde o temprano el "Blu-rai, hache dé", el desarrollo industrial y mis ansias consumistas me obligarán a hacerlo.
viernes, 23 de octubre de 2009
¡Pastillas! (microrelato romántico 4)
Las luces estroboscópicas parpadean al ritmo de un bajo demoledor. Las pastillas que me dio aquel zumbado son buenas, tienen un corazón grabado en una cara y son de color rosa, su sabor amargo me lanza contra la bola de cristales que dispara mi reflejo por toda la pista. Bailo a muerte y muero bailando.
De repente, mis globos oculares estallan de éxtasis al contemplar una Diosa: Ella; se mueve como una maniaca en el centro del meollo. De un gesto me mira y me petrifica. Sus parpadeos empiezan en el cielo y acaban en el infierno. Me deslizo de rodillas hasta el borde de su falda y bailamos al ritmo de los miles de satélites que retransmiten el momento. Ella echa hacia atrás su melena y cogido a sus pechos le muerdo el cuello. El escenario cambia y caemos encima de mi cama deshechos por la pasión. Mermelada de sexo, besos y espasmos. Mi rabo fuerte y duro como una piedra la penetra logrando distancias negativas que nos vuelven locos de remate. Sus gritos despiertan la triste ciudad cuando nuestro orgasmo nos permite flotar a tres palmos de mi cama. La electricidad abrasa nuestros cuerpos y después de compartir las galaxias en un clímax brutal; caemos a peso, encima de la cama, desarticulados, agotados, casi muertos.
Cuando vuelvo a abrir los ojos, la veo. Tiene la boca abierta y ronca... un hilillo de baba cae encima de la almohada. Su maquillaje ha desaparecido, sus pestañas postizas son ahora una araña aplastada y su pelo se ha convertido en un marañoso estropajo. Aparto un poco la sábana y me encuentro con la dura realidad. Un cuerpo ajado por el tiempo, lleno de estrías y acumulaciones grasientas fruto de un carácter neurótico obsesivo. Sus pechos caídos de lado hubieran dado a Newton la mejor pista sobre la gravedad de la gravedad.
Salgo de la cama y me dirijo al baño. Me miro al espejo. Mis ojeras me llegan a las rodillas y mis labios están cortados. El pelo alborotado ya no disimula mi calvicie. Mis dientes amarillos han derrotado a todos los dentistas. Suspiro. Nunca he sido guapo, está claro. Mi barriga cervecera no se notaría tanto si no fuera porque estoy encorbado como un abuelo. ¡Dios! ¡Creo que tengo tetas!
Me siento en la taza del wáter con las manos en la cara atrapado en el feísmo más radical, pienso en la muerte como solución estética.
Luego salgo del baño, cojo cuatro pastillas-corazón; me trago un par; machaco dos más en un un mortero y las diluyo en un vaso de agua... Entro en el dormitorio y despierto a mi amante. Ella me mira como un animalillo herido, sabe que estoy viendo la verdad porque ella ve mi verdad. -¿Quieres un poco de agua?- Le digo con una sonrisa agria que poco a poco se convertirá en lujuria.
De repente, mis globos oculares estallan de éxtasis al contemplar una Diosa: Ella; se mueve como una maniaca en el centro del meollo. De un gesto me mira y me petrifica. Sus parpadeos empiezan en el cielo y acaban en el infierno. Me deslizo de rodillas hasta el borde de su falda y bailamos al ritmo de los miles de satélites que retransmiten el momento. Ella echa hacia atrás su melena y cogido a sus pechos le muerdo el cuello. El escenario cambia y caemos encima de mi cama deshechos por la pasión. Mermelada de sexo, besos y espasmos. Mi rabo fuerte y duro como una piedra la penetra logrando distancias negativas que nos vuelven locos de remate. Sus gritos despiertan la triste ciudad cuando nuestro orgasmo nos permite flotar a tres palmos de mi cama. La electricidad abrasa nuestros cuerpos y después de compartir las galaxias en un clímax brutal; caemos a peso, encima de la cama, desarticulados, agotados, casi muertos.
Cuando vuelvo a abrir los ojos, la veo. Tiene la boca abierta y ronca... un hilillo de baba cae encima de la almohada. Su maquillaje ha desaparecido, sus pestañas postizas son ahora una araña aplastada y su pelo se ha convertido en un marañoso estropajo. Aparto un poco la sábana y me encuentro con la dura realidad. Un cuerpo ajado por el tiempo, lleno de estrías y acumulaciones grasientas fruto de un carácter neurótico obsesivo. Sus pechos caídos de lado hubieran dado a Newton la mejor pista sobre la gravedad de la gravedad.
Salgo de la cama y me dirijo al baño. Me miro al espejo. Mis ojeras me llegan a las rodillas y mis labios están cortados. El pelo alborotado ya no disimula mi calvicie. Mis dientes amarillos han derrotado a todos los dentistas. Suspiro. Nunca he sido guapo, está claro. Mi barriga cervecera no se notaría tanto si no fuera porque estoy encorbado como un abuelo. ¡Dios! ¡Creo que tengo tetas!
Me siento en la taza del wáter con las manos en la cara atrapado en el feísmo más radical, pienso en la muerte como solución estética.
Luego salgo del baño, cojo cuatro pastillas-corazón; me trago un par; machaco dos más en un un mortero y las diluyo en un vaso de agua... Entro en el dormitorio y despierto a mi amante. Ella me mira como un animalillo herido, sabe que estoy viendo la verdad porque ella ve mi verdad. -¿Quieres un poco de agua?- Le digo con una sonrisa agria que poco a poco se convertirá en lujuria.
miércoles, 21 de octubre de 2009
Hubo un tiempo que podía tocarte sin pedirle permiso a Satán.
.
Cuando te miro caminar con los brazos colgando, derrotada por el esfuerzo vital,
me identifico contigo.
Cuando te ganas y brillas como una niña pequeña que ilumina
de rincón a rincón,
respiro tu existencia
y....
me sobresalta el impulso de traicionar la prohibición universal que me impide meter la cabeza
en las fauces del león.
Entonces...
Mi única solución es sorber el veneno para no escupirlo jamás.
Y morir en el intento.
¿Por qué? La otra solución: abrazarte y llorar en tu regazo, haría chocar los planetas,
y las placas tectónicas que soportan el frágil equilibrio de tu tierra y la mía, desfallecerían,
y seríamos engullidos por el caos y la desesperación.
Sin exagerar.
Todo, por un toque de tu piel
se queda allí, en esa dichosa distancia:
tan lejos, tan cerca
tan cerca, tan lejos.
Cuando te miro caminar con los brazos colgando, derrotada por el esfuerzo vital,
me identifico contigo.
Cuando te ganas y brillas como una niña pequeña que ilumina
de rincón a rincón,
respiro tu existencia
y....
me sobresalta el impulso de traicionar la prohibición universal que me impide meter la cabeza
en las fauces del león.
Entonces...
Mi única solución es sorber el veneno para no escupirlo jamás.
Y morir en el intento.
¿Por qué? La otra solución: abrazarte y llorar en tu regazo, haría chocar los planetas,
y las placas tectónicas que soportan el frágil equilibrio de tu tierra y la mía, desfallecerían,
y seríamos engullidos por el caos y la desesperación.
Sin exagerar.
Todo, por un toque de tu piel
se queda allí, en esa dichosa distancia:
tan lejos, tan cerca
tan cerca, tan lejos.
lunes, 12 de octubre de 2009
viernes, 2 de octubre de 2009
Falsa alarma (microrelato)

Amanece. Me cuesta despertarme. Hace frío y me duelen los huesos. Daría mis muelas por no tener que salir de mi mullido, cálido y confortable útero de sábanas y mantas. .¿Qué día es hoy? No tengo ni idea. Mi cabeza se pone en marcha lentamente como un ordenador antiguo. Es invierno, eso está más que claro. Me aprieto contra mi amigo edredón , puedo escuchar el crujir de sus plumas en su interior. De repente, recuerdo la fatídica realidad. ¡Dios! ¡No! Hoy es Navidad. ¡Hoy es Navidad! ¡Qué pereza! No quiero que sea Navidad. Me agarro a mi almohada y la aprieto con tanta fuerza que al final se queja. 25 de Diciembre.
No quiero escuchar villancicos, recibir regalos, comprarlos, ni ver anuncios de juguetes, ni hacer cola en el Fnac... no quiero estar en casa de mis recalcitrantes padres, ver pesebres llenos de musgo podrido, ni esnifar esa mierda blanca que se pone en los cristales para que parezca que ha nevado... El olor apestoso a turrón de melancolía me aprieta el cuello, se convierte en un moco y creo que voy a....
¡Un momento! Saco el brazo del fondo de mi edredón polar, la atmósfera es cálida...¡Qué raro! extiendo el brazo hasta mi mesilla para alcanzar como un bastón de ciego mi reloj Casio de 18 euros. Entreabro un ojo y miro la hora: Las 14.45. ¡Uf! No tendría que haberme tomado ese último Sex on the Beach . ¿Y la fecha? Mmmmmm.... Sábado 3 de Octubre. Mi brazo cae a plomo encima de la cama. Cierro los ojos. Sonrío. Disfruto del momento. Un estado de relajación tántrica se apodera de mi. ¡Es tan rica! No es navidad. Eso está bien. Muy bien. Gracias Dios. La vida me sonríe.
No quiero escuchar villancicos, recibir regalos, comprarlos, ni ver anuncios de juguetes, ni hacer cola en el Fnac... no quiero estar en casa de mis recalcitrantes padres, ver pesebres llenos de musgo podrido, ni esnifar esa mierda blanca que se pone en los cristales para que parezca que ha nevado... El olor apestoso a turrón de melancolía me aprieta el cuello, se convierte en un moco y creo que voy a....
¡Un momento! Saco el brazo del fondo de mi edredón polar, la atmósfera es cálida...¡Qué raro! extiendo el brazo hasta mi mesilla para alcanzar como un bastón de ciego mi reloj Casio de 18 euros. Entreabro un ojo y miro la hora: Las 14.45. ¡Uf! No tendría que haberme tomado ese último Sex on the Beach . ¿Y la fecha? Mmmmmm.... Sábado 3 de Octubre. Mi brazo cae a plomo encima de la cama. Cierro los ojos. Sonrío. Disfruto del momento. Un estado de relajación tántrica se apodera de mi. ¡Es tan rica! No es navidad. Eso está bien. Muy bien. Gracias Dios. La vida me sonríe.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
Diario de un zumbado
Hoy he puesto Coca-Cola Zero en mi motocicleta y me he bebido 3 litros de gasolina. En el taller me han dicho que lo mío no tenía solución.
jueves, 24 de septiembre de 2009
La cucharilla. (Microrelato Romántico 3)

Tras cinco años de relación Carlos y Ana se separan. Ella quiere cambiarle y él no la escucha. Después de millones de discusiones, reproches y numeritos, un día se dan cuenta que no quieren estar más tiempo juntos. Él se va a vivir a un apartamento y ella se queda con la casa.
Para Carlos lo peor son las noches. Está acostumbrado, incluso después de alguna tremenda discusión, a dormir pegado a ella, abrazarse a su espalda como una lapa, encajarse contra su mullido trasero y trenzar sus piernas con las de su mujer, quedando tan juntos como dos cucharillas de café guardadas una dentro de la otra. Asi, protegidos, a salvo del abismo, dormir cómo dos náufragos cogidos a una boya en un mar tormentoso...
Pero ahora está solo. Tiene miedo. El nuevo apartamento hace ruidos extraños, la noche se presenta negra, solitaria, llena de peligros y pesadillas y anhela con todas sus fuerzas la salvación del calor humano.
Está tentado de llamar a su mujer. Suplicarle simplemente que duerman juntos. Sin sexo, sin conversaciones, sin nada de nada... sólo un abrazo en cucharilla.
Por la mañana, Carlos, deambula por la lluviosa ciudad. Perdido, entra en unos grandes almacenes dónde uno siempre puede encontrar el consuelo de cualquier mal. Carlos pasea por la sección de regalos. Algo le llama la atención. Se anuncia con un expositor de colores: "Cucharilla Pilow". ¡No puede ser! Una almohada en forma de mujer o de hombre que sirve para dormir como si estuvieras pegado a la espalda de alguien. ¡Qué horror! ¿Quién es el desgraciado que se compraría semejante barbaridad?
- Hola, ¿Le puedo ayudar? - Le dice un empleado de sonrisa perpetua y corbata almidonada. - No, sólo estaba mirando....- Contesta Carlos avergonzado de hablar con alguien al lado de un producto tan humillante. El vendedor insiste:- Fíjese, directamente del Japón, una maravilla. Tiene el tacto de una mujer, es moldeable y sale tirada de precio. - Carlos le interrumpe: - Perdone pero no estoy interesado en... en.... esta salvajada...- El dependiente no se da por vencido:- No se confunda. No es una muñeca hinchable. No es un juguete erótico. Es simplemente el compañero ideal de las noches solitarias. Se puede plegar y se puede llevar de viaje e incluso se puede compartir. Sí, por fin el que da la espalda también tiene una espalda dónde agarrarse. -
Carlos se marcha indignado - ¡Por favor! -
Fuera en la calle sigue lloviendo; para Carlos es sólo una representación mental de su estado de ánimo, por eso no lleva paraguas. Cuando llega a casa está empapado de tristeza. Carlos se mete en la cama en posición fetal y se agarra con fuerza contra su almohada. Llora. ¡La echa tanto de menos! Decide llamarla, contarle todo lo que siente. Al sexto tono ella le contesta: - ¿Diga?- su voz le recuerda la cruda realidad, todo lo que les ha separado: Los gritos, los reproches, el mal humor, las discusiones.... Carlos, sin decir nada cuelga. En la ducha el agua congelada despeja su cabeza. Esta claro. En realidad no la echa de menos... lo único que echa de menos es dormir en cucharilla. Son las tres de la madrugada...
A las nueve de la mañana el día no ha levantado sus colores por culpa de la tormenta. Carlos , sin haber dormido, llega al centro comercial y compra la almohada en forma de chica. El dependiente le sonríe engreído pero Carlos se traga su orgullo. Cuando se marcha oye como el comerciante le grita: -¡Se acabó aguantar a alguien que no te gusta para no dormir solo! - Carlos se gira indignado y el dependiente le sonríe diabólicamente.
Por la calle la gente le mira entrometida mientras Carlos se apura en tapar las fotografías que delatan el contenido inconfesable de la caja, una enorme caja que contiene el consuelo, y la salvación....
Una vez en casa, Carlos se desviste, prepara la cama, baja las persianas, saca la almohada de su envoltorio y sin mirarla (para no romper el hechizo) se acuesta con ella.
El producto es de calidad. La almohada tiene un tacto suave, cálido como de piel humana, sus articulaciones son casi reales. Carlos se enreda por detrás y se aprieta con fuerza. En el exterior la lluvia cesa, un rayo de sol se filtra entre las nubes y se cuela por las rendijas de la persiana pero Carlos ya duerme plácidamente cómo si acabara de nacer.
A varias manzanas de allí, la misma luz despierta a Ana , la ex-mujer de Carlos, que se levanta y guarda en el armario una versión masculina de la almohada humana con la que ahora puede dormir tranquila y sola.
Para Sarita, para celebrar que todo ha salido bien.
Para Carlos lo peor son las noches. Está acostumbrado, incluso después de alguna tremenda discusión, a dormir pegado a ella, abrazarse a su espalda como una lapa, encajarse contra su mullido trasero y trenzar sus piernas con las de su mujer, quedando tan juntos como dos cucharillas de café guardadas una dentro de la otra. Asi, protegidos, a salvo del abismo, dormir cómo dos náufragos cogidos a una boya en un mar tormentoso...
Pero ahora está solo. Tiene miedo. El nuevo apartamento hace ruidos extraños, la noche se presenta negra, solitaria, llena de peligros y pesadillas y anhela con todas sus fuerzas la salvación del calor humano.
Está tentado de llamar a su mujer. Suplicarle simplemente que duerman juntos. Sin sexo, sin conversaciones, sin nada de nada... sólo un abrazo en cucharilla.
Por la mañana, Carlos, deambula por la lluviosa ciudad. Perdido, entra en unos grandes almacenes dónde uno siempre puede encontrar el consuelo de cualquier mal. Carlos pasea por la sección de regalos. Algo le llama la atención. Se anuncia con un expositor de colores: "Cucharilla Pilow". ¡No puede ser! Una almohada en forma de mujer o de hombre que sirve para dormir como si estuvieras pegado a la espalda de alguien. ¡Qué horror! ¿Quién es el desgraciado que se compraría semejante barbaridad?
- Hola, ¿Le puedo ayudar? - Le dice un empleado de sonrisa perpetua y corbata almidonada. - No, sólo estaba mirando....- Contesta Carlos avergonzado de hablar con alguien al lado de un producto tan humillante. El vendedor insiste:- Fíjese, directamente del Japón, una maravilla. Tiene el tacto de una mujer, es moldeable y sale tirada de precio. - Carlos le interrumpe: - Perdone pero no estoy interesado en... en.... esta salvajada...- El dependiente no se da por vencido:- No se confunda. No es una muñeca hinchable. No es un juguete erótico. Es simplemente el compañero ideal de las noches solitarias. Se puede plegar y se puede llevar de viaje e incluso se puede compartir. Sí, por fin el que da la espalda también tiene una espalda dónde agarrarse. -
Carlos se marcha indignado - ¡Por favor! -
Fuera en la calle sigue lloviendo; para Carlos es sólo una representación mental de su estado de ánimo, por eso no lleva paraguas. Cuando llega a casa está empapado de tristeza. Carlos se mete en la cama en posición fetal y se agarra con fuerza contra su almohada. Llora. ¡La echa tanto de menos! Decide llamarla, contarle todo lo que siente. Al sexto tono ella le contesta: - ¿Diga?- su voz le recuerda la cruda realidad, todo lo que les ha separado: Los gritos, los reproches, el mal humor, las discusiones.... Carlos, sin decir nada cuelga. En la ducha el agua congelada despeja su cabeza. Esta claro. En realidad no la echa de menos... lo único que echa de menos es dormir en cucharilla. Son las tres de la madrugada...
A las nueve de la mañana el día no ha levantado sus colores por culpa de la tormenta. Carlos , sin haber dormido, llega al centro comercial y compra la almohada en forma de chica. El dependiente le sonríe engreído pero Carlos se traga su orgullo. Cuando se marcha oye como el comerciante le grita: -¡Se acabó aguantar a alguien que no te gusta para no dormir solo! - Carlos se gira indignado y el dependiente le sonríe diabólicamente.
Por la calle la gente le mira entrometida mientras Carlos se apura en tapar las fotografías que delatan el contenido inconfesable de la caja, una enorme caja que contiene el consuelo, y la salvación....
Una vez en casa, Carlos se desviste, prepara la cama, baja las persianas, saca la almohada de su envoltorio y sin mirarla (para no romper el hechizo) se acuesta con ella.
El producto es de calidad. La almohada tiene un tacto suave, cálido como de piel humana, sus articulaciones son casi reales. Carlos se enreda por detrás y se aprieta con fuerza. En el exterior la lluvia cesa, un rayo de sol se filtra entre las nubes y se cuela por las rendijas de la persiana pero Carlos ya duerme plácidamente cómo si acabara de nacer.
A varias manzanas de allí, la misma luz despierta a Ana , la ex-mujer de Carlos, que se levanta y guarda en el armario una versión masculina de la almohada humana con la que ahora puede dormir tranquila y sola.
Para Sarita, para celebrar que todo ha salido bien.
domingo, 13 de septiembre de 2009
Una mañana difícil. (microrelatos imposibles I )
Carlos Campos llega a la oficina quince minutos tarde con un aspecto terrible. El Jefe, indignado, requiere su presencia. Carlos acude a su despacho totalmente despeinado, con su traje arrugado y la corbata sin anudar... - Tome asiento - le dice el jefe y acto seguido empieza su discurso: - Sr. Campos, esto no puede ser. En esta empresa la puntualidad es un valor que tenemos muy en cuenta. Su aspecto deja mucho que desear. Espero que esta falta tan grave no se repita.... -
Carlos le interrumpe con un gruñido. Su Jefe le mira extrañado. Repentinamente Carlos sufre un brusco espasmo que casi le tira de la silla. - ¿Se... se encuentra usted bien? - le pregunta el Jefe asustado. Carlos no puede contestar, su garganta está bloqueada y no puede respirar pero utilizando gestos le dice a su jefe que se encuentra de maravilla; este carraspea y se dispone a seguir sin darle más importancia: - Pues lo que le decía, en esta empresa... - El siguiente espasmo de Carlos es todavía más fuerte y difícil de disimular. Carlos golpea la mesa con sus piernas y hace caer algunos objetos, un marco con la foto de la esposa del jefe, un pisapapeles con el "logo" de la empresa, un "souvenir" de la torre de Pisa... La cosa se esta yendo de madre y a Carlos le sobreviene una arcada que le deja unos eternos segundo con la boca abierta. El jefe pulsa un botón de la mesa y habla a un intercomunicador: - Teresa, puedes traer agua, es urgente.- Carlos se repone y pide excusas asfixiado. - ¿De verdad se encuentra usted mejor?- Carlos, rojo como un tomate asiente con la cabeza. Teresa la secretaria entra con una bandeja con una jarra de agua y algunos vasos. Cuando se dispone a dejarlos en la mesa, Carlos se levanta de golpe y se golpea con ella. La bandeja cae al suelo, la jarra y los vasos se rompen estrepitosamente. Carlos se apoya en la pared y con gran esfuerzo empieza a vomitar algo sólido. Su boca se abre espantosamente para dejar paso a algo enorme que sale de su cuerpo. La secretaria, asidua amante del jefe, se agarra a la espalda del jefe que la protege con su cuerpo. Carlos, entre jadeos y regurgitaciones arroja fuera de si un enorme trozo esponjoso lleno de babas. Sin aliento, Carlos se desliza por la pared hasta quedarse en el suelo agotado y avergonzado. Cuando el jefe y la secretaria se acercan a la extraña forma que Carlos ha vomitado , descubren atónitos que se trata de una almohada individual, seguramente del Ikea, con su funda de color beige y su blonda azul marino. Carlos les mira desde el suelo con los ojos llorosos y la cara enrojecida por el esfuerzo. Arrepentido y con un hilillo de voz logra decirles: "Intenté no llegar tarde.... pero fue imposible."
Inspirado en un fragmento de un guión (que no tiene nada que ver) escrito por Sergio Sánchez y J.A.Bayona.
Carlos le interrumpe con un gruñido. Su Jefe le mira extrañado. Repentinamente Carlos sufre un brusco espasmo que casi le tira de la silla. - ¿Se... se encuentra usted bien? - le pregunta el Jefe asustado. Carlos no puede contestar, su garganta está bloqueada y no puede respirar pero utilizando gestos le dice a su jefe que se encuentra de maravilla; este carraspea y se dispone a seguir sin darle más importancia: - Pues lo que le decía, en esta empresa... - El siguiente espasmo de Carlos es todavía más fuerte y difícil de disimular. Carlos golpea la mesa con sus piernas y hace caer algunos objetos, un marco con la foto de la esposa del jefe, un pisapapeles con el "logo" de la empresa, un "souvenir" de la torre de Pisa... La cosa se esta yendo de madre y a Carlos le sobreviene una arcada que le deja unos eternos segundo con la boca abierta. El jefe pulsa un botón de la mesa y habla a un intercomunicador: - Teresa, puedes traer agua, es urgente.- Carlos se repone y pide excusas asfixiado. - ¿De verdad se encuentra usted mejor?- Carlos, rojo como un tomate asiente con la cabeza. Teresa la secretaria entra con una bandeja con una jarra de agua y algunos vasos. Cuando se dispone a dejarlos en la mesa, Carlos se levanta de golpe y se golpea con ella. La bandeja cae al suelo, la jarra y los vasos se rompen estrepitosamente. Carlos se apoya en la pared y con gran esfuerzo empieza a vomitar algo sólido. Su boca se abre espantosamente para dejar paso a algo enorme que sale de su cuerpo. La secretaria, asidua amante del jefe, se agarra a la espalda del jefe que la protege con su cuerpo. Carlos, entre jadeos y regurgitaciones arroja fuera de si un enorme trozo esponjoso lleno de babas. Sin aliento, Carlos se desliza por la pared hasta quedarse en el suelo agotado y avergonzado. Cuando el jefe y la secretaria se acercan a la extraña forma que Carlos ha vomitado , descubren atónitos que se trata de una almohada individual, seguramente del Ikea, con su funda de color beige y su blonda azul marino. Carlos les mira desde el suelo con los ojos llorosos y la cara enrojecida por el esfuerzo. Arrepentido y con un hilillo de voz logra decirles: "Intenté no llegar tarde.... pero fue imposible."
Inspirado en un fragmento de un guión (que no tiene nada que ver) escrito por Sergio Sánchez y J.A.Bayona.
sábado, 5 de septiembre de 2009
Faces
Es fácil. Pones aceite en una paella y enciendes el fuego. Te embadurnas la cara con harina, preferiblemente harina de galleta mezclada con huevo. Luego pones la cara en la paella durante unos minutos hasta que quede doradita. ¡Alehop! Eres el hombre croqueta. Las chicas se vuelven locas. Te encuentra atractivo, cool y crujiente. Todas quieren pasar la vida contigo. Algunas incluso te quieren comer la cara. Si eso ocurre, tu calavera se queda a la vista. Pero eso también mola mazo. A todo el mundo le gustan las calaveras. Ahora tu cara combina como nunca con una chaqueta de cuero negro. En las discotecas, la luz de neón resalta el fósforo de tu cráneo y nadie se atreve a llevarte la contraria. Puede que a tu padres no les guste tu nuevo look, seguro que han leído cosas muy malas sobre las calaveras, pero para ello puedes enrollarte una venda de farmacia, conjuntarla con unas bonitas ray-ban polarizadas y hablarles de un injusto accidente con un conductor borracho que se echó encima tuyo a 200km por hora. Puede que se apiaden de ti y te paguen una operación para que un médico alcohólico te injerte una careta de Mickey Mouse que te servirá para encontrar trabajo en fiestas de cumpleaños infantiles o en orgías con gente de la clase más alta de tu ciudad. No obstante, puede que a tu novia no le guste fornicar con un ratón antropomórfico y entonces tendrás que cortar con ella y buscar una chica que te quiera tal y como eres (ahora) sino siempre puedes optar por la cirugía estética para que te pongan la cara de Goofy. Ya sabes, a las chicas les vuelve locas, casi más que cuando llevabas el look croqueta.
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