miércoles, 27 de enero de 2010

Diario de un Vampiro.

La vida persigue a los muertos.
Son las 11 de la mañana y el sol abrasa con insistencia los porticones de las ventanas. En el otro lado, en la sosegada penumbra de mi habitación, mi cuerpo enteco se esconde bajo las sábanas, mientras mi teléfono móvil insiste, en tono de alarma, que el mundo se ha puesto en marcha: los que cumplen los horarios, los que comen a las dos, los que obedecen al sol, los que nacieron bajo el signo de Abel, insisten (amparados por la mayoría) en que hay que vivir cuando la luz lo puede todo.
Hace cuatro horas caí a peso en mi cama, extenuado por el esfuerzo y su hermana la satisfacción... ahora, me siento protegido por la sangre, la mezcla que circula por mis capilares, arterias y venas me llena de vida, aunque su efecto va menguando paulatinamente.
A mi lado, descansa inconsciente la donante. No fue fácil convencerla. La hipnosis cada día es más difícil. La gente ya no presta atención a nada cansada de prestar atención a todo. Sus mentes están embotadas de entropía absurda y es difícil encontrar los resortes para manipularla. La chica rubia, una caucásica tipo A RH- (hubiera preferido una 0+) se resistió al truco básico VI y tuve que utilizar el VIII. Es raro, hacía años que no lo utilizaba.
Me incorporo. Salgo de la habitación sin hacer ruido, esquivo los espejos y entro en la cocina. Mi piernas tiemblan y la espalda soporta encorvada mi cuerpo esquelético. Los escalofríos me acompañan desde que tengo uso de la razón.
Descanso mis huesos, apoyado en las frías baldosas, al lado de la ventana cerrada de la cocina. El bullicio del mundo es como un enjambre de abejas en mi cabeza. A veces es difícil acallarlo. En voz baja me repito: “Estoy bien, estoy bien. Todo mejora. Todo mejora.” Luego sonrio socarronamente. El truco básico IX nunca funciona en uno mismo. Digan lo que digan las tinieblas acaban deprimiendo.
En el tercer cajón un bote vacío de Eritopreyatina y por si fuera poco sólo queda un concentrado de hematíes. Me tomo cuatro de ácido fólico y tres de vitamina B-12. Tendré que volver al médico a pedirle más.... ¡Maldita sea! Cuando más tengo más quiero. Podría volver a succionar a mi donante, ¡eso sería tan reconfortante! pero... podría ser peligroso (para ella).
El teléfono vuelve a sonar. La pantalla delata el nombre de mi madre. Ahora no puedo cogerlo, ahora no puedo escuchar otro discurso sobre la buena alimentación. Es duro tener una madre anclada en la inmortalidad. Todavía tengo la nevera llena de “tappers” con sangre condimentada con especies y pimienta. Sangre de ternera, de pollo, de perdices... ¡Cómo si no supiera espabilarme! Además, ¿Qué hace a las diez de la mañana llamándome? ¡Mama! ¡Tengo más de 300 años! Claro. Claro que no tomo sangre humana. Sí... claro que cuando tomo, tomo precauciones....

Vuelvo a la cama, al entrar, el vaho cálido me reconforta. Mi donante ya ha recuperado su temperatura corporal, su respiración es fuerte y profunda.
Soy un vicioso, lo reconozco, mi mano recorre su cuerpo desnudo y navega a la deriva, se deja llevar por el latir parpadeante de la sangre. Levanto sus brazos. Sus pequeños pechos se vuelven mas planos. Palpo el interior de su axila hasta que encuentro el pulso de su arteria axilar. Recojo mi pequeña cuchilla Personna Platinum de encima de la mesita y le hago un corte limpio y profundo para que la sangre empieza a brotar; mi boca atraída como un imán succiona el contenido escarlata. Ella solloza confundida con algún sueño, mientras el sabor metálico reacciona en mi cuerpo y me transporta de nuevo al sitio donde siempre quiero estar: El éxtasis.

Han pasado cuatro horas. Abro los ojos con fuerza. Algo grita en mi interior. Miro a mi donante, está fría pero no está muerta. En el exterior, el ruido de la vida empuja las paredes de mi habitación. Tengo una certeza angustiante que me marea. Algo ocurre. Lo noto. Algo muy grave, extraño y contundente va a cambiar todo lo que me rodea. No sé como lo sé pero lo sé. Me enrosco en posición fetal y siento el miedo, denso y sofocante que aprieta el cuello de mi esternón. Un miedo tan brutal que asusta incluso a uno de mi especie.

continuara...

domingo, 24 de enero de 2010

Chikipark - (microrelato)

Cada Domingo, Carlos acompaña a sus hijos y a su esposa al Chiquipark. Cada Domingo, Carlos se desespera en este maldito sitio de colores saturados. Cada Domingo, sentado en una mesa de plástico frente a su mujer sorbe un refresco a base de extractos. Cada Domingo, espera a que los niños se agoten de jugar en el castillo hinchable, el chiqui Gol, los toboganes y la piscina de bolas. Cada Domingo su esposa lee un dominical mientras él se distrae con las migas de un sandwich y suspira por una vida mejor. Cada Domingo, al cabo de unas horas sus hijos le abrazan extenuados y vuelven a casa. Cada Domingo, la angustia de un Lunes traidor corroe su intimidad y le recuerda que su vida no tiene sentido. Cada Domingo, sus hijos y su esposa duermen, pero él no.

Hoy vuelve a ser Domingo y Carlos sabe que no podrá soportar otra tarde en el Chiquipark, pero frente a su oposición, su esposa le recrimina aquello y lo otro y le chantajea emocionalmente de tal manera que Carlos acaba cediendo.
Carlos sorbe su refresco dulzón a base de extractos, su esposa lee la prensa, los niños juegan en las instalaciones. Carlos sabe que esta llegando a su límite. El alboroto de los niños jugando es insoportable, la sonrisa socarrona de su mujer, cuando le mira para pedirle auxilio le recuerda que está solo. La tristeza es infinita. Algo en su cabeza está a punto de estallar (una conexión neuronal quizás) y cuando eso ocurra ya no habrá vuelta atrás.
Carlos centra la mirada en el interior de su bebida azucarada pero la presión es insoportable.
Las cosas han llegado a su límite. Es el fin. Carlos fuera de si se levanta de la mesa. -¡Basta!- Su mujer le mira por encima de la revista, extrañada. Carlos se acerca a la piscina de bolas dónde sus hijos retozan y juegan inocentemente. La presencia amenazadora de Carlos detienen el juego, los niños se dan cuenta de que su padre es un extraño, un desconocido y eso les asusta. Una niña con coletas rompe a llorar. Carlos les mira desafiándoles, se quita la chaqueta, cierra los puños, aprieta los dientes y repentinamente se lanza a la piscina multicolor. Cuando el cuerpo de Carlos entra en la piscina, las bolas salen disparadas por todos los lados y Carlos queda espatarrado, levemente enterrado por las esferas de colores. Hay un silencio. Sus hijos le miran con la boca abierta, no dan crédito. Los otros niños se quedan inmóviles, sin habla. Carlos se levanta eufórico y grita: -¡Venga! ¡Juguemos todos, joder! ¡¡¡¡Juguemos todos!!!!!

sábado, 23 de enero de 2010

Tahití

He aprendido a vivir sabiendo que siempre hay alguién que está peor que yo.

martes, 5 de enero de 2010

Diario de un analfabeto.

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domingo, 3 de enero de 2010

Viento Barroco



Llego a casa, cargado con bolsas llenas de regalos. Cierro la puerta a mis espaldas mientras refunfuño sobre lo absurdo que me parece la Navidad; de repente, una luz cegadora baña por completo el recibidor. Estoy estupefacto pero conviene mantener la calma; tarde o temprano tenía que pasar...<br><div style=">Ante mis ojos aparece una sábana blanca, flotando en el aire. Intento ver los cables que la sostienen pero es imposible, la cosa esta bien hecha. Me dejo llevar por la ilusión. Un rayo láser amarillo explota en mil direcciones y una música angelical empieza a sonar. Es Mozart. El Réquiem. Un poco tópico, ¿no? aunque los bajos, eso sí, retumban de maravilla. La tez pálida de una chica empieza a vaporizarse. Es bastante guapa y por un momento me recuerda a una actriz con la que ligue en un bar.... Una docena de palomas se proyectan en la pared volando a cámara lenta. Caigo de rodillas, no quiero desentonar en la función, y observo desde mi sumisa posición la increíble aparición de la Virgen.
La mirada extraviada hacía arriba, los brazos extendidos con la palma de las manos abierta, y sus pies flotando a dos palmos del suelo. De repente, me mira fijamente. No veo el momento de explicárselo a mis amigos.
La virgen me habla con un logrado efecto de eco, en Dolby Sorround Stereo:- Soy la Virgen María- Esta frase me parece obvia pero obligada. -Soy la madre de Dios, la madre de los cielos y he venido aquí a entregarte un mensaje de paz y amor.-
La cosa se anima. -Tienes que repartir el bien y creer en ti. No te dediques a las cosas mortales. Eso lleva el mundo al fin de sus días. Dedícate a lo único que es inmortal. Tu alma."
- Qué bonito, pienso, lo habrán sacado de algún libro de autoayuda, pero está bien escrito y el mensaje es claro.- La Virgen sigue magnánima - Y te preguntarás: ¿Cual es la manera de salvar tu alma?- ¡Qué bonita es la retórica! ¡Pues claro que me lo pregunto! - La manera de salvar tu alma es dedicándote a querer a tus hermanos, porque si quieres a tus hermanos quieres a Dios.- No está mal...-
- Ahora tengo que irme- ¡Vaya! ¡Qué corto! ¡Qué pena! ¡Con lo bonito que era..!
- Acuérdate... de ti depende tu alma. De ti depende ser inmortal.-
La luz multiplica su potencia y me deslumbra; casi no puedo mantener los ojos abiertos. Joder. Van a dejarme ciego... aunque reconozco que el efecto mola.
De repente. ¡Zas! Todo vuelve a la normalidad. Cuando puedo ver algo... ya no queda ni rastro de la Virgen, ni de las proyecciones, ni nada de nada.
Una voz me habla otra vez: - Ahora, vete a dar una vuelta y a empieza tu misión.-
¡Ja! ¡Qué listos! Así pueden recoger todas las cosas... Bueno, espero que lo dejen todo arreglado y me devuelvan las llaves del piso.
Salgo a la calle. Hace un poco de frió. Me siento realmente bien. La Virgen tiene razón. Tengo que alimentar mi alma queriendo a los demás... ¡Qué bonito mensaje! La verdad es que mi hermana tenía razón, valió la pena contratar una aparición Mariana; no es muy cara y me siento mucho más místico, bondadoso y conectado a mi espíritu. Realmente hay que ver para creer.

Una hora después llego a casa, ya no queda ni rastro del milagro. En la mesita están mis llaves. ¡Qué bien! Envuelvo, ilusionado, los regalos de Reyes con papel de Pocoyo y sus amigos, mientras silbo La Lacrimosa.
"Empijamado" me acuesto en mi cama y cierro los ojos. Aún sigo emocionado por la experiencia. Las luces, las proyecciones, el viento barroco... ¡Un momento! ¿El viento barroco? ¡No había viento barroco! ¡Yo llene la casilla de viento barroco! ¡Tenía un suplemento de 20euros! ¡Qué pena! ¡Vaya inútiles! Olvidaron el viento barroco... Mañana llamaré a la empresa, ¡Se van a enterar! Aunque me siento tan generoso que creo que les voy a perdonar. Ahhhh... el perdón. ¡Qué gran alimento del alma, sin duda!
Apago la luz y me duermo pensando en la época en que la Virgen se aparecía sin tener que pagar y el viento barroco venía de serie. ¡Dios! ¡Qué tiempos aquellos!

lunes, 28 de diciembre de 2009

viernes, 18 de diciembre de 2009

Dentro (microrelato romántico V)


Ella se retuerce como una corteza en aceite hirviendo. Su boca espira el hálito cálido de su cuerpo. Le abro las piernas con fuerza y sus labios se separan dejando su sexo abierto. Sonrosado. ¡Fucsia!
Mi polla apunta como una brújula hacía el Norte de su intimidad. La nota de nuestras miradas cruzadas queda sostenida en el aire hasta que ella me da el lujurioso y desesperado permiso: un microgesto en la retina de sus ojos. Alargo el deseo: Cuento hasta tres e introduzco mi p....
Un portazo interrumpe la secuencia. Levanto la vista (mis sentidos se agudizan siete octavas y el vello de mi cuerpo se crespa en la misma dirección).... ella dice con pavor: -!Mi marido!- La sangre se me escarcha, y mi polla pasa de ser un pilar a convertirse en pilila.
¡Maldigo los vivos! ¡Dios creador! ¿Por qué me metes en una situación tan patética?
-¡Escóndete!- me dice ella exaltada.¿ Pero...?- ¡Escóndete o te matará!-
La primera idea (la misma que se te hubiera ocurrido a ti) es esconderme en el armario pero no hay armarios en esta habitación, luego pienso en esconderme debajo de la cama pero, curiosamente, se trata de una cama canapé, pienso en salir por la ventana pero recuerdo enseguida que estoy en un sexto piso...
Los pasos de su marido ya están detrás de la puerta del dormitorio. Puedo ver la sombra de sus pies por debajo de la rendija. El pomo de la puerta empieza a girar...Ella se acerca a mí y me susurra nerviosa:- Aquí, escóndete aquí.- La entiendo en el momento que me señala su vagina. Al principio pienso que aquello es una estupidez... pero cuando veo la puerta entreabrirse, cuando me veo muerto a manos de un marido celoso, cuando veo que pierdo la vida en una situación tan poco original (y yo soy un tipo original de eso no cabe duda) me doy cuenta que no tengo otra alternativa. Ella abre su sexo con ambas manos y yo me introduzco dentro.

Al principio no quepo... pero con un pequeño esfuerzo enseguida paso a su interior.La oscuridad me envuelve y tranquiliza mi gesto aterrorizado. La verdad es que el sitio es muy agradable: paredes rosadas y un punto perfecto de húmeda calefacción.
El mundo exterior se ha convertido en un lejano rumor y la carne me arropa en un encaje perfecto. Un extraño sentimiento familiar que me remite a un mundo infantil me sosiega y me adormece. Escucho el latir hipnótico del cuerpo que me da cobijo, pum, pum, pum, su compás me traslada poco a poco a otra galaxia y desaparezco sin sentido ni consideración...

Despierto. Han pasado unas horas.El silencio es reconfortante. Decido sacar la cabeza al exterior. Sigo en la cama. Ella y su marido duermen. Salgo del todo, con un sonoro ¡BLUUP! que casi despierta a su dueña. Me incorporo. Estoy empapado de liquido amniótico. Les miro. La pareja duerme plácidamente; él sonríe, ella le coge la mano con ternura. Me siento algo culpable de haberme acostado con ella... de repente me flaquean las piernas. Me caigo encima de la moqueta. En un acto instintivo, balbuceo y empiezo a llorar con pequeños espasmos, desamparado, hambriento, solo...
Una mano me acaricia la mejilla y me reincorpora del suelo. Ella se ha despertado y ahora me coge en brazos y me aprieta contra sus pechos. Nunca un abrazo me había sentado tan bien. Luego me lleva al baño, me mete dentro de la ducha, comprueba la temperatura del agua con sus manos y me lava pacientemente... me enjabona el pelo con mucho cuidado para que no entre champú en mis ojos, me levanta los brazos para limpiar mis axilas y frota con despreocupación mi entrepierna, mientras tararea flojito una dulce canción infantil sobre un niño que se hace amigo de un dragón. Con agua tibia me aclara y con una toalla, suave como el lomo de un corderito, seca con abrazos mi cuerpo y mi pelo. Después me viste en silencio, me peina con la ralla al lado y me da un beso en la mejilla. Abre la puerta de la calle y se despide de mí, primero con un beso y después energicamente con la mano. ¡Adiós mi niño! ¡Adiós!

lunes, 14 de diciembre de 2009

Bridget Jones

Aunque tengas flexibilidad articular
y una lengua de treinta centímetros...,
luego dices:
"No me mires el trasero cuando vaya al baño."
"No te rías de mí si te digo que tengo un conejo."
"No te vayas aún siempre nos queda otro bar."
Es tarde
y las parejas chonis se pelean en la parada del taxi
escupen y gritan al límite sus venas de pavo real;
a los dos nos entran ganas de llorar pero
tú lo dices
y yo me callo.

Sólo pides amor verdadero
¿Dónde habrás aprendido esas cosas?
Me coges la mano suavemente y confiesas
que no puede apretar ni un poco más;
besas a traición y me preguntas:
"¿He sido yo quién te ha besado?"

"Me da igual si un hombre no quiere estar a mi lado
lo único que quiero es que cuide de mi hijo."

Ahora que estamos los dos en el mismo taxi
me doy cuenta de que vamos en direcciones opuestas.
Puedes ir mucho más lenta, más tranquila
para construir un hogar lleno de niños que borren
el terror que hay en tu cara cada vez que te sientes vieja
y sola.
El aire gélido corta en lonchas mi gesto veloz
el suelo me golpea con la rabia de lo inamovible
y ruedo por el asfalto al ritmo de un tambor
tres palmadas en los huesos, alguna en la chaqueta
rayas de sangre
y
la certeza redundante
de que saltar de un taxi en marcha
ha sido la mejor solución
para los dos.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Diario de un zumbado

Hoy he puesto Coca-Cola Zero en mi motocicleta y me he bebido 3 litros de gasolina. En el taller me han dicho que lo mío no tenía solución.

martes, 8 de diciembre de 2009

La Revolución


En los rincones mas recónditos de la mundanal existencia humana existen pequeños momentos en los que la providencia envía enormes señales de sabiduría.

Al devolver un videojuego de alquiler, en una tienda de la multipoderosa franquicia GAME, el encargado me pide que le abone 6euros. Me quedo algo confuso pues en realidad le debo 4euros. (fíjense en lo trivial de la situación y en lo miserable de los números).
Le digo, con buenas palabras que me temo que se equivoca. El recalcitrante dependiente (cuerpo-recipiente dónde se esconde un mentor sabio entre sabios) me advierte que me tiene que cobrar el Domingo. Yo le advierto que el Domingo la tienda está cerrada y que no hay manera humana de devolver el juego (quizás la instalación de un buzón bla bla bla....). El encargado con santa paciencia me escucha para finalmente decirme con sequedad y precisión quirúrgica la siguiente frase:
"Puede que sea injusto, pero es correcto." Es decir, puede que sea injusto... pero estas son las normas de la casa y nadie te está cobrando de más. La aguja cae al suelo, el niño rompe a llorar, la espada sesga el talón de Aquiles y las partículas chocan en plena aceleración cuando el genoma humano rima en consonante. Puede que la insipida anécdota del videojuego oculte por completo la grandeza de este momento en el que se me revela (a mí, pobre mortal) la flor de lis del funcionamiento de nuestro mundo.
Reflexionemos. Cuando Dios, Cristo y el Espíritu Santo sean llamados a sentarse en el banquillo de los acusados por sus crímenes cometidos contra la humanidad el abogado defensor les exculpará con la misma frase:- "Puede que sea injusto pero es correcto."- Enorme y sacrosanta definición del mundo. Explicación racional, clara y perfecta de todo lo que nos envuelve. El mundo, en realidad, se soporta enteramente bajo este axioma incontestable. La naturaleza es injusta pero correcta. El tiburón se come a la simpática sardinilla, el león se come a la grácil gacela, la mosca muere aplastada por la enorme oreja de un gigantesco elefante, los pollitos son devorados por el lobo.... etc...etc...
Pero, ¿qué pasa con los humanos?
El mundo humano también está sentenciado por la misma sentencia: "Injusto pero correcto". Los pobres se comen a los ricos, los justos pagan por pecadores y el crimen se organiza para vencer... Poderosos que subyugan a los menos-poderosos, menos-poderosos que subyugan a los miserables, miserables que subyugan a los raquíticos y raquíticos que se mueren de hambre.-¡Sonría!- dice el dependiente mientras me fijo en las comisuras de sus labios con restos de antidepresivos en forma de saliva blanca. "¡Es injusto, pero es correcto!".
¿Cuantos crímenes atroces ha perpetrado la humanidad bajo el blasón de este lema? ¿Cuantas personas han visto perder sus cosechas, sus familias, su propia vida bajo la lógica aplastante de esta oración singular. Policías, verdugos, jueces, bandidos, señores feudales, poderosos, empresarios, jefes, encargados, ministros y diputados se han lavado la boca con esta máxima que encabeza el monstruo de la libertad democrática de nuestro mundo moderno. Gracias a ella el hombre ha construido fronteras, edificado estratos, pirámides y niveles, en los que algunos tienen y otros no , en los que algunos mandan, viven, ganan, comen y rebañan el plato y otros.... otros NO. Ya se sabe; injusticia correcta enquistada.

Le digo al dependiente que se vaya a la mierda y que le folle un pez. Me dice que no hay para tanto. No tengo ninguna posibilidad. Las normas están escritas y son clarísimas. Le pago los dos euros de más y me marcho regañando los dientes.
Salgo a la calle. Fustrado. Engañado. Cabreado. Consternado. Pienso en la revolución. En la lejana revolución. En la incapacidad de luchar por algo. Y me doy cuenta que en el fondo hemos dejado de luchar porque no hay nada contra lo que luchar. Y no hay nada contra lo que luchar porque todo está correcto. Esa es la trampa. Correctísimo. Perfecto. Sin problemas.
Pero, mierda, la luz del sol ciega mi escuálido intelecto y mis entrañas caen al suelo como un ovillo... no puede ser: Africanos que mueren ahogados en las costas de nuestro país, víctimas colaterales del terrorismo armado, estudios, hospitales, comida, medicinas inalcanzables para muchos que no tienen la suerte; empresarios explotadores, chulos, mafias, criados (¡si! criados), machistas, hombres con más dinero que un país entero, sueldos raquíticos en empresas gigantescas, niños explotados, obligados, esclavizados, presupuestos desviados, enchufes, comisiones, favoritismos, malversaciones, fraudes politizados, el poder para el que muerde y Todo injusto pero correcto.
Me levanto, doy media vuelta y entro en la tienda, cojo al dependiente por la solapa y le digo muy cerca de su cara: "¡Capullo! Si es injusto no es correcto" "Si es injusto no es correcto!!!!!!!!","¡¡¡SI ES INJUSTO NO ES CORRECTO!!!"

domingo, 22 de noviembre de 2009

"fácil"

Giro los ojos hasta poder ver mi propio cerebro.
En un restaurante los cerdos comen piernas humanas.
Si le das la vuelta a una cucaracha verás el señor que hay dentro.
La visita del papa al proctólogo no fue del agrado de Jesús.
En el entierro del ventrílocuo los muñecos lloran desconsolados.
Una rata persigue un circo de pulgas dentro de mi ropa.
Los objetos me toman el pelo cuando no les miro.
Se burlan de mí.
Sin querer engullo mi lengua. ¡Glup! Y ya no la puedo recuperar de mi estomago.
Soy un pixel de una imagen de Dios.
Y mientras Laura Bush y George Bush hacen cucharilla.
Sólo consigo recordar la cara de quien NO besé.
Quizás no debería aprovechar tantas veces los mismos calcetines.
Ni usar un sacabocados para que me hagas caso.
y...
relajarme,
bajar los ojos, mirar al frente, y ver que en realidad todo es más
fácil.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Serial Killer


Aún recuerdo el momento. Metí a las pobres criaturas en una bolsa y la cerré con un nudo doble. Dentro se oían sus gritos desgarrados. Bajé a la calle escondido en la alevosía y la nocturnidad. Tiré la bolsa en un container de la esquina. Cerré la tapa y me fui corriendo sin mirar atrás. Cuando subía las escaleras de casa me sentía como un fratricida, un desconsiderado sin sentimientos. Habíamos pasado tiempos muy buenos y ahora las abandonaba , a su suerte,en un cubo de basura.
Volví atrás corriendo para recuperarlas... pero un gigantesco camión deglutía en sus tripas a las pobres víctimas que lloraban y gritaban aterrorizadas mientras eran despedazadas, aplastadas y trinchadas a sangre fría.
Al volver a mi hogar, miré mi estantería vacía. Me sentía solo y desamparado. Había acabado con todos mis VHS.
No era la primera vez que cometía un holocausto de tamañas proporciones. Mis diskettes (llenos de juegos) de 3,5 pulgadas, mis cassettes (llenas de música) y mi inseparable PC portátil con dos megas de ram y Windows 85 habían corrido la misma suerte.

No he vuelto a pensar en ello hasta hoy. Comprando DVDs en el Fnac descubro que la estantería de películas en (flamante) Blu-Ray ha crecido tres veces en tamaño respecto a la semana anterior. Me horrorizo y compro (para sentirme mejor) algunos Dvds con caja metálica y edición especial, aunque, en el fondo de mi ser sé que volveré a matar. Tarde o temprano el "Blu-rai, hache dé", el desarrollo industrial y mis ansias consumistas me obligarán a hacerlo.