sábado, 27 de febrero de 2010

tan lejos tan cerca

Excitado como una luciérnaga, bajo las escaleras de la noche eléctrica, hasta el sótano del infierno. Satanás me pide el billete para cruzar el Averno y le enseño mi targeta T-Rosa, sonríe y me deja pasar mientras un desangelado coro de angeles canta "What´s you putty pretty puffy dutty free". Mi glándula pineal se eriza como un gato comiendose una bola de pelo de ratón. Avanzo hacía abajo, bajo hacía adelante, mientras el ambiente se alquitrana a fuego lento. Me paro un momento, no por el miedo imperante sino porque no recuerdo que hago aquí. ¡Ah! ¡Sí! He venido a buscar la esencia supina de las cosas. La verdad absoluta. Lucifer aparece entre brumas, chispas y pedos. Me vende un coche, una pantalla de plasma y un Tdt. No desfallezco, se lo compro todo y sigo adelante hacía el centro del universo. El aire es tan espeso que avanzo haciendo braza, crowl y en algún momento espalda (aunque es lo que mas cansa). Al fin llego al fin. Una flecha de neón fluorescente apunta con claridad: "¡AQUÍ!" Un bonito cofre encierra todos los misterios de este mundo. De repente un increíble coro de bailarinas neonazis con piernas de elefante me atacan con bayonetas. Utilizo el viejo truco de guiñarles el ojo y llamarlas guapas. Se derriten. Me acerco al cofre, pero el penúltimo guardián me impide el paso. Es un gigante filosófico y me noquea con un ¿Qué? un ¿Cómo? y un ¿Por qué?. Desesperado contraataco con un ¿Qué de que? un ¿Cómo cómo? y un ¿Por qué por qué? El mega filósofo se rinde a la evidencia. Le aparto con un soplido pragmático. El cofre es mio. Voy a abrirlo pero... el último y más peligroso de los guardianes intenta impedirlo de nuevo. Todos mis miedos y temores en forma de guerrero ninja me plantan cara. Este enemigo es imbatible. No quiero morir. Así que doy un paso hacía atrás. En mi bolsillo del pantalón llevo un Valium 10mg y de un ¡Glup! entra en mi estomago. Cierro los ojos y espero que haga efecto. Aparezco en mi cama. Acomodado entre sábanas con una sensación de gran tranquilidad. Suspiro. El día que no tenga miedo lo podré todo. Todo.

lunes, 15 de febrero de 2010

Romanticismo a 321 km/h

Desde la ventanilla de un tren de alta velocidad, un paisaje nevado, oscuro y teatral no parece avanzar a 321 kilómetro por hora. Más bien, Guadalajara, cubierta de nieve, se me antoja lenta y de una serenidad crepuscular. Fantasmales paisajes cubiertos de blanco, atravesados por una serpiente de hierro. Vuelvo a casa, cómodamente apoyado en el panorama, mientras al mismo tiempo, veo crecer el camino y acorto la distancia. ¡Ay! No fueron los ingenieros quienes inventaron el tren, sino los poetas; la propia poesía y sus paisajes... Realmente, si suspiro otra vez, puede que tenga que aspirar de una bombona de oxigeno para compensar.

Como siempre que viajo, imagino el terrible accidente: Un golpe largo y seco. Mi cuerpo despedido por los aires, enrollado entre el acero, la sangre y el tormento, despedazado en menos de lo que dura mi grito. Hierros, fuego y trozos de personas esparcidas en la nieve. Muerte y desolación.
Los periódicos lucen, venden y subrallan el dolor de la noticia: Primer accidente de AVE en España. Luto nacional. Tragedia peninsular. Drama ferroviario. ¡Muerte en la nieve!
España entera; el mundo entero, llora por nuestras vidas. Pero, ¿Por qué lloran? ¿Por qué están tan tristes? ¿No lo ven? Señoras y señores, Ladies and Gentleman.... Hemos muerto volando, atravesando el mundo a 321 kilómetros por hora, como Airton Senna, en pleno viaje, en plena furia, en plena vida. ¿No lo ven? ¡Somos afortunados! Hemos renunciado a la cama, a los tubos de hospital, al asilo....No somos mártires, somos héroes envueltos en las cenizas de nuestro propio motor. Cómo tantos otros grandes, hemos sacrificado la vida para estar con los nuestros, en nuestra casa, lejos del exilio, a 321 kilómetros por hora. Por favor, hagan silencio, miren al cielo, diparen las salvas de honor y acéptenlo: ¡somos dioses!

El tren se para en la estación de Sants. Hemos llegado y una voz post orgásmica anuncia el final de trayecto. La gente sale poco a poco y abandonamos el tren intactos. Salgo a la calle. Llueve (la nieve no cuaja en Barcelona). El aire es húmedo y frió pero sonrió. Es mi manera de disimular que, aunque esta era una noche perfecta para morir, me alegro de volver.

martes, 9 de febrero de 2010

La nada.

Muchas personas escriben en mi blog preguntándome lo mismo: ¿Qué hay después de la muerte? Y la respuesta es muy fácil, después de la muerte no hay nada.
En la nada no hay nada, es decir, no hay altibajos, ni cosas buenas ni malas, ni principio ni fin, ni bien ni mal, ni colores, ni sabores, ni nada de nada. Uno está allí, sólo. La nada es un sitio neutro y sin sobresaltos, de una tranquilidad hiperbólica. En la nada se descansa muy bien. De echo, es el sitio más apacible y relajado del universo...
Pero, no es del todo cierto, que en la inexistencia haya cero cosas. En realidad, hay una cosa: un botón. El botón sirve para volver a nacer. Si pulsas el botón: ¡Zas! Empiezas de nuevo, con otra vida, en este mundo. (Eso sí, sin ser consciente de tu vida anterior).
El problema es que la vida que te toca es una cuestión azarosa e impredecible. (Bueno, hay una formula matemática para poder calcular el algoritmo pero nadie la conoce). Así que una vez pulsado el botón, puede tocarte una vida difícil y complicada, o nacer rodeado de facilidades y alegrías . Nunca se sabe. Uno puede nacer con dos cabezas al borde la muerte o reencarnarse en un querubín de ojos azules y salud de hierro. Uno puede nacer en una chabola, en el sitio más pobre del planeta, o en un hospital de lujo en el centro de Beverly Hills...
Tocar el botón tiene su riesgo. Ese es el trato. Al principio, cuando uno llega a la nada le parece que jamás volverá a tocar el botón. ¿Para qué arriesgarse? La nada es genial. Pero a medida que pasa el no-tiempo (una eternidad) uno echa de menos las cosas. Primero, las cosas buenas y cursis: Sacar la cabeza por la ventanilla de un coche en marcha, el sabor del café, el tacto de un cuerpo excitado, las palabras cariñosas, etc... Pero cuando uno ya lleva millones de unidades de no tiempo, empieza a echar de menos cualquier cosa: un estornudo, el miedo antes de un examen, la cola en una discoteca, la risa tonta, un pedo bajo las sábanas.... Y finalmente cuando uno ya está totalmente desesperado de no sentir ni vivir nada, llega a pensar que hasta en lo malo hay algo bueno. Y entonces, con un pequeño esfuerzo mental vuelve a tocar el maldito botón.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Más allá del bien y del mal.

En la cama. Sentados frente a frente. La escena se repite: Ella tiene que sentar la cabeza. Empezar a madurar. Él se juega mucho en esta relación, y a su edad, no está para tonterías. Ella le escucha porque le quiere, y disfruta mucho a su lado cuando pasean, bailan o se ponen a jugar a cualquier cosa... Él lo pasa mal. Muy mal. Cuando alguien se compromete... ¡se compromete! Si ella, de verdad, le quiere, tiene que demostrárselo y no andar por allí tonteando con los demás. Él no puede olvidar que en el pasado (hace cinco meses) ella estuvo con otro (una noche). Ella se siente muy culpable, aunque en el fondo no fue tan grave. De hecho, por eso, se lo contó, porque para ella no significó nada. El amor tiene que ser libre. Ella tiene que ser libre. Ahora él duda y desconfía y le sermonea cuando ella se presenta borracha a las tres de la mañana. Ella viene de tomar unas copas con su amigas del alma, pero él no la cree y lleva sufriendo desde las 7 de la tarde. ¿Cómo puedes ser tan egoísta? ¿Nunca piensas en los demás? ¿Piensas crecer algún día? Ella deja de escuchar las palabras que salen de su boca. Cansada de mirarle a la cara, su vista se sitúa en el estampado de su camisa. Él no nota la diferencia, en parte porque está totalmente absorto en su discurso, y en parte porque ella parece que baja la vista, arrepentida. El estampado de la camisa se convierten en una pared; frente la pared, gente guapa en una casa. Ella camina borracha mientras se tambalea entre el alcohol, la música y el glamour. ¿Es una fiesta? ¡No! Es la mejor fiesta del mundo. La gente va semidesnuda, se contornea loca de alegría, extasiada y sinuosa. En el fondo de la sala, en un sofá rojo Chester, un chico de ojos felinos, marca con fuego su mirada en ella. Ella disimula y se va a por una copa. De esta manera él puede ver el fantástico escote que su fantástico vestido luce en la espalda. Luego, como quién no quiere la cosa, se acerca sin dejar de mirarlo, se sienta a su lado y empiezan a hablar. No hablan de nada. Sólo entrecruzan juegos de palabras que pronto se convierten en fuego en las palabras. Se besan con un beso de largo recorrido. Él le dice: - Nadie se escapa si nadie le persigue. - Ella abre los ojos y observa la pared. Las luces se detienen, las palabras vuelven. Sentado en la cama, su pareja, sigue su arenga: Insiste, agotado, en lo mucho que la quiere y como espera que todo acabe bien cuando ella cambie. Ella no dice nada y se deja abrazar con emoción. Lloran. Se echan en la cama y duermen juntos, abrazados. Ella no puede sentirse más culpable. El no puede sentirse más triste. La escena se repite.

Ilustración: Terry Rodgers

miércoles, 27 de enero de 2010

Diario de un Vampiro.

La vida persigue a los muertos.
Son las 11 de la mañana y el sol abrasa con insistencia los porticones de las ventanas. En el otro lado, en la sosegada penumbra de mi habitación, mi cuerpo enteco se esconde bajo las sábanas, mientras mi teléfono móvil insiste, en tono de alarma, que el mundo se ha puesto en marcha: los que cumplen los horarios, los que comen a las dos, los que obedecen al sol, los que nacieron bajo el signo de Abel, insisten (amparados por la mayoría) en que hay que vivir cuando la luz lo puede todo.
Hace cuatro horas caí a peso en mi cama, extenuado por el esfuerzo y su hermana la satisfacción... ahora, me siento protegido por la sangre, la mezcla que circula por mis capilares, arterias y venas me llena de vida, aunque su efecto va menguando paulatinamente.
A mi lado, descansa inconsciente la donante. No fue fácil convencerla. La hipnosis cada día es más difícil. La gente ya no presta atención a nada cansada de prestar atención a todo. Sus mentes están embotadas de entropía absurda y es difícil encontrar los resortes para manipularla. La chica rubia, una caucásica tipo A RH- (hubiera preferido una 0+) se resistió al truco básico VI y tuve que utilizar el VIII. Es raro, hacía años que no lo utilizaba.
Me incorporo. Salgo de la habitación sin hacer ruido, esquivo los espejos y entro en la cocina. Mi piernas tiemblan y la espalda soporta encorvada mi cuerpo esquelético. Los escalofríos me acompañan desde que tengo uso de la razón.
Descanso mis huesos, apoyado en las frías baldosas, al lado de la ventana cerrada de la cocina. El bullicio del mundo es como un enjambre de abejas en mi cabeza. A veces es difícil acallarlo. En voz baja me repito: “Estoy bien, estoy bien. Todo mejora. Todo mejora.” Luego sonrio socarronamente. El truco básico IX nunca funciona en uno mismo. Digan lo que digan las tinieblas acaban deprimiendo.
En el tercer cajón un bote vacío de Eritopreyatina y por si fuera poco sólo queda un concentrado de hematíes. Me tomo cuatro de ácido fólico y tres de vitamina B-12. Tendré que volver al médico a pedirle más.... ¡Maldita sea! Cuando más tengo más quiero. Podría volver a succionar a mi donante, ¡eso sería tan reconfortante! pero... podría ser peligroso (para ella).
El teléfono vuelve a sonar. La pantalla delata el nombre de mi madre. Ahora no puedo cogerlo, ahora no puedo escuchar otro discurso sobre la buena alimentación. Es duro tener una madre anclada en la inmortalidad. Todavía tengo la nevera llena de “tappers” con sangre condimentada con especies y pimienta. Sangre de ternera, de pollo, de perdices... ¡Cómo si no supiera espabilarme! Además, ¿Qué hace a las diez de la mañana llamándome? ¡Mama! ¡Tengo más de 300 años! Claro. Claro que no tomo sangre humana. Sí... claro que cuando tomo, tomo precauciones....

Vuelvo a la cama, al entrar, el vaho cálido me reconforta. Mi donante ya ha recuperado su temperatura corporal, su respiración es fuerte y profunda.
Soy un vicioso, lo reconozco, mi mano recorre su cuerpo desnudo y navega a la deriva, se deja llevar por el latir parpadeante de la sangre. Levanto sus brazos. Sus pequeños pechos se vuelven mas planos. Palpo el interior de su axila hasta que encuentro el pulso de su arteria axilar. Recojo mi pequeña cuchilla Personna Platinum de encima de la mesita y le hago un corte limpio y profundo para que la sangre empieza a brotar; mi boca atraída como un imán succiona el contenido escarlata. Ella solloza confundida con algún sueño, mientras el sabor metálico reacciona en mi cuerpo y me transporta de nuevo al sitio donde siempre quiero estar: El éxtasis.

Han pasado cuatro horas. Abro los ojos con fuerza. Algo grita en mi interior. Miro a mi donante, está fría pero no está muerta. En el exterior, el ruido de la vida empuja las paredes de mi habitación. Tengo una certeza angustiante que me marea. Algo ocurre. Lo noto. Algo muy grave, extraño y contundente va a cambiar todo lo que me rodea. No sé como lo sé pero lo sé. Me enrosco en posición fetal y siento el miedo, denso y sofocante que aprieta el cuello de mi esternón. Un miedo tan brutal que asusta incluso a uno de mi especie.

continuara...

domingo, 24 de enero de 2010

Chikipark - (microrelato)

Cada Domingo, Carlos acompaña a sus hijos y a su esposa al Chiquipark. Cada Domingo, Carlos se desespera en este maldito sitio de colores saturados. Cada Domingo, sentado en una mesa de plástico frente a su mujer sorbe un refresco a base de extractos. Cada Domingo, espera a que los niños se agoten de jugar en el castillo hinchable, el chiqui Gol, los toboganes y la piscina de bolas. Cada Domingo su esposa lee un dominical mientras él se distrae con las migas de un sandwich y suspira por una vida mejor. Cada Domingo, al cabo de unas horas sus hijos le abrazan extenuados y vuelven a casa. Cada Domingo, la angustia de un Lunes traidor corroe su intimidad y le recuerda que su vida no tiene sentido. Cada Domingo, sus hijos y su esposa duermen, pero él no.

Hoy vuelve a ser Domingo y Carlos sabe que no podrá soportar otra tarde en el Chiquipark, pero frente a su oposición, su esposa le recrimina aquello y lo otro y le chantajea emocionalmente de tal manera que Carlos acaba cediendo.
Carlos sorbe su refresco dulzón a base de extractos, su esposa lee la prensa, los niños juegan en las instalaciones. Carlos sabe que esta llegando a su límite. El alboroto de los niños jugando es insoportable, la sonrisa socarrona de su mujer, cuando le mira para pedirle auxilio le recuerda que está solo. La tristeza es infinita. Algo en su cabeza está a punto de estallar (una conexión neuronal quizás) y cuando eso ocurra ya no habrá vuelta atrás.
Carlos centra la mirada en el interior de su bebida azucarada pero la presión es insoportable.
Las cosas han llegado a su límite. Es el fin. Carlos fuera de si se levanta de la mesa. -¡Basta!- Su mujer le mira por encima de la revista, extrañada. Carlos se acerca a la piscina de bolas dónde sus hijos retozan y juegan inocentemente. La presencia amenazadora de Carlos detienen el juego, los niños se dan cuenta de que su padre es un extraño, un desconocido y eso les asusta. Una niña con coletas rompe a llorar. Carlos les mira desafiándoles, se quita la chaqueta, cierra los puños, aprieta los dientes y repentinamente se lanza a la piscina multicolor. Cuando el cuerpo de Carlos entra en la piscina, las bolas salen disparadas por todos los lados y Carlos queda espatarrado, levemente enterrado por las esferas de colores. Hay un silencio. Sus hijos le miran con la boca abierta, no dan crédito. Los otros niños se quedan inmóviles, sin habla. Carlos se levanta eufórico y grita: -¡Venga! ¡Juguemos todos, joder! ¡¡¡¡Juguemos todos!!!!!

sábado, 23 de enero de 2010

Tahití

He aprendido a vivir sabiendo que siempre hay alguién que está peor que yo.

martes, 5 de enero de 2010

Diario de un analfabeto.

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domingo, 3 de enero de 2010

Viento Barroco



Llego a casa, cargado con bolsas llenas de regalos. Cierro la puerta a mis espaldas mientras refunfuño sobre lo absurdo que me parece la Navidad; de repente, una luz cegadora baña por completo el recibidor. Estoy estupefacto pero conviene mantener la calma; tarde o temprano tenía que pasar...<br><div style=">Ante mis ojos aparece una sábana blanca, flotando en el aire. Intento ver los cables que la sostienen pero es imposible, la cosa esta bien hecha. Me dejo llevar por la ilusión. Un rayo láser amarillo explota en mil direcciones y una música angelical empieza a sonar. Es Mozart. El Réquiem. Un poco tópico, ¿no? aunque los bajos, eso sí, retumban de maravilla. La tez pálida de una chica empieza a vaporizarse. Es bastante guapa y por un momento me recuerda a una actriz con la que ligue en un bar.... Una docena de palomas se proyectan en la pared volando a cámara lenta. Caigo de rodillas, no quiero desentonar en la función, y observo desde mi sumisa posición la increíble aparición de la Virgen.
La mirada extraviada hacía arriba, los brazos extendidos con la palma de las manos abierta, y sus pies flotando a dos palmos del suelo. De repente, me mira fijamente. No veo el momento de explicárselo a mis amigos.
La virgen me habla con un logrado efecto de eco, en Dolby Sorround Stereo:- Soy la Virgen María- Esta frase me parece obvia pero obligada. -Soy la madre de Dios, la madre de los cielos y he venido aquí a entregarte un mensaje de paz y amor.-
La cosa se anima. -Tienes que repartir el bien y creer en ti. No te dediques a las cosas mortales. Eso lleva el mundo al fin de sus días. Dedícate a lo único que es inmortal. Tu alma."
- Qué bonito, pienso, lo habrán sacado de algún libro de autoayuda, pero está bien escrito y el mensaje es claro.- La Virgen sigue magnánima - Y te preguntarás: ¿Cual es la manera de salvar tu alma?- ¡Qué bonita es la retórica! ¡Pues claro que me lo pregunto! - La manera de salvar tu alma es dedicándote a querer a tus hermanos, porque si quieres a tus hermanos quieres a Dios.- No está mal...-
- Ahora tengo que irme- ¡Vaya! ¡Qué corto! ¡Qué pena! ¡Con lo bonito que era..!
- Acuérdate... de ti depende tu alma. De ti depende ser inmortal.-
La luz multiplica su potencia y me deslumbra; casi no puedo mantener los ojos abiertos. Joder. Van a dejarme ciego... aunque reconozco que el efecto mola.
De repente. ¡Zas! Todo vuelve a la normalidad. Cuando puedo ver algo... ya no queda ni rastro de la Virgen, ni de las proyecciones, ni nada de nada.
Una voz me habla otra vez: - Ahora, vete a dar una vuelta y a empieza tu misión.-
¡Ja! ¡Qué listos! Así pueden recoger todas las cosas... Bueno, espero que lo dejen todo arreglado y me devuelvan las llaves del piso.
Salgo a la calle. Hace un poco de frió. Me siento realmente bien. La Virgen tiene razón. Tengo que alimentar mi alma queriendo a los demás... ¡Qué bonito mensaje! La verdad es que mi hermana tenía razón, valió la pena contratar una aparición Mariana; no es muy cara y me siento mucho más místico, bondadoso y conectado a mi espíritu. Realmente hay que ver para creer.

Una hora después llego a casa, ya no queda ni rastro del milagro. En la mesita están mis llaves. ¡Qué bien! Envuelvo, ilusionado, los regalos de Reyes con papel de Pocoyo y sus amigos, mientras silbo La Lacrimosa.
"Empijamado" me acuesto en mi cama y cierro los ojos. Aún sigo emocionado por la experiencia. Las luces, las proyecciones, el viento barroco... ¡Un momento! ¿El viento barroco? ¡No había viento barroco! ¡Yo llene la casilla de viento barroco! ¡Tenía un suplemento de 20euros! ¡Qué pena! ¡Vaya inútiles! Olvidaron el viento barroco... Mañana llamaré a la empresa, ¡Se van a enterar! Aunque me siento tan generoso que creo que les voy a perdonar. Ahhhh... el perdón. ¡Qué gran alimento del alma, sin duda!
Apago la luz y me duermo pensando en la época en que la Virgen se aparecía sin tener que pagar y el viento barroco venía de serie. ¡Dios! ¡Qué tiempos aquellos!

lunes, 28 de diciembre de 2009

viernes, 18 de diciembre de 2009

Dentro (microrelato romántico V)


Ella se retuerce como una corteza en aceite hirviendo. Su boca espira el hálito cálido de su cuerpo. Le abro las piernas con fuerza y sus labios se separan dejando su sexo abierto. Sonrosado. ¡Fucsia!
Mi polla apunta como una brújula hacía el Norte de su intimidad. La nota de nuestras miradas cruzadas queda sostenida en el aire hasta que ella me da el lujurioso y desesperado permiso: un microgesto en la retina de sus ojos. Alargo el deseo: Cuento hasta tres e introduzco mi p....
Un portazo interrumpe la secuencia. Levanto la vista (mis sentidos se agudizan siete octavas y el vello de mi cuerpo se crespa en la misma dirección).... ella dice con pavor: -!Mi marido!- La sangre se me escarcha, y mi polla pasa de ser un pilar a convertirse en pilila.
¡Maldigo los vivos! ¡Dios creador! ¿Por qué me metes en una situación tan patética?
-¡Escóndete!- me dice ella exaltada.¿ Pero...?- ¡Escóndete o te matará!-
La primera idea (la misma que se te hubiera ocurrido a ti) es esconderme en el armario pero no hay armarios en esta habitación, luego pienso en esconderme debajo de la cama pero, curiosamente, se trata de una cama canapé, pienso en salir por la ventana pero recuerdo enseguida que estoy en un sexto piso...
Los pasos de su marido ya están detrás de la puerta del dormitorio. Puedo ver la sombra de sus pies por debajo de la rendija. El pomo de la puerta empieza a girar...Ella se acerca a mí y me susurra nerviosa:- Aquí, escóndete aquí.- La entiendo en el momento que me señala su vagina. Al principio pienso que aquello es una estupidez... pero cuando veo la puerta entreabrirse, cuando me veo muerto a manos de un marido celoso, cuando veo que pierdo la vida en una situación tan poco original (y yo soy un tipo original de eso no cabe duda) me doy cuenta que no tengo otra alternativa. Ella abre su sexo con ambas manos y yo me introduzco dentro.

Al principio no quepo... pero con un pequeño esfuerzo enseguida paso a su interior.La oscuridad me envuelve y tranquiliza mi gesto aterrorizado. La verdad es que el sitio es muy agradable: paredes rosadas y un punto perfecto de húmeda calefacción.
El mundo exterior se ha convertido en un lejano rumor y la carne me arropa en un encaje perfecto. Un extraño sentimiento familiar que me remite a un mundo infantil me sosiega y me adormece. Escucho el latir hipnótico del cuerpo que me da cobijo, pum, pum, pum, su compás me traslada poco a poco a otra galaxia y desaparezco sin sentido ni consideración...

Despierto. Han pasado unas horas.El silencio es reconfortante. Decido sacar la cabeza al exterior. Sigo en la cama. Ella y su marido duermen. Salgo del todo, con un sonoro ¡BLUUP! que casi despierta a su dueña. Me incorporo. Estoy empapado de liquido amniótico. Les miro. La pareja duerme plácidamente; él sonríe, ella le coge la mano con ternura. Me siento algo culpable de haberme acostado con ella... de repente me flaquean las piernas. Me caigo encima de la moqueta. En un acto instintivo, balbuceo y empiezo a llorar con pequeños espasmos, desamparado, hambriento, solo...
Una mano me acaricia la mejilla y me reincorpora del suelo. Ella se ha despertado y ahora me coge en brazos y me aprieta contra sus pechos. Nunca un abrazo me había sentado tan bien. Luego me lleva al baño, me mete dentro de la ducha, comprueba la temperatura del agua con sus manos y me lava pacientemente... me enjabona el pelo con mucho cuidado para que no entre champú en mis ojos, me levanta los brazos para limpiar mis axilas y frota con despreocupación mi entrepierna, mientras tararea flojito una dulce canción infantil sobre un niño que se hace amigo de un dragón. Con agua tibia me aclara y con una toalla, suave como el lomo de un corderito, seca con abrazos mi cuerpo y mi pelo. Después me viste en silencio, me peina con la ralla al lado y me da un beso en la mejilla. Abre la puerta de la calle y se despide de mí, primero con un beso y después energicamente con la mano. ¡Adiós mi niño! ¡Adiós!

lunes, 14 de diciembre de 2009

Bridget Jones

Aunque tengas flexibilidad articular
y una lengua de treinta centímetros...,
luego dices:
"No me mires el trasero cuando vaya al baño."
"No te rías de mí si te digo que tengo un conejo."
"No te vayas aún siempre nos queda otro bar."
Es tarde
y las parejas chonis se pelean en la parada del taxi
escupen y gritan al límite sus venas de pavo real;
a los dos nos entran ganas de llorar pero
tú lo dices
y yo me callo.

Sólo pides amor verdadero
¿Dónde habrás aprendido esas cosas?
Me coges la mano suavemente y confiesas
que no puede apretar ni un poco más;
besas a traición y me preguntas:
"¿He sido yo quién te ha besado?"

"Me da igual si un hombre no quiere estar a mi lado
lo único que quiero es que cuide de mi hijo."

Ahora que estamos los dos en el mismo taxi
me doy cuenta de que vamos en direcciones opuestas.
Puedes ir mucho más lenta, más tranquila
para construir un hogar lleno de niños que borren
el terror que hay en tu cara cada vez que te sientes vieja
y sola.
El aire gélido corta en lonchas mi gesto veloz
el suelo me golpea con la rabia de lo inamovible
y ruedo por el asfalto al ritmo de un tambor
tres palmadas en los huesos, alguna en la chaqueta
rayas de sangre
y
la certeza redundante
de que saltar de un taxi en marcha
ha sido la mejor solución
para los dos.