lunes, 14 de febrero de 2011

Diccionario Sexual Supremo A-B



Abstinencia sexual: Perversión sexual de la más alta índole.

Adolescencia: Etapa de la vida de una persona en la que lo puede hacer todo pero no tiene permiso para nada.

Afrodisiaco: Substancia que una vez ingerida produce una irrefrenable predisposición al sexo de todo tipo. No produce ningún efecto en personas no predispuestas al sexo de todo tipo.

Amor: Sentimiento universal que sirve de excusa para cualquier acción conocida como la guerra, el asesinato o el matrimonio.

Andrógino: Palabra con la que se clasifica a una persona que no se puede clasificar.

Andropausia: Fin. Apocalipsis. Liberación.

Ano: Orificio de salida y entrada, de cierre y abertura, de ¡Ah! ¡No! pero sí.

Anorgásmia: Sexo tántrico extremo.

Anticonceptivo: Método para separar el placer de la procreación. Existen muchos tipos, pero el más eficaz y utilizado es el de la masturbación.

Anticonceptivo oral: Práctica de eyacular en la boca de la mujer.

Asexual: Que no demuestra ningún interés por el sexo. Algunos de los personajes más famosos de la ficción son asexuales, como por ejemplo: Tintín, Mickey Mouse, Goofy, Teo, Los Lunnis, el pitufo gruñón, Chewaka, la tetera de la bella y la bestia , el Capitán Pescanova, etc...
Algunos personajes asexuales reales: Jesucristo, Santa Teresa de Jesús, Gandhi y la chica que no quiso acostarse conmigo...

Autoestimulación: Arte de darse placer a uno mismo en el que a veces se utilizan otras personas y a veces no.



B.D.S.M.: Mileurista

Bestialismo: Movimiento artístico zoofílico. Atracción sexual que sienten algunos animales por las personas.

Beso: Contacto de dos estómagos mediante el uso de sus prolongaciones linguales.

Bisexual: Orientación sexual de cualquier persona antes de ser educada.

Bígamo: Modalidad circense que consiste en mantener dos matrimonios a la vez.

Bondage: Arte exquisito de convencer a alguien para que se deje atar o inmovilizar.

Bukkake: Curiosa manera japonesa de ganarse la vida.



lunes, 7 de febrero de 2011

PAR


UNO

Hice broma
te clavé el cuchillo por el mango
y te lo tomaste tan en serio
reina de los disgustos
mártir de los misterios

te cambié el mal por la sal
el pan por el hambre
la cornisa por la risa
los golpes por el tacto
la nieve por el deseo

Hice broma
y te pinché con la flor
y te enamoré con la espina
reina de los disgustos
mártir de los misterios.

























DOS

Se resbaló la aguja de tu canción
y se paró en seco el bailar del agua.
Las estadísticas calcularon sus errores.
Si pienso que no tengo tu piel en mi boca
se resquebraja la cinta que aguanta mi mente
se tuerce la mueca de mi sonrisa
se parte en dos mi tonta etiqueta
muerte al traidor
muerte al tirano
habrá que pillarle los pies al diablo
y someterle al juicio de los pobres
sueldo base y hipoteca
para que luego se acuerde
que las almas de las que se alimenta
ya no beben del jardín de las flores.

ilustración: http://monaux.com/

domingo, 30 de enero de 2011

Amor Adulto


- Llegas tarde.
- Había mucho tráfico.
- ¡Vienes andando!
- Ya...
- ¡Muy gracioso!
- Gracias.
- No te hagas ilusiones, era un "¡Muy gracioso!" con despecho.
- ¡Uy!
- Pues nada, me marcho.
- ¿Te vas? Pero si acabo de llegar.
- Ya... pero tarde.
- Sólo han sido quince minutos. No hay para tanto.
- Lo siento pero ya no me apetece verte.
- Pero no seas así...
- No te lo tomes a mal.
- Mujer...
- Lo que pasa es que antes estaba enamorada de ti, pero ahora ya no.
- Por quince minutos.
- Por quince minutos y la excusa del tráfico.
- ¿Y te parece suficiente para dejarme tirado?
- Este es el mundo adulto, chaval.
- No te puedo creer.
- Mira, antes cuando era joven estaba enamorada de la misma persona durante años. Pero ahora, el mundo ha cambiado, todo va mucho más rápido, me he hecho mayor, he tenido un montón de desengaños y mi enamoramiento dura minutos, a veces segundos. Una pequeña decepción, un gesto, una mueca y ¡pluf! dejo de estar enamorada.
- Normalmente soy puntual.
- Mira, si te sirve de consuelo, si hubieras sido puntual también me hubiera desenamorado de ti.
- ¿Por qué?
- Haces demasiadas preguntas.
- Está bien. Podemos ser amigos...
- Imposible.
- ¿ Y eso?
- Como comprenderas, por mi manera de ser ,ya tengo un montón de amigos (casi no doy abasto). Además yo estoy buscando el amor verdadero, lo demás no me interesa.
- ¡Ostras!
- ¿Qué?
- Haberlo dicho antes.
- ¿El qué?
- Lo del amor verdadero.
- ¿ Y eso?
- No, porque a mí eso no me va. Yo escapo de los compromisos y odio la fidelidad y ahora no es mi momento para historias de larga duración. Quizás en otro momento, más adelante.
- No es la primera vez que oigo esto.
- ¿No? A mi me parece la mar de original. Además antes lo pensaba pero no lo decía. Ahora he madurado y me atrevo a decirlo.
- Bueno, me tengo que ir.
- Pues nada que tengas mucha suerte.
- Lo mismo digo.
- Lástima que no hayamos follado.
- Es cierto, es una lástima que no hayamos follado.
(se besan)
- Adiós.
- Adiós.

sábado, 22 de enero de 2011

transplante

El médico es muy claro. Usted no puede tener novia. Le sienta fatal. Le afecta a cada uno de sus órganos vitales: Su cerebro es un cenicero de ideas, su hígado un pantano de humor negro, su sistema nervioso ha dejado de tener ningún sistema y su aparato digestivo llora y ronronea sin parar. A partir de ahora tendrá que evitarlo. Fíjese, usted se enamora de una chica, al principio todo va bien, pero al cabo de un tiempo todo se complica. La chica le abandona o usted se cansa de ella. Cualquiera de las dos opciones le sume en un profundo malestar.
¿Pero cómo voy a hacer para NO enamorarme? ¿Cómo dejo de pensar en tener esposa, niños, familia, un hogar y un perrito?
No se preocupe. Atienda. Séquese las lágrimas.
Le haremos un transplante de corazón. La operación es larga y arriesgada pero tiene un alto grado de efectividad. Casi un 2%. Le transplantaremos el corazón de un cerdo. Sí. Un cerdo de granja de la mayor calidad. Ya verá como eso le hará olvidar sus patrañas románticas.
La idea me parece estupenda. ¿Podré quedarme mi corazón en formol, como recuerdo?
Es usted un insensato, si le damos su corazón en formol, ¿Con qué corazón va a vivir el pobre animalillo? ¿Eh? ¿EHHH?

La operación es maravillosa, me la paso entera durmiendo. El postoperatorio de cuatro meses es un infierno y acabo adicto a la morfina. De todas formas, ahora sí, las cosas han cambiado: Cuando veo a una mujer sólo tengo ganas de magrearla, poseerla, lamerle el sexo, el culo y las axilas y meterle mi polla entre sus nalgas y no tengo ninguna peligrosa sensación romántica.Las mujeres me hacen babear, gruñir y jalear y poca cosa más. Una vez he consumado el acto, me levanto y me largo en busqueda de algo que comer y de alguna otra chica que poseer. No tengo ganas de volver a llamarlas, ni de escuchar sus penas, no me interesa su vida, ni lo mal que se llevan con su madre, me da igual si lloran, ríen o revientan. Tengo un corazón de cerdo. Ya nunca más caeré en la trampa del amor. Estoy salvado.

Un día, por curiosidad, me acerco a la granja dónde vive mi animalillo salvador. Allí está en un barrizal, feliz, rodeado de cerditos y con los morritos pegados a otra cerdita. Parece enamorado. De pronto veo mi propia humanidad en el brillo de sus ojos y me doy cuenta de mi error. De rodillas caigo en el fango y abrazo al animal. ¿Doctor, es demasiado tarde para un transplante inverso?

miércoles, 29 de diciembre de 2010

La colección de fotografías de niños desnudos sólo puede ser vista por la policía.

Confundimos la literatura romántica con los libros de autoayuda.
La televisión con el oráculo.
Las drogas con la salida.

Si me desnudo en un museo nadie entenderá mi obra de arte.

Una doble penetración ya no me la pone dura dos veces.

Dejé de pertenecer a este mundo el día que dejé de ver el telediario.

Si no estoy satisfecho, me devolverán el dinero pero jamás la satisfacción.

Nunca he leído Robinson Crusoe pero sé de que va,

un tipo solo en una isla.

sábado, 11 de diciembre de 2010

sobredosis

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miércoles, 1 de diciembre de 2010

Un nombre normal

Muerte Segura Campos tuvo que aguantar la burla y la incomprensión desde el día en que nació. Su padre estaba completamente borracho cuando acudió al registro. Le preguntaron cómo quería que se llamara su hijo y él no dudó en responder "mi hijo se llamará Muerte"
Su madre, totalmente compulgida, se desgañitó delante de impasible administración pero en aquella época los nombres eran algo sagrado y no se podían cambiar.

Los años escolares fueron especialmente difíciles. Muerte, intentaba esconder su nombre, pero tarde o temprano las listas escolares le delataban. Carlos, Luis, María, Antonio y entre miles de carcajadas, burlas y aullidos, el nombre de Muerte. Había dos tipos de compañeros de clase: Los que le hacían el vacío, asustados por la negrura de su nombre y los que se mofaban de él sin compasión. Nadie se sentaba a su lado y cualquier día era un buen día para que Muerte se encontrará en el interior de su mochila a un pájaro degollado, la calavera del esqueleto laboratorio de química o cualquier otra salvajada, mientras oía, a lo lejos, las risas de los que nunca serían sus amigos.

En la universidad las cosas fueron distintas. Muerte pudo esconder su nombre durante los primeros meses. Hizo algunos amigos y en una fiesta, conoció a Ana. Le mintió, como a los demás, le dijo que se llamaba Juan. Ana se quedó prendada de la mirada inocente y llena de bondad de Muerte que a su vez se quedó atrapado por los ojos azules y la sonrisa abierta de aquella chica.
Se enamoraron el uno del otro y el otro del uno. Y con el primer beso se dieron cuenta que habían encontrado el amor para el resto de sus vidas.

Todo se vino abajo, cuando el nombre de Muerte Segura Campos apareció en las listas del primer examen del curso. La gente, dejó de tratarle con normalidad, y como siempre, empezaron a tenerle miedo y a reírse de él. Muerte, no se atrevía a contestar las llamadas desesperadas de Ana, se sentía avergonzado y culpable por haberla mentido y, por si fuera poco, hasta él había empezado a pensar que su compañía podía ser mortalmente peligrosa.
Ana le esperó en la puerta de su casa y cuando Muerte salió, le pidió explicaciones. Muerte le dijo entre lloros que escapará. Que se fuera corriendo. Pero Ana que estaba enamorada de aquel chico con problemas, retraído y de dulce carácter, le dijo lo más bonito que Muerte jamás había escuchado:"¡Tú eres mi vida!"
Se casaron en una boda muy íntima. Cambiaron el discurso y en lugar de decir "hasta que la muerte os separé" dijeron "hasta que el peor de los infortunios os separe". Eran una pareja feliz y Ana demostraba día a día que vivir con Muerte no representaba ningún peligro.

Justo cuando Ana se quedó embarazada, apareció por fin una nueva ley que permitía cambiar en el registro los nombres dañinos u ofensivos para su poseedor.
Muerte se vistió con su mejor traje, se despidió de su mujer y se dirigió en busca de su nuevo nombre. Mientras viajaba en metro hacia el departamento de inscripciones, se debatía entre sus nombres preferidos con los que había soñado toda la vida. Juan, Héctor,Andrés, Carlos, Luis, Ander....

La sala de espera del registro estaba llena hasta los topes de gente como él , poseedores desde su nacimiento de un apelativo maldito. Una funcionaria fue llamando de uno en uno a los presentes:
Allí estaba Dolores de Vientre, Zoila Vaca Del Corral, Benito Camelas, Septimia Septimo, Eva Fina Segura, Eufemiano Matraca Roca, Abundio Verdugo de Dios, Clara Boya Mar, Eufemisio Cutre Glande, Blanca Cabello Rubio, Jon Kenedy Gutierrez...
Aquellas personas desaparecían por la puerta con la cabeza gacha y, al rato, volvían a salir con la cara iluminada, llenos de paz y alegría. Habían dejado su ridícula personalidad y ahora podían enfrentarse al mundo con un nombre adecuado. Ahora formaban parte de la sociedad y se sentían ciudadanos normales. ¿Normales? La cabeza de Muerte le daba vueltas. ¿Iba a cambiar su nombre singular por un nombre vulgar, común y repetido? ¿Cuántos Juan había en el mundo? ¿Cuántos Luis? ¿Cuántos Ander? ¿Iba a convertirse en uno más?
"¿El señor Muerte Segura Campos?". Anunció la secretaria. Muerte se levantó y entró en el despacho. Una funcionaria le pidió el formulario y le preguntó qué nombre quería tener. Y él contestó con voz grave:Lo siento, me he equivocado. Yo me llamo Muerte. La secretaria estuvo a punto de poner un impedimento pero Muerte la fulminó con su mirada. Asustada se calló en seco, Muerte, se levantó y se marcho del edificio.

En la calle, por primera vez en su vida, se sintió orgulloso de su nombre: ¡Muerte! ¿Podía existir algo más poderoso? Estaba por encima de los demás y se rió de su nombres ridículos: Hector, José, Juan, Luís... todos parecidos, la mayoría repetidos.
De repente se paró en medio de la calle, levantó la mano y chasqueó los dedos. En ese instante todos los que se habían reído de él, los que le habían temido o señalado, murieron súbitamente. Por fin el mundo era reconfortante... Se acordó de su padre y entre dientes le perdonó. ¡Pobre diablo!
Llegó a su casa y abrazó, con todas sus fuerzas, a su mujer embarazada. Ella, que siempre había querido a su marido tal y como era, le pareció perfecto que no se cambiara el nombre e incluso celebró la idea de llamar a su hija Pandemia.



jueves, 25 de noviembre de 2010

Muerte en Barcelona

A todo el mundo le pasa desapercibida pero en uno de los asientos traseros del autobús de línea, sentada, con su pequeño bolso encima de las rodillas, está Dolores, mirando las cosas por la ventanilla pasar. La noche vence al día y el paisaje se llena de puntitos de luz. Cada luz es un hogar, con una familia, con unas personas que sufren o ríen o lloran... Pero vistas desde lejos, sólo son unas bonitas lucecitas ajenas a la vida que contienen. Dolores piensa que es así como Dios debe contemplar su creación y que por eso, a veces, no es consciente de todo el sufrimiento que hay en el mundo. ¡Desde lejos se ve todo tan distinto!
Dolores tiene el corazón en un puño, lo tiene desde que empezó a planearlo todo con Jacinta. El viaje, la pensión, el dinero… Pero Jacinta no ha venido. En el último momento, la muy boba, se acobardó: “Ya no somos unas niñas” le dijó enrocada. ¡Pues menudo descubrimiento!

Los árboles, la carretera, las casas se convierten poco a poco en un paisaje urbano, gris, lleno de semáforos, señales y edificios. El autobús ha llegado a Barcelona; Dolores espera a que todo el mundo baje y le pide, al conductor, que le ayude a descender por los gigantescos peldaños del autobús; el conductor extrañado le pregunta: ¿Nadie le acompaña? ¿Nadie le espera?

La gente es buena, piensa Dolores. Siempre lo ha pensado, aunque algunas veces haya estado a punto de dudarlo. Desde la ventanilla del taxi, la ciudad se le antoja enorme, gigantesca, construida en vertical como las catedrales. Es un pensamiento de vieja y pueblerina, pero las cosas han cambiado una barbaridad... El taxista la acompaña hasta la puerta de la humilde pensión, cuya dirección, Dolores tiene apuntada en un pequeño papel. La estancia es pequeña pero limpia, aunque huele a rancio como si se tratara de un armario cerrado. Dolores se sienta en el borde de la cama y acaricia la colcha. La ropa planchada siempre le ha gustado, le transmite tranquilidad, sosiego… La última vez que vino a Barcelona fue con Marcelino su marido que en paz descanse. Marcelino. El bello Marcelo. Treinta años de matrimonio y ahora, es sólo una foto en un recordatorio. Una cara congelada como un actor de cine, sonriente y muerto. Si él estuviera aquí las cosas serían distintas; distintas pero no mejores.

El sonido de una ambulancia despierta sus pensamientos: Está rota y tiene que comer algo. Saca de su pequeño bolso un yogurt y un “sandwich” de jamón York, envuelto en papel de plata. En el supermercado le han dicho que ese tipo de yogurt no necesita nevera. Es innegable. Las cosas han cambiado. ¡La verdad es que está rico! Tira el vaso de plástico y el papel de plata en la papelera del baño y limpia las migas de encima de la cama. Los riñones la están matando. Se quita el vestido y se aplica unas friegas de Trombocid; no sirve para nada pero su olor a farmacia antigua le hace compañía. Dolores trae consigo un pequeño despertador , no fuera a dormirse en un día tan importante. Se mete en la cama casi vestida, (se ha acostumbrado a esquivar así su desnudez) y busca una postura en la que el cuerpo no se queje del todo y cierra los ojos...

Marcelo
no había sido su único y primer amor. Se enamoró de verdad, por primera vez, en la escuela, cuando abrió su nuevo libro de religión. Allí vio una ilustración que nunca podría olvidar. La de un hombre distinto que no pertenecía a su época pero que le resultaba familiar y accesible. Bello, alto, lleno de gracia y bondad, Jesús le pareció tan atractivo que se quedó prendada para siempre. Por la noches, avergonzada, repasaba las ilustraciones de aquel libro con el corazón hinchado de amor, jurándose, convencida que a partir de ese momento sólo viviría para él y por él.

...Dolores, coge su rosario del bolso y lo acaricia. Hoy lo necesita más que nunca. Sus cuentas, echas a mano, con flores de rosas, nunca pierden su olor. Empieza a rezar, y en el primer misterio, en la quinta avemaría se queda dormida…

Dolores se despierta temprano, un poco antes de que su despertador suene. Ha soñado con la casa de los abuelos, con su madre y con sus primos. Ha sido como pasear por un álbum de fotos convertido en un pesebre viviente. Un regalo de nuestro señor, una señal de que está haciendo lo correcto. Sin mirarse, se viste, se peina, se perfuma con Lavanda y sale a la calle.
Hay gente por todos lados. La mayoría, arreglados, con sus hijos, sus familias. Algunos llevan banderas de España, del espicopado, de Catalunya. Dolores, tiene ganas de llorar pero se las traga y sigue caminando ,despacito, hasta dónde la multitud se agolpa. Un centenar de policías le vigilan detrás de las vallas. Le parece exagerado. ¿Quién querría hacerle daño a alguien tan bueno? ¿A alguien que representa la bondad y la fe?
La calle está lista para que pase la comitiva con el papa móvil y ella: Dolores Camposanto, está lista para encontrarse con el papa Benedicto XIV. ¡Qué tonta ha sido Jacinta! ¡Se lo va a perder! Las cosas de repente, dejan de tener peso, las piernas, los riñones dejan de doler, la vejez ha desaparecido, y se siente joven y bella. El rumor de la gente anticipa la llegada del pontífice. Pasan aullando una docena de coches de policía y entre las sirenas , Dolores, recuerda como conoció a su marido y como se enamoró de él a primera vista; de su sonrisa, de sus galanterías... del helado de “tutti fruti” que comieron mientras él insistía en volverla a ver a menos que el suelo no aguantará sus pasos. Recuerda su primer beso, que le supo a caramelo de café. Recuerda sus sueños de novicia luchando contra su nuevo amor. Ilusa, joven e ingenua cayendo en lo que aún considera pecado. Y la boda y los remordimientos y como aquel hombre se convirtió en seco y distante. Pero también recuerda a su hija, a su preciosa hija... La primera vez que la vio parecía un angelito de aquellos de los cuadros de la iglesia. A lo lejos un coche blanco con una vitrina se acerca a toda velocidad. Ahora, su hija vive en el extranjero y la llama de vez en cuando. Ahora, su marido está muerto y enterrado. Dolores se coge con tanta fuerza como puede a su escapulario de rosas y el coche blindado, con el Papa Benedicto XIV en su interior, pasa frente suyo, como un soplo de viento, a toda velocidad. Y se esfuma de izquierda a derecha dentro de su cúpula móvil. A duras penas puede reconocer su cara y su gesto y se apodera de ella una profunda y callada decepción. ¡Ni tan siquiera le ha podido buscar la mirada…! La gente aplaude y vocifera pero Dolores da media vuelta y se aleja del camino. En su imaginación el papa le da la mano y ella le ofrece su escapulario de rosas y él le perdona sus pecados. Pero aquello no es real…¿Por qué todo ha sido tan rápido y veloz?

Los riñones vuelven a torturarla y se siente mareada, perdida, entre las miles de personas que ahora le parecen aterradoras, amenazantes. Deshace el camino de vuelta al hotel y llega mecánicamente hasta su habitación. Le han hecho la cama. Agotada, se sienta en el borde y aprieta con fuerza la ropa planchada. El dolor es insoportable. La soledad la envuelve por completo; se acuesta en la cama y llora. Llora como hacía siglos que no lloraba. Llora por la indiferencia del Papa, por los viejos tiempos, por su niñez, por los que ya no están pero sobretodo, por fin, llora por ella...

El aire fresco que entra por la ventana le devuelve la razón. Se seca las lágrimas con un pañuelo de seda. Se ha sacado un peso enorme de encima. La espalda la apuñala por detrás pero ya no le duele como antes. El dolor ha quedado en un segundo plano. De pronto piensa que por fin le ha ganado. Ha vencido a su propio nombre. Luego siente un profundo desprecio por todas las cosas de este mundo, menos por su amor verdadero, del que se enamoró cuando era una niña leyendo un libro en clase de catequesis. Ella le abandonó, le dio la espalda, pero ahora él está a su lado, sentado en el borde de la cama,le mira con bondad, le acaricia el pelo, la acompaña con dulces susurros que sólo ella comprende.... Las cosas de lejos son distintas, pero él la mira ahora de tan cerca… Y entonces, Dolores, toma una profunda decisión: Ya no saldrá nunca más de aquella habitación, se quedará allí, echada en la cama, como una niña, en la compañía de Jesús, para siempre.

lunes, 8 de noviembre de 2010

1001


Curiosamente, mientras escribo esto, Joy Division suenan en mi habitación.

A mi lado, alguien se ha dejado un libro de proporciones no humanas. Un tocho llamado "Los 1001 discos que tienes que escuchar antes de morir". El libro está escrito por dos valientes pedantes: un tipo llamado Robert Dimery con la colaboración de un tal Michael Lydon. Por supuesto, según la portada, críticos de profesión, sibaritas y auténticos expertos musicales. El empuje del título me parece un acierto. A parte de atreverse a tutear a todo el mundo, son capaces de apostar con la muerte que su criterio es infalible. Es una pena que ambos autores sean unos farsantes. Ni Robert ni Michael han escuchado todos los discos sobre los que hablan y aconsejan sin piedad. Porque, evidentemente, si Robert y Michael hubieran escuchado todos los discos que hay que escuchar antes de morir, los 1001, con todas sus canciones, ahora ellos estarían muertos y enterrados. Lógico. Un vistazo rápido a la Wikipedia les desenmascara para siempre.

Lo sé. Hay más libros: "Los 1001 cuadros que tienes que ver antes de morir". "Las 1001 películas que tienes que ver antes de morir". Y mi preferido : "Los 1001 viajes que tienes que hacer antes de morir". Libros mortuorios, embrujados y fúnebres.
Imaginemos que quiero hacerles caso a todos para así poder morir tranquilo. Tengo que organizarme. Tengo que viajar, diariamente, por una ruta estudiada a la perfección, que tenga en cuenta los museos dónde hay que ver los cuadros que una persona viva no puede permitirse no ver. Por la noche, en los hoteles, o mientras viajo, leo los libros recomendados y miro las películas en un portátil y por si fuera poco, no me separo nunca de mi i-pod con toda la música indispensable. En 2-3 años calculo que habré leído, escuchado y visto todo lo que hay que ver, escuchar y leer según los "gurús del 1001" y por lo tanto, podré morir tranquilo pleno de cultura y lleno de gozo por haber aprovechado mi vida con todo su esplendor y grandeza. Así de fácil.

Sinceramente, yo creo que habría que destilar un poco más las listas de cosas que hay que hacer antes de morir. 1001 son muchísimas. Habría que esforzarse a escribir obras mucho más arriesgadas, como ¨Los 101 discos que hay que escuchar antes de morir" o, porque no atreverse con "Los 25 discos que hay que escuchar antes de morir". Y finalmente, por supuesto, alguien tendría que atreverse a escribir el libro más perturbardor que jamás se ha escrito sobre la música. Se llamaría: “El único disco que tienes que escuchar antes de morir”. Curiosamente Joy Division siguen sonando en mi habitación...



viernes, 29 de octubre de 2010

Xtreme Love-Hard Cuore-XXX Rated


Obsesión. El médico ha sido clarísimo con su diagnóstico: obsesión obsesiva grave. Un par de gotas diarias de Rivotril 20mg (anti-epiléptico), mucho reposo y algunos ejercicios de relajación me ayudarán a superarlo.

Llegó a casa pero no sé que hacer. La pornografía: prohibida, las drogas:prohibidas, el alcohol: prohibido. Me quedan pocas cosas, leer un libro, ver una película, lavar los platos, comer una manzana… Me siento engañado por la vida y me hundo hasta el fondo de mi sofá, a la altura de las bolitas de pelusa y las monedas perdidas. Cierro los ojos temiendo que en cualquier momento empiece otra crisis.

Al cabo de unos pocos minutos soy atacado por mi obsesión: la imagen abierta, voluptuosa y encarnada de tu vagina.
Corro a la cocina y ingiero 7 o 8 gotas directamente del bote de Rivotril . "Nunca ingiera directamente de la botella" rezan las instrucciones. Su sabor dulce me tranquiliza. Apoyo la cabeza en el mármol e intentó relajarme. Oigo a mi psiquiatra sermonearme. "Tiene que cambiar sus imágenes por otras más tranquilizantes": Uno, dos, tres… Prados verdes, montañas nevadas, paisajes abiertos , tu monte de Venus, rasurado triangular que corona la vulva abierta, desafiante y prometedora de tu vagin.... Me golpeo en la cabeza, grito y huyo por toda la casa pero mi locura me lleva ventaja. Desmonto el dosificador del Rivotril y consumo a chorro, de un trago, la mitad del frasco. Tengo que acabar con esta locura sexual.... Poner orden en mi cabeza… alejar los pensamientos….Pongo música clásica y me tiro sobre la alfombra. Uno, dos tres…prados verdes, césped recién cortado, flores, nubes y cielos azules... La sobredosis de medicina empieza a calmarme, las piernas me flojean y mi columna vertebral se convierte en gelatina temblorosa. Estoy tan desesperado que me pongo a rezar. Cuando era un niño mi abuela conseguía dormirme haciéndome rezar. Ave María, llenas sois de gracias, bendito sea tu fruto, bendito tu vientre,bendito tu... sexo María. Me muerdo la lengua hasta que sangra. Tus pequeñas manos abren con delicadeza tu rendija y me invitas a entrar y a poseer la calentura de tu sexo. Puedo ver, con todo detalle, el brillo húmedo de tu piel, la tensión sexual, concentrada en tu clítoris, palpitando al ritmo acelerado de tu corazón. La imagen mental se hace cada vez más y más nítida, es casi real. Saco mi lengua y empiezo a lamer el dulce y a la vez salado interior. Revoloteo por todos los recovecos, pliegues, y secretos, mientras muerdo, chupo y te lamo. Mis labios contra tus labios, tu sexo en mi boca… Inyectados en sangre, abro los ojos y maldigo mi suerte. Estoy en el suelo con la lengua fuera, los pantalones bajados y me masturbo con tanta fuerza que sólo obtengo dolor.

Entre zancadillas y flashes mentales, llego a gatas hasta la ducha. Mojado, vestido, mi cabeza sigue enseñándome imágenes de tu coñito, veo una versión sin depilar y otra despejada como la mejilla de una adolescente. El agua helada duele en mi cabeza. "Insisto. Tiene que cambiar sus imágenes por otras más tranquilizantes" . ¡No puedo doctor! ¡No puedo!!. ¡¡NO PUEDO!! Uno, dos, tres… Prados verdes, galaxias lejanas, un atardecer en la estepa, burbujas de jabón, un payaso con una flor, bollitos recién horneados, un café humeante, ropa tendida en un día de verano, un velero en el mar azul... y tu coño. Me rindo. ¡Sí a la mierda! ¡Bendita obsesión! ¡Qué más da! ¡Pienso en tu sexo! Sí, lo digo claro y alto. ¡SÍ! ¡EN TU COÑO!. Tu coño hermoso y sagrado que ahora, desde que te fuiste, solo puedo tener dentro de mi cabeza.

Ilustración: Peter Ink

viernes, 22 de octubre de 2010

M.

En el país de la bombonas de butano, la chispa es la reina.
Un bombón es sólo el ritmo que marca el corazón.
los Reyes Magos les dijeron a sus hijos que los Reyes no existen
y en el centro de la tierra sólo hay una bola de chicle de fresa.
Los viernes, los pingüinos quieren llevar ropa de esport
mientras las morsas piden un sindicato de bigotes.

En cambio yo llego tarde a mi propio entierro porque,
algunas cosas no las comprendo hasta que me muero.

Y sigo con mis siete vidas, prescindiendo del gato.
y requetepierdo el tiempo arreglando mi reloj
Y si alguna vez te extraño, las siguiente te normalizo,
son las cosas del destino que no llega a ningún sitio.
Por eso lo tengo claro, o en eso creo.
Y he dejado de mirar debajo la tapa de un yogur
y ahora me da por cantar con la boca llena de chinchetas
la típica canción de amor, en la que salimos tu y yo,
y un do menor sostenido y tristón...

Saber

Creo que por fin soy lo suficiente experto en el tema para decir que ya no sé nada de nada sobre él.