miércoles, 30 de septiembre de 2009
Diario de un zumbado
Hoy he puesto Coca-Cola Zero en mi motocicleta y me he bebido 3 litros de gasolina. En el taller me han dicho que lo mío no tenía solución.
jueves, 24 de septiembre de 2009
La cucharilla. (Microrelato Romántico 3)

Tras cinco años de relación Carlos y Ana se separan. Ella quiere cambiarle y él no la escucha. Después de millones de discusiones, reproches y numeritos, un día se dan cuenta que no quieren estar más tiempo juntos. Él se va a vivir a un apartamento y ella se queda con la casa.
Para Carlos lo peor son las noches. Está acostumbrado, incluso después de alguna tremenda discusión, a dormir pegado a ella, abrazarse a su espalda como una lapa, encajarse contra su mullido trasero y trenzar sus piernas con las de su mujer, quedando tan juntos como dos cucharillas de café guardadas una dentro de la otra. Asi, protegidos, a salvo del abismo, dormir cómo dos náufragos cogidos a una boya en un mar tormentoso...
Pero ahora está solo. Tiene miedo. El nuevo apartamento hace ruidos extraños, la noche se presenta negra, solitaria, llena de peligros y pesadillas y anhela con todas sus fuerzas la salvación del calor humano.
Está tentado de llamar a su mujer. Suplicarle simplemente que duerman juntos. Sin sexo, sin conversaciones, sin nada de nada... sólo un abrazo en cucharilla.
Por la mañana, Carlos, deambula por la lluviosa ciudad. Perdido, entra en unos grandes almacenes dónde uno siempre puede encontrar el consuelo de cualquier mal. Carlos pasea por la sección de regalos. Algo le llama la atención. Se anuncia con un expositor de colores: "Cucharilla Pilow". ¡No puede ser! Una almohada en forma de mujer o de hombre que sirve para dormir como si estuvieras pegado a la espalda de alguien. ¡Qué horror! ¿Quién es el desgraciado que se compraría semejante barbaridad?
- Hola, ¿Le puedo ayudar? - Le dice un empleado de sonrisa perpetua y corbata almidonada. - No, sólo estaba mirando....- Contesta Carlos avergonzado de hablar con alguien al lado de un producto tan humillante. El vendedor insiste:- Fíjese, directamente del Japón, una maravilla. Tiene el tacto de una mujer, es moldeable y sale tirada de precio. - Carlos le interrumpe: - Perdone pero no estoy interesado en... en.... esta salvajada...- El dependiente no se da por vencido:- No se confunda. No es una muñeca hinchable. No es un juguete erótico. Es simplemente el compañero ideal de las noches solitarias. Se puede plegar y se puede llevar de viaje e incluso se puede compartir. Sí, por fin el que da la espalda también tiene una espalda dónde agarrarse. -
Carlos se marcha indignado - ¡Por favor! -
Fuera en la calle sigue lloviendo; para Carlos es sólo una representación mental de su estado de ánimo, por eso no lleva paraguas. Cuando llega a casa está empapado de tristeza. Carlos se mete en la cama en posición fetal y se agarra con fuerza contra su almohada. Llora. ¡La echa tanto de menos! Decide llamarla, contarle todo lo que siente. Al sexto tono ella le contesta: - ¿Diga?- su voz le recuerda la cruda realidad, todo lo que les ha separado: Los gritos, los reproches, el mal humor, las discusiones.... Carlos, sin decir nada cuelga. En la ducha el agua congelada despeja su cabeza. Esta claro. En realidad no la echa de menos... lo único que echa de menos es dormir en cucharilla. Son las tres de la madrugada...
A las nueve de la mañana el día no ha levantado sus colores por culpa de la tormenta. Carlos , sin haber dormido, llega al centro comercial y compra la almohada en forma de chica. El dependiente le sonríe engreído pero Carlos se traga su orgullo. Cuando se marcha oye como el comerciante le grita: -¡Se acabó aguantar a alguien que no te gusta para no dormir solo! - Carlos se gira indignado y el dependiente le sonríe diabólicamente.
Por la calle la gente le mira entrometida mientras Carlos se apura en tapar las fotografías que delatan el contenido inconfesable de la caja, una enorme caja que contiene el consuelo, y la salvación....
Una vez en casa, Carlos se desviste, prepara la cama, baja las persianas, saca la almohada de su envoltorio y sin mirarla (para no romper el hechizo) se acuesta con ella.
El producto es de calidad. La almohada tiene un tacto suave, cálido como de piel humana, sus articulaciones son casi reales. Carlos se enreda por detrás y se aprieta con fuerza. En el exterior la lluvia cesa, un rayo de sol se filtra entre las nubes y se cuela por las rendijas de la persiana pero Carlos ya duerme plácidamente cómo si acabara de nacer.
A varias manzanas de allí, la misma luz despierta a Ana , la ex-mujer de Carlos, que se levanta y guarda en el armario una versión masculina de la almohada humana con la que ahora puede dormir tranquila y sola.
Para Sarita, para celebrar que todo ha salido bien.
Para Carlos lo peor son las noches. Está acostumbrado, incluso después de alguna tremenda discusión, a dormir pegado a ella, abrazarse a su espalda como una lapa, encajarse contra su mullido trasero y trenzar sus piernas con las de su mujer, quedando tan juntos como dos cucharillas de café guardadas una dentro de la otra. Asi, protegidos, a salvo del abismo, dormir cómo dos náufragos cogidos a una boya en un mar tormentoso...
Pero ahora está solo. Tiene miedo. El nuevo apartamento hace ruidos extraños, la noche se presenta negra, solitaria, llena de peligros y pesadillas y anhela con todas sus fuerzas la salvación del calor humano.
Está tentado de llamar a su mujer. Suplicarle simplemente que duerman juntos. Sin sexo, sin conversaciones, sin nada de nada... sólo un abrazo en cucharilla.
Por la mañana, Carlos, deambula por la lluviosa ciudad. Perdido, entra en unos grandes almacenes dónde uno siempre puede encontrar el consuelo de cualquier mal. Carlos pasea por la sección de regalos. Algo le llama la atención. Se anuncia con un expositor de colores: "Cucharilla Pilow". ¡No puede ser! Una almohada en forma de mujer o de hombre que sirve para dormir como si estuvieras pegado a la espalda de alguien. ¡Qué horror! ¿Quién es el desgraciado que se compraría semejante barbaridad?
- Hola, ¿Le puedo ayudar? - Le dice un empleado de sonrisa perpetua y corbata almidonada. - No, sólo estaba mirando....- Contesta Carlos avergonzado de hablar con alguien al lado de un producto tan humillante. El vendedor insiste:- Fíjese, directamente del Japón, una maravilla. Tiene el tacto de una mujer, es moldeable y sale tirada de precio. - Carlos le interrumpe: - Perdone pero no estoy interesado en... en.... esta salvajada...- El dependiente no se da por vencido:- No se confunda. No es una muñeca hinchable. No es un juguete erótico. Es simplemente el compañero ideal de las noches solitarias. Se puede plegar y se puede llevar de viaje e incluso se puede compartir. Sí, por fin el que da la espalda también tiene una espalda dónde agarrarse. -
Carlos se marcha indignado - ¡Por favor! -
Fuera en la calle sigue lloviendo; para Carlos es sólo una representación mental de su estado de ánimo, por eso no lleva paraguas. Cuando llega a casa está empapado de tristeza. Carlos se mete en la cama en posición fetal y se agarra con fuerza contra su almohada. Llora. ¡La echa tanto de menos! Decide llamarla, contarle todo lo que siente. Al sexto tono ella le contesta: - ¿Diga?- su voz le recuerda la cruda realidad, todo lo que les ha separado: Los gritos, los reproches, el mal humor, las discusiones.... Carlos, sin decir nada cuelga. En la ducha el agua congelada despeja su cabeza. Esta claro. En realidad no la echa de menos... lo único que echa de menos es dormir en cucharilla. Son las tres de la madrugada...
A las nueve de la mañana el día no ha levantado sus colores por culpa de la tormenta. Carlos , sin haber dormido, llega al centro comercial y compra la almohada en forma de chica. El dependiente le sonríe engreído pero Carlos se traga su orgullo. Cuando se marcha oye como el comerciante le grita: -¡Se acabó aguantar a alguien que no te gusta para no dormir solo! - Carlos se gira indignado y el dependiente le sonríe diabólicamente.
Por la calle la gente le mira entrometida mientras Carlos se apura en tapar las fotografías que delatan el contenido inconfesable de la caja, una enorme caja que contiene el consuelo, y la salvación....
Una vez en casa, Carlos se desviste, prepara la cama, baja las persianas, saca la almohada de su envoltorio y sin mirarla (para no romper el hechizo) se acuesta con ella.
El producto es de calidad. La almohada tiene un tacto suave, cálido como de piel humana, sus articulaciones son casi reales. Carlos se enreda por detrás y se aprieta con fuerza. En el exterior la lluvia cesa, un rayo de sol se filtra entre las nubes y se cuela por las rendijas de la persiana pero Carlos ya duerme plácidamente cómo si acabara de nacer.
A varias manzanas de allí, la misma luz despierta a Ana , la ex-mujer de Carlos, que se levanta y guarda en el armario una versión masculina de la almohada humana con la que ahora puede dormir tranquila y sola.
Para Sarita, para celebrar que todo ha salido bien.
domingo, 13 de septiembre de 2009
Una mañana difícil. (microrelatos imposibles I )
Carlos Campos llega a la oficina quince minutos tarde con un aspecto terrible. El Jefe, indignado, requiere su presencia. Carlos acude a su despacho totalmente despeinado, con su traje arrugado y la corbata sin anudar... - Tome asiento - le dice el jefe y acto seguido empieza su discurso: - Sr. Campos, esto no puede ser. En esta empresa la puntualidad es un valor que tenemos muy en cuenta. Su aspecto deja mucho que desear. Espero que esta falta tan grave no se repita.... -
Carlos le interrumpe con un gruñido. Su Jefe le mira extrañado. Repentinamente Carlos sufre un brusco espasmo que casi le tira de la silla. - ¿Se... se encuentra usted bien? - le pregunta el Jefe asustado. Carlos no puede contestar, su garganta está bloqueada y no puede respirar pero utilizando gestos le dice a su jefe que se encuentra de maravilla; este carraspea y se dispone a seguir sin darle más importancia: - Pues lo que le decía, en esta empresa... - El siguiente espasmo de Carlos es todavía más fuerte y difícil de disimular. Carlos golpea la mesa con sus piernas y hace caer algunos objetos, un marco con la foto de la esposa del jefe, un pisapapeles con el "logo" de la empresa, un "souvenir" de la torre de Pisa... La cosa se esta yendo de madre y a Carlos le sobreviene una arcada que le deja unos eternos segundo con la boca abierta. El jefe pulsa un botón de la mesa y habla a un intercomunicador: - Teresa, puedes traer agua, es urgente.- Carlos se repone y pide excusas asfixiado. - ¿De verdad se encuentra usted mejor?- Carlos, rojo como un tomate asiente con la cabeza. Teresa la secretaria entra con una bandeja con una jarra de agua y algunos vasos. Cuando se dispone a dejarlos en la mesa, Carlos se levanta de golpe y se golpea con ella. La bandeja cae al suelo, la jarra y los vasos se rompen estrepitosamente. Carlos se apoya en la pared y con gran esfuerzo empieza a vomitar algo sólido. Su boca se abre espantosamente para dejar paso a algo enorme que sale de su cuerpo. La secretaria, asidua amante del jefe, se agarra a la espalda del jefe que la protege con su cuerpo. Carlos, entre jadeos y regurgitaciones arroja fuera de si un enorme trozo esponjoso lleno de babas. Sin aliento, Carlos se desliza por la pared hasta quedarse en el suelo agotado y avergonzado. Cuando el jefe y la secretaria se acercan a la extraña forma que Carlos ha vomitado , descubren atónitos que se trata de una almohada individual, seguramente del Ikea, con su funda de color beige y su blonda azul marino. Carlos les mira desde el suelo con los ojos llorosos y la cara enrojecida por el esfuerzo. Arrepentido y con un hilillo de voz logra decirles: "Intenté no llegar tarde.... pero fue imposible."
Inspirado en un fragmento de un guión (que no tiene nada que ver) escrito por Sergio Sánchez y J.A.Bayona.
Carlos le interrumpe con un gruñido. Su Jefe le mira extrañado. Repentinamente Carlos sufre un brusco espasmo que casi le tira de la silla. - ¿Se... se encuentra usted bien? - le pregunta el Jefe asustado. Carlos no puede contestar, su garganta está bloqueada y no puede respirar pero utilizando gestos le dice a su jefe que se encuentra de maravilla; este carraspea y se dispone a seguir sin darle más importancia: - Pues lo que le decía, en esta empresa... - El siguiente espasmo de Carlos es todavía más fuerte y difícil de disimular. Carlos golpea la mesa con sus piernas y hace caer algunos objetos, un marco con la foto de la esposa del jefe, un pisapapeles con el "logo" de la empresa, un "souvenir" de la torre de Pisa... La cosa se esta yendo de madre y a Carlos le sobreviene una arcada que le deja unos eternos segundo con la boca abierta. El jefe pulsa un botón de la mesa y habla a un intercomunicador: - Teresa, puedes traer agua, es urgente.- Carlos se repone y pide excusas asfixiado. - ¿De verdad se encuentra usted mejor?- Carlos, rojo como un tomate asiente con la cabeza. Teresa la secretaria entra con una bandeja con una jarra de agua y algunos vasos. Cuando se dispone a dejarlos en la mesa, Carlos se levanta de golpe y se golpea con ella. La bandeja cae al suelo, la jarra y los vasos se rompen estrepitosamente. Carlos se apoya en la pared y con gran esfuerzo empieza a vomitar algo sólido. Su boca se abre espantosamente para dejar paso a algo enorme que sale de su cuerpo. La secretaria, asidua amante del jefe, se agarra a la espalda del jefe que la protege con su cuerpo. Carlos, entre jadeos y regurgitaciones arroja fuera de si un enorme trozo esponjoso lleno de babas. Sin aliento, Carlos se desliza por la pared hasta quedarse en el suelo agotado y avergonzado. Cuando el jefe y la secretaria se acercan a la extraña forma que Carlos ha vomitado , descubren atónitos que se trata de una almohada individual, seguramente del Ikea, con su funda de color beige y su blonda azul marino. Carlos les mira desde el suelo con los ojos llorosos y la cara enrojecida por el esfuerzo. Arrepentido y con un hilillo de voz logra decirles: "Intenté no llegar tarde.... pero fue imposible."
Inspirado en un fragmento de un guión (que no tiene nada que ver) escrito por Sergio Sánchez y J.A.Bayona.
sábado, 5 de septiembre de 2009
Faces
Es fácil. Pones aceite en una paella y enciendes el fuego. Te embadurnas la cara con harina, preferiblemente harina de galleta mezclada con huevo. Luego pones la cara en la paella durante unos minutos hasta que quede doradita. ¡Alehop! Eres el hombre croqueta. Las chicas se vuelven locas. Te encuentra atractivo, cool y crujiente. Todas quieren pasar la vida contigo. Algunas incluso te quieren comer la cara. Si eso ocurre, tu calavera se queda a la vista. Pero eso también mola mazo. A todo el mundo le gustan las calaveras. Ahora tu cara combina como nunca con una chaqueta de cuero negro. En las discotecas, la luz de neón resalta el fósforo de tu cráneo y nadie se atreve a llevarte la contraria. Puede que a tu padres no les guste tu nuevo look, seguro que han leído cosas muy malas sobre las calaveras, pero para ello puedes enrollarte una venda de farmacia, conjuntarla con unas bonitas ray-ban polarizadas y hablarles de un injusto accidente con un conductor borracho que se echó encima tuyo a 200km por hora. Puede que se apiaden de ti y te paguen una operación para que un médico alcohólico te injerte una careta de Mickey Mouse que te servirá para encontrar trabajo en fiestas de cumpleaños infantiles o en orgías con gente de la clase más alta de tu ciudad. No obstante, puede que a tu novia no le guste fornicar con un ratón antropomórfico y entonces tendrás que cortar con ella y buscar una chica que te quiera tal y como eres (ahora) sino siempre puedes optar por la cirugía estética para que te pongan la cara de Goofy. Ya sabes, a las chicas les vuelve locas, casi más que cuando llevabas el look croqueta.
jueves, 27 de agosto de 2009
Microrelato romántico teatralizado. Acto 1. Tomeo y Violeta.

Acto 1. Se abre el telón. Noche. Balcón de la bella Violeta. En la ventana hay una tenue luz. Tomeo aparece por detrás de un matorrales dónde se hallaba escondido.
TOMEO: (dirigiéndose al público) ¡Joder! ¡Me cago en la puta! ¡Cómo me aprietan las mallas de los cojones! Esto me pasa por seguir la maldita moda Florenciana. ¡Y qué bochorno de noche! ¡Vaya calorazo! Y Violeta como siempre, haciéndose esperar. Venga a meterse polvos y polvos en la cara. Los polvos me los tendría que meter a mí, ¡Joder! ¡Si es que lleva más de una hora esperando aquí, como un "tontolaba". A ver... (susurrando)¡Violeta! ¿Mi amor?
VIOLETA: (desde el foro y susurrando) Ya voy amado mío....
TOMEO: (dirigiéndose al publico) ¡Joder! ¡¡Qué tardona! ¡La muy perra! Si es que esto es una cagada de órdago. Voy a pillar seguro. Esto me pasa porque me flipa todo lo prohibido. Basta que me digan que una cosa no se puede tocar que !ZAS! pierdo el culo por tocarla. Si es que soy un puto caso. ¡Esto va acabar fatal! Lo veo venir... Si se entera mi viejo que me intento cepillar a la hija de un Frasuleto.... se arma la de Dios.... me arranca los cojones de cuajo... con lo que le fastidian los Frasuleto... ¡Ay!.... (silencio reflexivo, se oye un buho a lo lejos) ¡Pero es que está como un queso la muy guarra! ¡Esas tetazas y ese culo y la boca de comer pollas que flipas! Tiene pinta de chuparla de "lux". ¡Joder! ¡Qué calor! Putas mallas...
Voy a insistir. (susurrando) ¡Violeta...!
VIOLETA: (desde el foro y en voz baja) Ya voy mi amor....
TOMEO: ¡Qué paciencia hay que tener! Dios. Pero está noche me la follo. Lo juro por lo más sagrado. Me la follo fijo. (Se pone a cantar y a bailar obscenamente) "One, two, three, four, uno, dos, tres, cuatro... I know you want me..."
Violeta sale al balcón. Tomeo calla, le saluda con un gesto cortes y sube por la enredadera para quedarse cerca de Violeta.
TOMEO: ¡Oh! Bella doncella, qué alegría palpita en mi corazón. Vuestra presencia ilumina esta noche sin luna.
VIOLETA: Disculpad mi retraso. ¿No os habré hecho esperar....?
TOMEO: ¿Esperar? Podría esperar la vida entera si al final, la recompensa fuera contemplar vuestro rostro un segundo nada más.
VIOLETA: ¡Oh! ¡Encendéis mis mejillas con palabras tan generosas!
TOMEO: Generosa es vuestra belleza... que hace desfilar los tambores que suenan en mi corazón...
VIOLETA: (le interrumpe) ¡Oh!¡ Mi padre.... esconderos!
Tomeo baja por la enredadera y Violeta vuelve a entrar en su estancia.
TOMEO: (contraído) ¡Me cago en Satanás! ¡Puto padre de los cojones! ¡Esto es un coñazo! Pero... mira que esta buena la cabrona. Para mojar pan. Le comía todo ahora mismo.
VIOLETA: (apareciendo en el balcón) Mi amor.... tenéis que iros... ¿quedamos mañana a la misma hora?
TOMEO: (vuelve a subir la enredadera y habla casi sin aliento) Vivir sin ti es como estar muerto, así que dejo en tus labios mi vida que mañana volveré a buscar.
(Tomeo besa dulcemente a Violeta)
VIOLETA: Oh.... sois tan atento...vuestros besos son anzuelos en mi corazón.... (Violeta desaparece)
Tomeo vuelve a bajar la enredadera.
TOMEO: ¡Qué putada! Venga arriba y abajo... ¡Joder! Bueno..... "anzuelos en mi corazón", "mejillas sonrosadas".... Mañana si no está su puto padre.... follo seguro. La tengo en el bote, coño, eso está claro. (Relamiendose) ¡Joder!Tiene una pinta de ser anal que lo flipas.
Tomeo desaparece por el lateral.
Al cabo de un rato, en el balcón aparece de nuevo la bella Violeta. Se queda un rato con la mirada perdida. Suspira y dice:
VIOLETA: ¡Joder! ¡Qué bueno está el hijo de puta! ¡Vaya culazo! ¡Y vaya paquetazo que marca el cabronazo con esas mallas tan ajustadas! ¡Joder, que cachonda me pone!
Violeta suspira de nuevo y vuelve a entrar.
Se baja el telón.
Fin.
microrelato dedicado a la "bonica" María Magdalena.
TOMEO: (dirigiéndose al público) ¡Joder! ¡Me cago en la puta! ¡Cómo me aprietan las mallas de los cojones! Esto me pasa por seguir la maldita moda Florenciana. ¡Y qué bochorno de noche! ¡Vaya calorazo! Y Violeta como siempre, haciéndose esperar. Venga a meterse polvos y polvos en la cara. Los polvos me los tendría que meter a mí, ¡Joder! ¡Si es que lleva más de una hora esperando aquí, como un "tontolaba". A ver... (susurrando)¡Violeta! ¿Mi amor?
VIOLETA: (desde el foro y susurrando) Ya voy amado mío....
TOMEO: (dirigiéndose al publico) ¡Joder! ¡¡Qué tardona! ¡La muy perra! Si es que esto es una cagada de órdago. Voy a pillar seguro. Esto me pasa porque me flipa todo lo prohibido. Basta que me digan que una cosa no se puede tocar que !ZAS! pierdo el culo por tocarla. Si es que soy un puto caso. ¡Esto va acabar fatal! Lo veo venir... Si se entera mi viejo que me intento cepillar a la hija de un Frasuleto.... se arma la de Dios.... me arranca los cojones de cuajo... con lo que le fastidian los Frasuleto... ¡Ay!.... (silencio reflexivo, se oye un buho a lo lejos) ¡Pero es que está como un queso la muy guarra! ¡Esas tetazas y ese culo y la boca de comer pollas que flipas! Tiene pinta de chuparla de "lux". ¡Joder! ¡Qué calor! Putas mallas...
Voy a insistir. (susurrando) ¡Violeta...!
VIOLETA: (desde el foro y en voz baja) Ya voy mi amor....
TOMEO: ¡Qué paciencia hay que tener! Dios. Pero está noche me la follo. Lo juro por lo más sagrado. Me la follo fijo. (Se pone a cantar y a bailar obscenamente) "One, two, three, four, uno, dos, tres, cuatro... I know you want me..."
Violeta sale al balcón. Tomeo calla, le saluda con un gesto cortes y sube por la enredadera para quedarse cerca de Violeta.
TOMEO: ¡Oh! Bella doncella, qué alegría palpita en mi corazón. Vuestra presencia ilumina esta noche sin luna.
VIOLETA: Disculpad mi retraso. ¿No os habré hecho esperar....?
TOMEO: ¿Esperar? Podría esperar la vida entera si al final, la recompensa fuera contemplar vuestro rostro un segundo nada más.
VIOLETA: ¡Oh! ¡Encendéis mis mejillas con palabras tan generosas!
TOMEO: Generosa es vuestra belleza... que hace desfilar los tambores que suenan en mi corazón...
VIOLETA: (le interrumpe) ¡Oh!¡ Mi padre.... esconderos!
Tomeo baja por la enredadera y Violeta vuelve a entrar en su estancia.
TOMEO: (contraído) ¡Me cago en Satanás! ¡Puto padre de los cojones! ¡Esto es un coñazo! Pero... mira que esta buena la cabrona. Para mojar pan. Le comía todo ahora mismo.
VIOLETA: (apareciendo en el balcón) Mi amor.... tenéis que iros... ¿quedamos mañana a la misma hora?
TOMEO: (vuelve a subir la enredadera y habla casi sin aliento) Vivir sin ti es como estar muerto, así que dejo en tus labios mi vida que mañana volveré a buscar.
(Tomeo besa dulcemente a Violeta)
VIOLETA: Oh.... sois tan atento...vuestros besos son anzuelos en mi corazón.... (Violeta desaparece)
Tomeo vuelve a bajar la enredadera.
TOMEO: ¡Qué putada! Venga arriba y abajo... ¡Joder! Bueno..... "anzuelos en mi corazón", "mejillas sonrosadas".... Mañana si no está su puto padre.... follo seguro. La tengo en el bote, coño, eso está claro. (Relamiendose) ¡Joder!Tiene una pinta de ser anal que lo flipas.
Tomeo desaparece por el lateral.
Al cabo de un rato, en el balcón aparece de nuevo la bella Violeta. Se queda un rato con la mirada perdida. Suspira y dice:
VIOLETA: ¡Joder! ¡Qué bueno está el hijo de puta! ¡Vaya culazo! ¡Y vaya paquetazo que marca el cabronazo con esas mallas tan ajustadas! ¡Joder, que cachonda me pone!
Violeta suspira de nuevo y vuelve a entrar.
Se baja el telón.
Fin.
microrelato dedicado a la "bonica" María Magdalena.
miércoles, 26 de agosto de 2009
Diario de una polilla (fragmento)
(...)Luz. Más luz... Por favor, más luz. ¡Luz! ¡LUZ! ¡Necesito luz! ¡Argh!¡Ah! La luz... me encanta la luz. Más luz. Luz. Me muero sin ella. La necesito. La quiero. Un poco de luz, porfavor, si puede ser. Luz. Luz. Luz. Exijo luz, ¡Joder! Lo mejor es la luz. Así... ahora... ah.... ¡La luz es todo! Luz. ¡¡¡Más luz!!! ¡¡¡Luz!!! (...)
viernes, 21 de agosto de 2009
jueves, 13 de agosto de 2009
Lo más profundo

Después del esfuerzo
a veces siento que no siento nada.
Tu mirada es un arañazo que pica.
Y te das media vuelta para que hable con tu espalda.
La habitación navega por el calor de la tarde.
No es que no me sienta bien...
sólo siento no sentirme mejor
y poder levantar el vuelo para desaparecer
contigo
de este mundo tan cruel.
Igual tenemos que seguir repitiendo
el hecho fundamental de entrar en tu cuerpo.
Es extraño
pero sólo eso me hace sentir libre,
feliz
y a la vez triste.
¿Será porque al final
lo más profundo es la piel?
miércoles, 12 de agosto de 2009
La infelicidad
Llevaba trece días caminando. El frió y el cansancio empezaban a destrozarle. Se sintió perdido y absurdo en aquella aventura.Pensó en su mujer y en la casa dónde vivía. Se imaginó plácidamente sentado en su sofá leyendo la prensa con el televisor encendido.
Su precioso amor descansaba a su lado mientras en la cocina un pavo relleno con ciruelas se cocía a fuego lento. Se paro en medio de la tundra y dijo a sus adentros: -¡Basta! Tengo que volver a casa.¡ Se acabó vagar por el mundo!-
Cuando volvió a casa, la calefacción le irritaba las orejas. El televisor escupía publicidad y el periódico sólo hablaba de cosas que ocurrían en otro lugar. La casa olia a carne cocida con ciruelas. A su lado, su mujer le sonreía forzadamente para disimular el tremendo aburrimiento que compartían. Se quedo con los ojos perdidos en el ficus de plástico e imaginó la tundra, la libertad, la aventura, el enfrentamiento con la propia naturaleza. Se levantó de un solo gesto y dijo a sus adentros: "¡Basta! Tengo que irme de casa. Se acabó...¡Voy a vagar por el mundo!-
Llevaba trece días caminando...
Su precioso amor descansaba a su lado mientras en la cocina un pavo relleno con ciruelas se cocía a fuego lento. Se paro en medio de la tundra y dijo a sus adentros: -¡Basta! Tengo que volver a casa.¡ Se acabó vagar por el mundo!-
Cuando volvió a casa, la calefacción le irritaba las orejas. El televisor escupía publicidad y el periódico sólo hablaba de cosas que ocurrían en otro lugar. La casa olia a carne cocida con ciruelas. A su lado, su mujer le sonreía forzadamente para disimular el tremendo aburrimiento que compartían. Se quedo con los ojos perdidos en el ficus de plástico e imaginó la tundra, la libertad, la aventura, el enfrentamiento con la propia naturaleza. Se levantó de un solo gesto y dijo a sus adentros: "¡Basta! Tengo que irme de casa. Se acabó...¡Voy a vagar por el mundo!-
Llevaba trece días caminando...
martes, 4 de agosto de 2009
viernes, 24 de julio de 2009
Manual de técnicas sociales. Capítulo 1. La despedida a la Francesa.

Marcharse a la francesa. Una técnica ancestral que consiste en marcharse de una reunión social sin despedirse de nadie. El truco está en alejarse caminando hacía atrás como si usted caminara hacía adelante; una ramificación del famoso "moonwalking" que también sirve para colarse en las discotecas. El portero piensa que estas saliendo cuando en realidad estás entrando en el local. La gente piensa que llegamos a la reunión cuando en realidad la abandonamos con sigilo y disimulo.
Una vez que, gracias a la técnica "MichaelJacksoniana", uno se ha alejado lo suficiente del grupo, sólo queda parpadear tres veces seguidas a modo de despedida para así evitar el sentimiento de culpabilidad que a veces provoca la técnica gala.
Finalmente una media vuelta y la restauración del paso normal en dirección al hogar nos acercan definitivamente a la ansiada libertad social o soledad humana. Este es, en realidad, el momento más peligroso de la operación, pues es el momento en que alguien (normalmente un hambriento ser social sin escrúpulos) puede percatarse de que uno se esta yendo con ligereza gabacha y eso es un acto descarnadamente absurdo para los que viven en comunidad perpetua, alimentandose de "jajajas" ,"holaquetales" y "comovatodos". Dicho ser intentará por todos los medios que entremos en razón y sigamos compartiendo nuestra existencia en sociedad; sus estrategias son variadas: nos tratará de aburridos e insípidos para que le divirtamos gratuitamente, alegará que nuestra compañía es indispensable (lo cual puede ser cierto), recurrirá al chantaje emocional e incluso al chantaje con alcohol, narcóticos, sexo... Todo ello para hacernos cambiar de opinión. Es posible que al no tener del todo claras las virtudes de abandonar momentaneamente la vida social y por culpa de la flaqueza humana que define al hombre (y a la mujer), nos quedemos, en contra de nuestra voluntad, en un sitio dónde no nos queremos quedar.
Por lo tanto uno tiene que mirar por la nuca y por las orejas (lo que se llama científicamente una mirada de 360º o perimetral) y vigilar que nadie le vea escapar por el foro. En el nefasto caso de que alguien consiga interceptarnos, lo mejor es evitar dar explicaciones endebles sobre el motivo de nuestra huída, esconder totalmente nuestro airado propósito y regalar sin escatimas un "holaquetal", unos cuantos "jajajas" y un "comovatodo", con lo que conseguiremos que el famélico ser social quede gratamente saciado y nos deje marchar con cualquier excusa mecánica tipo cartera en el coche o visita al baño. Una vez abandonada la zona de influencia comunitaria uno puede sentir rápidamente las ventajas de la técnica francesa: ligereza abdominal, sensación de alivio prostático o cortical de los ovarios y una inmensa paz y libertad del ego. Lo que vulgarmente se llama un "que les den por el culo a todos."
miércoles, 22 de julio de 2009
Vuelo 8338 destino Madriz (microrelato romántico 2)
En el aeropuerto hay un chico y una chica que se besan en la boca y yo me acerco a ver si se meten la lengua; porque creo que cuando te besas de verdad hay que meter la lengua en la boca del otro. A mí me da asco pero también me dan ganas. El chico se ha dado cuenta de que estaba mirando y se ha enfadado y me ha llamado subnormal.Voy solo en el avión. Mi padre se despide muy preocupado. Cuando llegue a “Madriz” (me gusta decirlo con zeta) mi madre me espera en el otro aeropuerto. No entiendo por qué en el otro lado también ponen un aeropuerto. Eso lía mucho.
En el avión, una azafata (que es como se llaman aquí las chicas con la boca pintada de rojo) no deja que me siente al lado de la salida de emergencia porque se ve que está reservada para las personas normales y yo soy distinto. Me ha tocado sentarme al lado de una chica fea que viste un poco raro.
La azafata de la boca roja explica a todos como hinchar un flotador. Luego me obliga a ponerme un estúpido cinturón, luego el avión se mueve como un coche y por fin el avión se pone a volar. La ventanilla es muy pequeña y es un rollo porque no se puede abrir para que pase el aire, aún así puedo ver en realidad lo pequeño que es el mundo, las casas, las personas....
Volar es aburrido. Le pregunto a la chica fea porque viste raro y me cuenta que es “no vicia”. Le pregunto qué es “no vicia” y me contesta que es una aspirante a monja. No entiendo nada de nada. Le cuento que si dice muchas veces “monja” “monja” monja” al final uno dice “jamón”. La chica sonríe tapándose la boca y luego se pone a leer un libro dónde hay una foto de una señora con un niño en brazos. Le pregunto quién es y me dice que es la Virgen y el niño Jesús. A mí me gustaría besar en la boca a la “jamonja” y a la azafata y a la señora del libro pero me da vergüenza pedirlo porque ya sé que no querrán. Volar es aburrido.
De repente el avión pega un bote muy gordo y una azafata se cae por los suelos y le veo las braguitas. Son negras. El avión empieza a bajar a mucha velocidad y me da mucha impresión en el pecho y todo el mundo grita y las luces se apagan y se encienden. Una voz pide que no nos asustemos pero eso es muy difícil porque el avión se mueve mucho y es imposible no asustarse cuando la gente grita y se asusta mucho y encima hay una voz que te pide que no te asustes mucho.
Una señora dice: “¡Vamos a morir! ¡Vamos a morir!”. Y entonces me he dado cuenta de que vamos a morir porque el avión cae a toda velocidad y al final nos la pegaremos contra el suelo y tiene pinta de que vamos a explotar y nuestros cuerpos se harán pedacitos y eso tiene que doler bastante.
Ahora la voz dice algo que no se entiende y que empieza por “el capitán les asegura....”.
El avión baja tan rápido que tenemos la espalda pegada al asiento. El ruido es muy fuerte y se ha convertido en un pitido y me duelen muchísimo las orejas. Le digo a la chica que tengo miedo y ella saca un collar con una X y lo empieza a besar. Le pregunto si vamos a morir y me contesta que rece un “padrenuestro”. Quiere que repita lo que ella dice pero yo estoy muy nervioso. De repente me coge la mano. Las chicas no me cogen nunca la mano. Yo le cojo más fuerte. Y ella aprieta aún más.
Hay un tipo a mi lado que grita pero no se le oye. Otro come chocolatinas sin parar. Una señora ríe como si estuviera loca y le sale espuma por la boca. Y un hombre se mueve en su sillón como si estuviera electrocutado.
La “jamona” me mira fijamente, me acaricia la cara. Le digo que tengo miedo y ella me abraza. Nos abrazamos. Sus tetas se pegan contra mi cuerpo. El avión cae a toda velocidad pero yo soy feliz. Muy feliz. Hay un montón de papeles y cosas volando por los aires y su boca está tan cerca. Tan cerca. Tan cerca... El avión sigue bajando. ¿Falta mucho para el suelo? Mi boca se acerca a la suya. De reojo veo por la ventanilla como el suelo se acerca. ¡El suelo se acerca! Vamos a explotar.
Le doy un beso.
¡Chuick! ¡Ya esta! ¡Ya lo he hecho! Ahora... ¡A morir! De repente, la luz del sol entra por las ventanillas y me deja ciego y tengo la sensación de flotar en el aire. Y entonces pasa lo que menos me esperaba: ella me devuelve el beso. Me abraza con tanta fuerza que creo que me va a romper, así que yo le cojo las tetas mientras la beso tanto como puedo. Es la bomba. Y entonces abro la boca y nuestras lenguas se tocan. Se acarician. Dan vueltas. ¡Uauuu! La luz blanca lo llena todo. Mis orejas sólo escuchan un pitido que cada vez es más suave...y si no fuera porque no paramos de mover las lenguas diría que ya estamos muertos.
El avión, justo antes de estrellarse, empieza a subir el morro. Aprieto mi boca contra la boca de la “no vicia” para que mi corazón no me explote. El avión toca suavemente el suelo. Luego frena con una fuerza bestial. Todo el mundo está muy callado. La luz vuelve a ser la de siempre y ella aparta su boca de la mía. Me mira asustada. Yo le sonrío. Ella deja de cogerme la mano. Yo le sonrío. Ella me acaricia la cara y yo le sonrío. ¡Estamos vivos! La gente grita y aplaude. No hemos explotado contra el suelo. ¡Qué guay!
La “no vicia” empieza a llorar. Yo no sé qué hacer. La consuelo, en mi regazo, como hace mi madre. La abrazo, le acaricio el pelo y le canto una canción sin letra al ritmo de sus lloros: - “Ahhh ahhh ohhhh ohhhhohhh ohhhhh uuuhhh”-. La pobre llora tan fuerte que a veces tengo que mirarla para darme cuenta de que no está vomitando.
Al cabo de un momento entra mucha gente vestida de naranja como de rotulador en el avión y nos sacan del avión a lo loco. Entre el follón, la “no vicia” que ahora parece más guapa me dice: ”gracias”, me da el collar con la “X” y desaparece sin dejar de mirarme... la gente hace fotos y mi madre está entre la gente, y me abraza con fuerza y sus tetas ya me las conozco y me alegro de verla...
Mi madre dice que es un milagro que esté vivo. Yo no sé muy bien lo que es un milagro pero he tenido mucha suerte de sentarme al lado de una chica muy guapa que me ha besado... y lo que yo decía... los besos de verdad son con lengua.
basado en un relato de Sara Alquézar y Henry Write.
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